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Ríete: 8 consejos de Neil Gaiman para escritores

Por: pijamasurf - 04/08/2013

El narrador Neil Gaiman comparte sus reglas para el trabajo literario. La base, dice el autor, es la honestidad y, de cierto modo, el gozo.

cthulhugaimanCuando se trata de dar consejos sobre escritura, nunca faltan opciones. ¿Por qué deberíamos leer un decálogo más, en esta ocasión del narrador Neil Gaiman? Porque él mismo no se desentiende de lo espinoso que es asumir consejos de alguien: "Cuando se trata de consejos sólo tengo una regla: tómalos de alguien cuyos resultados finales te gustaría emular."

A partir de esta premisa compartimos 10 consejos del escritor:

1. Escribe.

2. Pon una palabra después de otra. Encuentra la palabra correcta, colócala.

3. Termina lo que estás escribiendo. No importa qué debas hacer para terminarlo, termínalo.

4. Déjalo a un lado. Léelo pretendiendo que nunca lo has leído antes. Muéstralo a amigos cuya opinión respetes y a los que les guste el tipo de cosa que esto es.

5. Recuerda: cuando la gente te diga que algo está mal o que no funciona para ellos, casi siempre están en lo correcto. Cuando te digan exactamente lo que piensan que está mal y cómo arreglarlo, casi siempre están en un error.

6. Arréglalo. Recuerda que, antes o después, antes de que alcance la perfección, tendrás que dejarlo ir y pasar a lo siguiente y comenzar a escribir la próxima cosa. La perfección es como perseguir el horizonte. Sigue moviéndote.

7. Ríete de tus propias bromas.

8. La regla principal de la escritura es que, si lo haces con suficiente seguridad y confianza, te está permitido hacer lo que tú quieras. (Esta podría ser una regla para la vida además de serlo para la escritura. Pero definitivamente es cierta para la escritura.) Así que escribe tu historia como necesite ser escrita. Escribe honestamente y cuéntala lo mejor que puedas. No estoy seguro de que existan otras reglas. Al menos no otras que importen.

[Guardian]

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Carreteras oníricas: la información que proveen los sueños puede convertirse en una herramienta crucial dentro de tu desarrollo personal.

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In dreams begin responsibilities.”

― W.B. Yeats

Pocas compañías más intrigantes a lo largo de la historia humana que el flujo de los sueños. Pendulares entre el día y la noche, pero ineludibles a nuestra conciencia. Nocturnamente protagónicos. Y portadores de información tan crucial como sensible. Lo anterior hace del factor onírico un pulso esencial para comprender la mente humana y, en particular, para acercarnos con éxito a la misión de conocernos a nosotros mismos. Pero ¿cómo transformar este etéreo coqueteo en una herramienta práctica para nutrir nuestra existencia?

Supongo que el primer paso es hacer conciencia sobre la importancia que tienen los sueños en nuestra vida reconocer su incidencia fáctica en nuestro desarrollo conciente y, sobretodo, su enorme relevancia informativa. Posteriormente resulta crucial recordar, en la mayor medida posible, lo que soñamos. Existen muchas personas que pocas veces recuerdan sus narrativas nocturnas. Para lograrlo, además de disponernos intencionalmente a ello, creo que también es bueno llevar una alimentación relativamente sana, y evitar el consumo exagerado de estimulantes, ya sea alcohol, marihuana o otros psicoactivos. Una vez que ponemos los sueños sobre la mesa de nuestra vida cotidiana, entonces podemos proceder a penetrar las mieles de esta familiarización.

En un plano neurológico y cognitivo, los sueños nos aportan múltiples beneficios, entre ellos ayudan a consolidar las memorias y a procesar información nueva. También incentivan la creatividad y han probado ser una herramienta fundamental para la solución de problemas (por cierto, la actividad más frecuente a la que dedicamos nuestra mente durante el día a día).

Tal vez las mayores virtudes de los sueños, desde la perspectiva del bienestar personal, tiene que ver con aspectos psicológicos, anímicos, y en general con nuestro desarrollo individual –tal vez a eso se refería el genial Yeats con la advertencia que cito al comienzo de este texto–. Si consideramos que el aforismo griego que invita “conócete a ti mismo” bien podría sintetizar nuestra respectiva misión en esta vida, entonces los sueños de convierten en una de las más preciadas herramientas existenciales que tenemos a nuestra disposición. A través de ellos, o mejor dicho de familiarizarnos con ellos, podemos comprender estados de ánimo aparentemente improbables, ubicar el origen de rasgos distintivos de nuestra personalidad –por ejemplo, nuestro miedo a una determinada situación o fenómeno–, y servirnos como guía al momento de tomar decisiones importantes a lo largo de nuestro camino personal.

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Desde un punto terapéutico los sueños nos confrontan con nuestro lado oscuro, aquellos bits de información biográfica que decidimos sepultar en el inconsciente –y en la medida que seamos capaces de reconstruir la totalidad de esa auto-narrativa, según Lacan, entonces podremos liberarnos de traumas, temores, y otros ingredientes poco benéficos. Además, los sueños constituyen una especie de walkie-talkie entre nuestra conciencia individual y el colectivo imaginario, el acervo de arquetipos a partir del cual la realidad sociocultural, y quizá también metafísica, se desdobla.   

En fin, espero haber incentivado tu interés para tratar de recordar y reflexionar en tus sueños. Honestamente creo que no hacerlo es un gran desperdicio a la hora de procurar el crecimiento personal, y en caso de no haberlo logrado, al menos te invito a cuestionarte, por pura diversión existencial, si en realidad estás despierto al momento de leer esto. ¿Tienes pruebas?

Para aquellos que les interese profundizar en el tema les recomiendo este “Recomendaciones para tener sueños lúcidos” así como esta selección bibliográfica en torno al arte de soñar. 

Twitter del autor: @paradoxeparadis