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Otro ocaso de los ídolos (¿Trabajaba Terence McKenna para la CIA?)

Por: Federico Erostarbe - 10/17/2013

Más allá de que Terence McKenna haya o no trabajado para la CIA, esta revelación reciente nos muestra nuestra necesidad de figuras paternas que nos expliquen cómo funciona el mundo y la confianza en héroes que ni siquiera existen.

hangedTerence McKenna es uno de los héroes de la contracultura: su pensamiento lúcido y creativo está representado al cien por ciento en su voz, que ha sido inmortalizada en decenas de torrents que coleccionan sus conferencias, miles de videos subidos a YouTube y en cientas de canciones de psychedelic trance. Pero recientemente la psicodelia jugó una partida de poker, probablemente Texas Hold'em. En determinado momento, entre el humo de tabaco y marihuana y el aliento a cerveza, apostó todo lo que le quedaba encima. Cuando el dealer mostró las dos últimas cartas, supo que había perdido.

La primera carta era el arcano “El Ahorcado” (jugando poker con un mazo de Tarot, típico de la psicodelia) y tenía escrito, en cursiva, “hipócrita”. Ocurre que a principios de los 80s Terence McKenna, bajo los efectos de psylocibe cubensis, tuvo un mal viaje. Cualquiera que haya pasado por esa experiencia sabe lo difícil que resulta atravesarla exitosamente y lo devastadora que puede ser (en caso contrario). Muchas personas, después de tener un mal viaje (o una experiencia particularmente fuerte) deciden no volver a consumir un alucinógeno fuerte por el resto de sus días.

Y eso mismo es lo que hizo Terence McKenna, mientras predicaba a viva voz la revolución psicodélica. Mientras contaba entusiasmado sus encuentros con elfos-máquina de otras dimensiones e incitaba a más de una generación a abrir sus ojos y expandir la conciencia mediante los hongos mágicos y el DMT con ese optimismo tan radical y característico, él mismo no tomaba las sustancias, no vivía las experiencias transformadoras por miedo.

La segunda carta fue peor: la Torre. McKenna solía hablar de sus viajes por el sudeste asiático en lo que fue para él, una experiencia sumamente enriquecedora que lo preparó para La Chorrera. Uno de sus trabajos, durante ese tiempo, fue el contrabando de hashish, hasta que uno de sus cargamentos fue incautado por la Aduana de Estados Unidos. A partir de ese momento, Terence McKenna tuvo pedido de captura de la Interpol y el FBI (es importante recordar que en esa misma época, por un delito que suele tener una condena de 6 meses de prisión, Timothy Leary fue sentenciado a 37 años de prisión, pasando varios años en celdas aislado del resto de los presos "normales" y al lado de Charles Manson).

Si Terence McKenna cruzaba una frontera por los caminos oficiales y se encontraba a alguno de los incontables guardianes de la Torre, iba a terminar en una prisión y durante mucho tiempo —no había manera de que pudiera volver a Estados Unidos. Pero volvió, empezó a dar conferencias a favor del consumo de sustancias (algunas ilegales) y llegó a convertirse en uno de los héroes de la contracultura, pero ni siquiera la reciente biografía escrita por su hermano explica el salto abismal entre el McKenna fugitivo y el exitoso autor y conferencista.

Hace unas semanas se conoció un audio en el que McKenna parece reconocer haber sido contactado, en su peor momento sin dinero —escapando de la ley— por una agencia de inteligencia norteamericana, para quienes la "locuacidad" de McKenna podría ser beneficiosa. Inmediatamente estalló una guerra sin cuartel entre dos bandos: por un lado, quienes aclaraban que se trataba de nada más que un malentendido —cuando McKenna dijo que había sido contactado era por los extraterrestres y fueron los extraterrestres los que le ayudaron a volver a Estados Unidos.

Por el otro lado, mirando burlones, los cínicos de siempre, a los gritos de "vieron? vieron? su héroe trabajaba para la CIA". Tenemos, entonces, que Terence McKenna había dejado de tomar hongos y DMT a la par que promovía su uso sin hacer particular hincapié en los peligros de perder el control de la experiencia y que, bueno, cómo decirlo sin que suene mal, pero básicamente fue contratado por una agencia de inteligencia mientras era prófugo de la Justicia en el Sudeste asiático a cambio de que se levantaran los cargos y así pudiera volver a su país. Uno podría pensar que no había manera de que la psicodelia ganara la mano con estas cartas, pero también podría pensar otras cosas, como: "mientras más grande el hombre, más grande su sombra" o la frase que se les ocurra de todas las relacionadas a criticar a los demás en lugar mirar hacia adentro y preocuparse por los errores (o lo que sean) propios.

Lo cierto es que se han puesto en duda algunos aspectos de la vida de Terence McKenna que dicen algo muy importante: no tanto sobre él, sino sobre todos nosotros y nuestra necesidad de tener héroes, ídolos, personas a las que admiramos y que intentamos emular o criticar y también, agarrándolo de la cintura, o de donde podamos, traerlo de vuelta del pedestal al barro en el que nos gusta pensar que nos hundimos, con una vehemencia y una furia dignas de una película de acción de clase B de los años 80. Lo único que importa de lo que haya hecho o dejado de hacer Terence McKenna es cómo reaccionamos ante la sorpresiva noticia, cómo afecta a personas que a pesar de todo seguimos necesitando de figuras paternas que nos expliquen cómo funciona el mundo. Y si entendemos eso, que la figura de Terence McKenna sigue intacta, no es la psicodelia, ni nosotros, los que perdimos la mano sino los héroes, que ni siquiera existen.

Twitter del autor: @ferostabio