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La pereza como motor oculto de la creatividad: Kafka y William James la recomiendan

Por: pijamasurf - 04/30/2013

El mito de la productividad puede desecharse o verse desde otra perspectiva cuando consideramos los hábitos perezosos de Kafka, Wilde y Wiliam James.

kafka

Es mentira que las grandes mentes hayan sido un dechado de productividad: muchos y muchas se percibían a sí mismos como francamente flojos. Edgar A. Poe dijo una vez "Soy excesivamente perezoso e increíblemente industrioso—por turnos." La procrastinación es un pecado de nuestros días porque se contrapone a la idea de que el tiempo es dinero, y que por ende perder tiempo es perder dinero; un hábito culposo y sumamente disfrutable en el que grandes nombres de la literatura no dejaron de incurrir.

En 1908, Franz Kafka obtuvo un puesto en una dependencia de seguros en Praga, donde trabajaba de 8 o 9 de la mañana hasta las 2 o 3 de la tarde. Esto representó una mejora en cuanto a su trabajo anterior, el cual requería de largas jornadas e incluso de tiempos extra. ¿Cómo usaba el autor de La metamorfosis este tiempo de sobra? Al salir del trabajo, almorzaba, a lo que seguía una siesta de cuatro horas; luego, unos 10 minutos de ejercicio; una caminata; cena con su familia; finalmente, alrededor de las 10:30 u 11:30 de la noche, algunas horas de escritura, mucho del cual pasaba escribiendo lo que ha sido llamado la escritura del yo, a través de su diario o en cartas.

En las cartas uno puede leer cómo Kafka se quejaba de que su trabajo le quitaba tiempo, pero según la estudiosa Louis Begley, esto era sólo un pretexto: "Es raro que los escritores de ficción se sienten detrás de sus escritorios a escribir más de unas pocas horas al día. Si Kafka hubiera utilizado este tiempo eficientemente, el horario de trabajo en la oficina le hubiera dado suficiente tiempo para escribir. Como él mismo reconoce, la verdad es que perdía el tiempo."

Pero no se trata de un incidente aislado: el filósofo William James fue otro gran procrastinador. James dijo en una de sus clases: "Conozco una persona que jugará con el fuego, acomodará las sillas, recogerá las motas de polvo del suelo, arreglará su escritorio, echará un vistazo al periódico, tomará cualquier libro que vea, se picará las uñas, que perderá toda su mañana, de cualquier forma, y sin ninguna premeditación, simplemente porque la única cosa que tiene que hacer es preparar una clase vespertina de lógica formal, la cual detesta."

La procrastinación puede no ser del todo mala. Como decía el gran Oscar Wilde, "No hacer nada es una de la cosa más difícil del mundo, la más difícil y la más intelectual." Después de todo, estrictamente "hacer nada" es francamente imposible. Contemplar puede ser un trabajo de tiempo completo para una persona sensible. Además, trabajar bajo presión puede ser una gran fuente de energía. Edward Abbey expresó en una carta a su editor: "Odio los compromisos, las obligaciones y trabajar bajo presión. Pero por otro lado, me gusta que me paguen por adelantado y sólo trabajo bajo presión."

Tal vez el secreto sea ser disciplinadamente indisciplinados, es decir, dedicar una medida precisa de tiempo a actividades no relacionadas con el trabajo creativo o la franca dispersión --pero detenernos en el momento en que sabemos que hay que trabajar u ocuparnos de algo importante. La procrastinación y la productividad no tendrían por qué estar peleadas si nos conocemos a nosotros mismos y somos conscientes de nuestros propios procesos.

[Slate]

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Socialización del porno: las webcamers y cómo están cambiando la industria del entretenimiento para adultos

Por: pijamasurf - 04/30/2013

Los usuarios no quieren el producto procesado y empacado: quieren contribuir en lo que reciben --y están dispuestos a pagar por ello.

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¿Qué aspecto de la vida moderna no ha sido modificado por las redes sociales? Aunque su contribución parezca pequeña, la personalización de las experiencias online, así como las prácticas y necesidades del usuario han ido cambiando el rostro de la industria musical, del cine, de la comunicación y, por supuesto, de la pornografía.

Luego de décadas de un esquema tradicional de filmar pornografía y venderla como producto, las estrellas de la industria del entretenimiento para adultos están moviéndose hacia un nicho de mercado que, si bien no es nuevo, tiene beneficios tanto para ellas como para los consumidores: las webcam. Cientos de sitios ofrecen un chat en vivo con hermosas exponentes del porno por una cuota que podría ser el equivalente al precio antiguo de una película porno por, digamos, 5 o 10 minutos de experiencia directa. Esto, para muchos fans, constituye un nuevo tipo de relación.

Al interactuar con los fans, las pornstars también aprenden sobre las necesidades de su nicho de mercado. Para Ruby Knox, una veterana de la industria, no se trata sólo de disfraces o juguetes sexuales: se trata del comercio de la ternura. "Soy una 'prostituta de sentimientos'", afirma. "95% de mi tiempo 'exclusivo' [con el cliente en una sala de videochat] se trata de mí haciendo de psicóloga o escuchando una experiencia tumultuosa que marcó la vida del individuo. Si puedo ayudar a alguien mientras aprendo más sobre mí misma y sobre la humanidad, eso califica como una victoria."

Y entender a la humanidad también es muy lucrativo.

Los fans son tan comprometidos como los de una banda de rock: no sólo visitan las páginas de su estrella favorita de manera muy frecuente (digamos, varias veces al día), sino que les envían regalos y se preocupan por ellas. Norman, un visitante asiduo de webcamers, afirma que está a punto de ir a la bancarrota por su obsesión con tres chicas --desde su perspectiva, Norman siente que está en una relación con las tres, por lo que "las veo regularmente en línea, les compro regalos, no quiero decepcionarlas. Hago lo que puedo para hacerlas felices. Gasto tanto tiempo y dinero en ellas como haría con una novia, y nunca peleamos."

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Aunque algunos fans compren (y las chicas vendan) la fantasía de una novia ideal, ¿en realidad podría considerarse el asistir a un sitio de webcamers como infidelidad? Cliente y performer nunca tienen contacto físico, y lo más probable es que nunca lo tengan. Pero el dinero y tiempo que alguien podía haber gastado antes en una amante, los fans lo gastan en sus estrellas porno privadas al financiar relaciones más o menos ficticias con regalos, contribuciones económicas e incluso consejos, los cuales son bien recibidos por ellas.

La superestrella del porno Tera Patrick ilustra esto muy bien: "Mis fans seguían pidiéndome una película con tema asiático, así que hice una serie y es la de mayor venta. Siempre escucho sugerencias y escucho a mis fans."

Esto implica también un cambio en la conceptualización del "cliente", devenido ahora usuario luego de haber sido visto como consumidor durante décadas por la industria para adultos.

Desde el punto de vista de las prestadoras de este servicio también representa un cambio en el modelo tradicional del entretenimiento para adultos: en lugar de asistir a grabaciones, vérselas con compañeros y compañeras de trabajo, asistir a convenciones y todo eso, todo lo que se necesita para ser una webcamer es eso, una webcam y algo de tiempo disponible para hacer shows desde tu propia casa; perspectiva que comienza a ser obligatoria incluso en los sitios de pornstars consagradas como la francesa Katsuni, veterana de la industria que hace realidad las fantasías de sus fans en sesiones privadas de 1 a 1. 

Mujeres (y cada vez más hombres en un considerable mercado gay) de todas las nacionalidades y estratos sociales destinan algunas horas al día para shows privados en distintos sitios web. Además de la independencia económica y de tiempo que esto representa, las webcamers atienden a una de las características del Internet de nuestros días: la extrema personalización de la experiencia del usuario. Y lo hacen muy bien.

[Con información de The Daily Beast]