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Fascinante "mueble glitch": madera que distorsiona (y cuestiona) la realidad

Arte

Por: pijamasurf - 03/14/2013

Un mueble ideal para un "reality bender", que cuestiona la naturaleza de la realidad con un canto estético, inmóvil más danzante: esta pieza del arquitecto Feruccio Laviani podría ser el mueble del año.

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El mueble perfecto para todos aquellos que gustan de doblar la realidad, como los aprendices del oráculo en The Matrix con cucharas espectrales. La pieza "Good Vibrations" diseñada por el lituano Feruccio Laviani permite almacenar objetos con una elegancia que ondula en el espacio, evocando lo que se conoce como un glitch, una falla en el sistema que revela inconsistencias en el diseño de lo real. Pese a este concepto futurista, el mueble fue labrado a mano, por lo que quizás lo podríamos considerar steampunk.

La deformación de sus unidades de almacenamiento parece haber sido provocado por un fuerte sacudida, creando un efecto desorientador a la vez que mantiene elegantes ecos orientales. Un mueble místico que en su distorsión cita un koan, materialización conceptual de una realidad elusiva o del mismo Maia, la ilusión inherente  a toda materia. Estéticamente el mueble se mueve en una zona liminal cuetsionando paradigmas de simetría y pureza, dejando una vaga e inquietante sensación de deja-vu, o un poético fuera de foco.

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En ocasiones la tristeza nos parece bella en sí misma, sus imágenes nos cautivan, ¿pero por qué razón?

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Hay una frase de Anaïs Nin que circula con cierta profusión en la que la escritora asegura que no vemos las cosas como son, sino como somos, esto es, la manera en que aprehendemos la realidad, como la entendemos y la hacemos nuestra, así sea por instantes, es en buena medida una proyección de lo que sabemos y conocemos, también de lo que ignoramos, nuestras aversiones y nuestros deseos. Así, en un asunto en que se cruzan la filosofía y la psicología, la epistemología y la neurociencia, queda de manifiesto nuestra imposibilidad para conocer la realidad en sí y, en cambio, solo tener acceso a la realidad que nos dan nuestros sentidos e interpreta nuestra percepción.

En este contexto, la categoría de lo bello, la experiencia estética, cobra, junto a otras, un relativismo que es en cierto sentido estimulante en la medida en que nos obliga a preguntarnos por qué consideramos bello algo, si, más allá de criterios supuestamente "objetivos" o al menos socialmente tenidos como tal, algo es bello únicamente por la manera en que lo miramos y lo entendemos y, en última instancia, parafraseando a Nin,  por cómo somos en ese momento en que lo miramos y lo entendemos.

Hago este preámbulo para preguntarme por el valor estético de la tristeza, por qué las imágenes que la retratan nos parecen especialmente bellas, o si esta cualidad es solo expresión de espíritus que sienten particular condescendencia por los gestos de esta emoción.

En el caso de la tristeza también es posible que se trate de cierta fascinación por el sufrimiento del aspecto exterior como reflejo del sufrimiento interior, o al menos de cierta actividad emocional e intelectual que se adivina mucho más intenso, más vívido que el de la mayoría, premisa que en buena medida se remonta al influyente Problema XXX de Aristóteles (cuya autoría, por cierto, se discute), en el cual el filósofo habla sobre la melancolía y se pregunta por qué este humor se le encuentra con mucha frecuencia entre personajes destacados como poetas y líderes políticos. 

Sin importar si esto es o no cierto, el texto marcó ciertas pautas para apreciar la tristeza, para, culturalmente, otorgarle significados y valores que probablemente no estén ahí.

Aquí algunas imágenes de la tristeza, de las cuales es difícil saber si son bellas en sí, si, después de todo, este ser bello en sí es posible para el caso específico de la tristeza.

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Melencolia I, Albrecht Dürer

"Muchas veces tomé la pluma para escribirla, y muchas la dejé, por no saber lo que escribiría; y estando una vez suspenso, con el papel delante, la pluma en la oreja, el codo en el bufete y la mano en la mejilla, pensando lo que diría [...]" / Del Prólogo al Quijote de 1605.

 

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Introspection, Martin Stranka

Twitter del autor: @saturnesco