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Múltiples puntos de Morelos, México, incluidas las montañas sagradas de Tepoztlán, se encuentran asediados por incendios: fuegos provocados por la irresponsabilidad, la desidia, y la falta de prevención.

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Imagen: Germán Tjarks

El pasado jueves 11 de abril se registró un incendio en el cerro conocido como “Las Mariposas”, ubicado entre los municipios de Tlayacapan y Tepoztlán, en Morelos, México. Este ha sido uno de los fuegos más intensos registrados en la entidad: cuatro días después ya había acabado con 300 hectáreas del Corredor Biológico Chichinautzin.

Debido a la intensidad del fuego y lo accidentado del terreno donde se encuentra, la Secretaría de Desarrollo Sustentable del Gobierno del Estado de Morelos (SDS) decidió que se requería del apoyo de aproximadamente unos 200 brigadistas. Sin embargo esto no fue suficiente; los incendios continuaron expandiéndose y no fue sino hasta el 13 de abril que Topiltzin Contreras, Secretario de Desarrollo Sustentable Nueva Visión, tuiteó que se requeriría de apoyo aéreo y pidió la ayuda de la CONAFOR, CONANP y SEDENA: “Siguen los trabajos de combate de #incendiosforestales. Evaluamos el incendio en ‪#tlayacapan se requerirá apoyo aéreo ‪pic.twitter.com/6e3pvqMT3O”. (@TopiltzinCM)

 

El 14 de abril el helicóptero de la CONAFOR inició labores de reconocimiento en el incendio de Tlayacapan y trabajó sólo con el apoyo de brigadistas y voluntarios locales para apagar el incendio que ya llevaba 4 días devastando la zona. Este helicóptero puede llevar 1200 litros de agua por descarga. 

 

El 15 de abril se registraban 117 incendios en Morelos según un tuit de Graco Ramirez, Gobernador del Estado, y apenas empezaban a contemplar el apoyo de un segundo helicóptero de la CONAFOR , que para hoy a las 3 de la tarde no ha llegado aún: "Se registran en ‪#Morelos 117 incendios". Se gestiona el apoyo de otro helicóptero ‪@CONAFOR_Morelos” (‪@gracoramirez). 

Las comunidades locales llevan días organizando colectas de materiales para apoyar las labores de combate, e instalando comedores en las distintas localidades para los brigadistas y voluntarios. Es muy lindo presenciar esta unión comunitaria, siempre fortalecida en tiempos de desastres naturales y ver como se crea una red humana de apoyo incondicional, donde cada día se suman más voluntarios.   

Extrañamente se encuentra poca información en los medios de esta grave situación, y creo yo, mal manejo de la situación por parte de las instancias gubernamentales. El estado de Morelos es famoso por los incendios en estas temporadas y debería de haber un trabajo de prevención mucho más serio y efectivo, y ya que no todo se puede prevenir, la respuesta debería de ser mucho más energética, inmediata y contundente. 

Hoy se encuentran activos incendios en los siguientes municipios: Tepoztlán, Texcal, Tlayacapan, Tlanepantla, Cuernavaca y Tetela del Volcán –además, se anuncia que un nuevo incendio del Cerro del Hombre, Tepoztlán, fue provocado por 5 sujetos que se encuentran detenidos –como si hiciera falta ayudar a Xihutecuhtli (tambien conocido como Huehueteotl, Dios del Fuego). 

Las autoridades municipales de Tepoztlán hacen un llamado a la población de estar alertas en esta situación de incendios. También se recomienda a quienes viven en la falda de los cerros y requieran información o apoyo de algún tipo, llamen a los teléfonos 395-08-22 y 395-21-13

Y los que somos afortunados de vivir en estas montañas sagradas le rezamos a Tláloc, rogándole que se aparezca pronto a pesar de no se su temporada.

A continuación un texto de Raul Benet, coordinador Nacional de Operaciones del Programa TREES de Rainforest Alliance México, sobre la razón de tantos incendios en este legendario lugar.

 

POR QUÉ TANTOS INCENDIOS EN TEPOZTLÁN?

Año con año el fuego abrasa cientos de hectáreas dentro de las zonas protegidas del norte de Morelos, incluyendo el Parque Nacional del Tepozteco, el Corredor Biológico y la Zona de Protección del Tezcal. Con el calentamiento global esta situación empeora año con año. Estos incendios son combatidos de manera literalmente heroica por grupos cívicos, voluntarios, brigadistas municipales y de la Semarnat, y el ejército. En el combate se han perdido vidas de brigadistas voluntarios y miembros del ejército, además de haberse dañado severamente extensas zonas boscosas y de selva baja, con el consecuente daño a las poblaciones de especies que habitan esos lugares. 

Pero ¿por qué ocurren estos incendios con tanta frecuencia e intensidad, y por qué llegan a ser tan devastadores? ¿Cómo es que en las zonas dedicadas a la protección y a la conservación forestal ocurren tantos incendios?

Además del descuido o mala intención de personas que por diversos motivos provocan directamente los incendios, existen causas de fondo que es necesario considerar.  

Los Parques Nacionales persiguen el objetivo de preservar los bosques y otros ecosistemas, a partir de un modelo conservacionista heredado de modelos norteamericanos del siglo XIX. y principios del XX. Este modelo supone que si se mantienen intocados e intactos, los ecosistemas se conservan, mientras que si están sujetos a prácticas silvícolas y aprovechamiento forestal, se verán dañados. De tal manera que los parques nacionales prohíben el aprovechamiento comercial de especies maderables y no maderables. 

Tepoztlán es un Parque Nacional desde que fue decretado como tal en 1937 por el presidente Lázaro Cárdenas. Este decreto responde a una época en la que la producción de carbón (principalmente de encino) alcanzó volúmenes gigantescos y se realizó sin un plan de manejo que considerara la capacidad de recuperación del bosque. También surgió  como respuesta a una situación tensa y violenta que incluso devino en muertes entre quienes estaban a favor de producir y comercializar el carbón vegetal, y quienes buscaban proteger el bosque. Algunos años después, sin embargo, el gobierno aprobó el aprovechamiento maderable, entregando a la fábrica de papel de Loreto y Peña Pobre una concesión para extracción forestal. Esta concesión, que se otorgó violando el decreto de Parque Nacional, se ejerció sin el debido control y apego a un plan de manejo, y generó una sobre explotación forestal y un abuso en contra de la población de San Juan Tlacotenco y de Tepoztlán. Esta 'concesión' ilegal otorgada a la fábrica de papel fue revocada durante la década de mil novecientos sesenta como resultado de la oposición de la comunidad, y desde entonces no ha habido planes de aprovechamiento forestal. Sin embargo, pese a la existencia del decreto de Parque Nacional, los incendios son comunes y devastadores en el territorio tepozteco. 

La ausencia de un plan de manejo que permita el aprovechamiento, ha hecho recaer en el trabajo prácticamente voluntario de comuneros de San Juan, de Tepoztlán y de otros pueblos, así como de los grupos cívicos organizados en los barrios, las labores de prevención y combate de incendios y plagas, conservación de suelos y reforestación. Son ellos quienes tienen que enfrentar y remontar el impacto negativo del abandono y del cambio de uso de suelo hacia ganadería. Mientras que las actividades productivas forestales están prohibidas, existen estímulos por parte de la Secretaría de Agricultura y Ganadería para la actividad ganadera.  La ganadería mal manejada es una causa principal de degradación y pérdida de bosques, y una fuente común de incendios forestales. Algunos ganaderos prenden fuego al bosque para provocar el renuevo de los pastos, que reverdecen en tiempo de secas si son quemados en el invierno, y en muchas ocasiones estos fuegos se convierten en incendios forestales. Esto no quiere decir que toda la ganadería tiene que ser por definición devastadora, sino que se deben desarrollar modelos integrados en los que la ganadería pueda convivir con la forestería y otras actividades en un manejo integrado del paisaje.  

En todo el mundo y particularmente en México, quienes viven en los bosques, y quienes los estudian, saben que la mejor manera de protegerlos es mediante el aprovechamiento silvícola y la forestería, pues así se pueden realizar labores necesarias para el control de plagas e incendios, como limpias, picas, preaclareos y aclareos, actividad que consiste en extraer parte del arbolado joven y parte del estrato arbustivo, para favorecer el crecimiento de los árboles más sanos, y eliminar una gran cantidad de material combustible que de otro modo resulta en intensos incendios. El mismo fuego bien manejado puede ser un instrumento para el control de incendios. Pero estas labores son costeables cuando existen planes de manejo para el aprovechamiento comercial. De otro modo, a partir de subsidios como ocurre ahora, resulta impagable e imposible llevar a cabo todas las labores que implica el buen manejo forestal.

México es líder mundial en forestería comunitaria, y existen excelentes modelos de aprovechamiento forestal comunitario, como ocurre en la Sierra Norte de Oaxaca y en San Juan Nuevo Michoacán, por mencionar algunos, en donde los incendios son cosa del pasado y la producción forestal genera conservación de los valores ambientales, así como empleo e ingresos para los comuneros y la población en general. 

Es necesario revisar el estatus de los parques nacionales para permitir, fomentar, capacitar e invertir en la forestería comunitaria y abandonar el modelo conservacionista a ultranza que no sólo no conserva sino deteriora los bosques y desatiende incendios y plagas y fomenta el cambio de uso de suelo.   

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Paul Miller decidió, a sus 26 años, clausurar su intensa vida digital para envolverse en un arduo experimento; al final de está etapa el ex-célibe nos comparte sus lecciones y vivencias.

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Una parte de mí estaría encantada con la posibilidad de presentarme como el protagonista de está crónica, pero no es el caso. En lo personal considero que Internet ha revolucionado la realidad humana, desde procesos cognitivos que se llevan a cabo a nivel neuronal, hasta múltiples hábitos sociales, patrones económicos y vértices de la conciencia. Sin embargo, también he presenciado el lado oscuro de esta apasionante herramienta: compulsividad, reemplazo digital de encuentros físicos, atracción desbordada por ‘vivir’ frente a una pantalla, etc.

De acuerdo a lo anterior, solo quiero aclarar que el desear que las siguientes vivencias fuesen mías se debe a que me intriga imaginar el efecto que ‘desconectarme’ de la Red, por un periodo largo, podría tener en mí –pero también porque si este caso fuese una anécdota personal, ello querría decir que mi castidad internetera ya habría terminado.

Paul Miller tenía 26 años, residía en Nueva York y, como es de suponerse, llevaba una intensa vida digital.  Tras haber circulado por distintos oficios, entre ellos diseñador web y escritor para medios de tecnología, contempló la posibilidad de tomarse un descanso de la vida que llevaba, empezando por desconectarse por completo de Internet. Para su sorpresa, y por si su motivación místico-existencial no fuese suficiente, recibió una oferta del popular tecnodiario The Verge –con el cual ya trabajaba como articulista–, para compartir actualizaciones desde su celibato digital, lo cual le evitaría tener que idear cómo ganarse la vida durante su año ‘sabático’.

A principios de 2012 yo tenía 26 años y ya estaba exhausto. Necesitaba un descanso de la vida moderna –esa rueda de hámster alrededor de las bandejas de entrada de tu correo electrónico y el constante flujo de información desde la WWW, que parecían consumir mi cordura. Quería escapar.

Pensé que tal vez Internet era un estado contranatural para los humanos, o al menos para mí […]. Dejé de reconocerme a mí mismo más allá de un contexto de ubicua conexión e infinita información. Me preguntaba qué más había en la vida. Quizá la ‘vida real’ estaba esperando para mí al otro lado del navegador.

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Tras la oferta de The Verge, Miller decidió agregar un enfoque antropológico a su misión:

Como redactor de asuntos de tecnología me dedicaría a descubrir lo que Internet había provocado en mí a lo largo de los años. A entender la Red, estudiándola a distancia. No solo me convertiría en una mejor persona, sino que ayudaría a todos a hacerlo. Una vez que hubiésemos entendido las maneras en las que Internet nos ha corrompido, entonces finalmente podríamos contraatacar.

El comienzo de la aventura auto-impuesta fue radiante. Paul bajó de peso, escribió en pocas semanas medio libro, leía mucho, jugaba frisbee, andaba en bicicleta y la gente constantemente le remarcaba su buena apariencia. Su concentración mejoró de forma notable, con mucho mayor frecuencia lograba ‘vivir el momento’ y estaba mucho más atento a las necesidades de la gente a su alrededor, por ejemplo, su hermana. En síntesis, durante los primeros meses del ejercicio, todo indicaba que la hipótesis inicial era correcta, que abandonar la vida digital conllevaba algo así como la purificación del ser.

Con el tiempo las delicias de la castidad web comenzaron a diluirse.

Para finales de 2012 había aprendido a secuenciar la toma de malas decisiones sin estar en-línea. Abandoné mis hábitos positivos, y descubrí nuevos vicios off-line. En lugar de canalizar el aburrimiento y la falta de estímulos hacia el aprendizaje y la creatividad, me volqué al consumo pasivo y el retraimiento social.

Al parecer la clave a los problemas cotidianos (y existenciales) que enfrentamos actualmente no reside en nuestro potencial abuso de las tecnologías digitales, tampoco en las largas horas que dedicamos a redes sociales, foros, chats, o alguna de sus variables. De acuerdo con la experiencia de Paul, los malos hábitos que detectamos en nosotros no son en lo absoluto exclusivos de nuestra vida en línea. En el momento en que dejar Internet no fue más una novedad, entonces su palacio off-line se derrumbó.

Tal vez el problema radica en lo rutinario, compulsivo y automatizado que puede ser nuestro esquema de vida –sin importar que hayan o no tuits de por medio. De algún modo me remite al caso del adicto que al dejar de consumir su sustancia habitual cree que automáticamente todos sus problemas se resolverán, cuando en realidad el problema fundamental no es en sí su adicción (independientemente de que juegue un rol determinante), sino aquellos actos que la producen y los que son producidos por ella.

Si bien, como mencioné al principio, han surgido una serie de efectos negativos alrededor de la revolución digital –como suele suceder con prácticamente cualquier otro exceso–, lo cierto es que a fin de cuentas y desde un particular punto de vista, las tecnologías digitales son tan humanas o artificiales como cualquier otra cosa. En este sentido me parece genial un comentario que el teórico web Nathan Jurgenson le compartió a Paul: “Existe mucha realidad en lo virtual, y mucha virtualidad en la realidad”. Y es que en realidad no podemos disociarnos de nuestra esencia humana a pesar de estar inmersos en comunidades virtuales o recurrir constantemente a dispositivos móviles. Y a la vez, por más que vayamos a recluirnos a un bosque (lo cual les aconsejo ampliamente), en realidad nuestra percepción y la forma de procesar nuestro entorno está también permeado por nuestros hábitos digitales –a fin de cuentas Internet ha cambiado nuestra forma de entender las cosas.

En lo personal, a pesar de que este valiente joven neoyorquino concluyó que no se requiere abandonar la vida digital para sacudir tu conciencia y cimbrar tu vida en pro de la evolución, debo confesar que esta extravagante posibilidad no deja de intrigarme –quizá responda a una pincelada de romanticismo sepultado bajo millones de estimulantes bits. Pero también la historia de Paul me recordó la premisa que apunta a que somos capaces de andar nuestros respectivos caminos evolutivos respetando nuestro propio contexto: para practicar, por ejemplo, Zen, no es requisito raparte e irte a vivir a un monasterio en las montañas niponas. De hecho, tal vez el mayor reto frente al Zen para un joven occidental, digitalizado, expuesto a eufóricos flujos de data y miríadas de estímulos, radica precisamente en adaptar, y ejercer, esa filosofía de vida a su realidad cotidiana.

En fin, les recomiendo que lean las múltiples crónicas emitidas por Paul Miller desde su exilio de Internet –o que al menos reflexionen en ellas, ejercicio que posiblemente inducirá un auto-análisis de tu vida cotidiana y tus prácticas digitales. Supongo que al final lo que importa es ser capaz de observarte, de entender lo que estás haciendo, y de tener un sueño en la mira, sin importar lo que a este le depare. Recordemos que en el camino mismo está la recompensa (o algo así). 

 Twitter del autor: @paradoxeparadis