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El cerebro se parece a todas las cosas del universo: el arte de las neuroimágenes (FOTOS)

Por: Alejandro Martinez Gallardo - 06/02/2012

Estimulación estética de nuestras neuronas en un espejo digital: Imágenes microscópicas, ilustraciones, visualizaciones y representaciones artísticas del cerebro nos muestran la naturaleza protéica del órgano más complejo del universo conocido.

El cerebro humano es el órgano más complejo que hemos encontrado hasta el momento en nuestra exploración del universo; es también el órgano principal a través del cual conocemos el universo. Esto exhíbe una paradoja, decía Einstein: "La mente es hermosa por la paradoja. Se usa a sí misma para entenderse a sí misma". Aún cuando habría que diferenciar entre la mente y el cerebro --ya que la mente parece extenderse mucho más allá del cerebro, abarcando quizás la totalidad del espacio cósmico- tal vez sea por esta naturaleza autorreferente con la cual nos conocemos a nosotros mismos y al universo, que el cerebro parece trasvasarse al mundo y hacer de él un espejo. Árboles, galaxias, estrellas, medusas, ríos... todo parece existir dentro del cerebro.

Habría que aceptar una pareidolia cognitiva, un delirio de autoproyección, un gestalt promiscuo, pero es parte de la naturaleza del hombre --justamente porque así está codificada la biocomputadora humana-- verse a sí mismo reflejado en el mundo. Tenemos tantas neuronas como estrellas en el universo, decía Timothy Leary (¿y acaso la imagen superior de un astrocito, un regulador neuronal, no se parece al núcleo de una estrella con filamentos de plasma coronal?). Las déndritas, prolongaciones protoplásmicas de nuestras células nerviosas, evocan invariablemente a las ramas de un árbol (la misma palabra "déndrita" signifca árbol). La estructura sináptica claramente evoca un rizoma, una conexión subterránea. Las imágenes primordiales de la naturelza  se repiten al interior de nuestro cerebro.

Por todo esto es predecible que la representación viusal de la estructura cerebral --del hombre y de los demás animales-- tenga un profundo atractivo artístico. La fotografía microscópica y las ilustraciones plásticas del cerebro se complementan y crean todo un género estético-intelectual. A continuación una serie de imágenes, la mayoría compiladas por el formidable blog Neuroimages, que exponen esta conexión visual entre nuestro cerebro y el mundo, que es ya casi una corriente estética y una divagación filosófica.

 

Esta imagen comparativa entre la conectividad neuronal de un ratón y un cúmulo de galaxias, que ha circulado profusamente en Internet, es usada generalmente para ilustrar la teoría de que el universo es un fractal --como arriba, es abajo-- y que posiblemente los procesos y las formas macrocósmicas se repitan en una escala microcósmica.

 

 

Mapa del Internet realizado por el Opte Project. Nótese la estructura dendrítica de las conexiones.

 

 

"Brainbow", imagen del hipocampo generada por Tamily Weissmann. Iridiscencias dentro de una tarjeta de video o boca de ballena-guacamaya.

 

 

Lóbulo cerebral bajo un microcopio electrónico. Terminaciones nerviosas evocan rizos de coral.

 

 

"Dolor de cabeza", de Helen Pynor. El cerebro ya sin su vehículo es una imagen de otredad entrañable, intimidad alienígena. Una medusa o un molusco en el mar abstracto.

 

 

Una neurona Purkinje , retocada digitalmente, de la que se desprenden varias déndritas. Vemos un árbol que es también el delta de un río, entre el mar y la tierra.

 

 

Representación del hipocampo realizada por Greg Dunn en una serie comisionada por diferentes universidades estadounidenses.  El hipocampo en una lamina de oro parece también una imagen satelital de un trecho espiral de topología terrestre. (VER SERIE COMPLETA)

 

Representación del neurocórtex de Greg Dunn evoca un elegante  grabado japonés, acaso la niebla en un bosque otoñal.

 

 

"Synaptogenesis" de Greg Dunn. El nacimiento de las conexiones eléctricas que conducen el pensamiento.

 

 

Ilustración del hipocampo de fines del siglo XIX de Camilo Gogli.

 

 

Ilustración de la conciencia y su relación con el cosmos del alquimista Robert Fludd.

 

Disección del cerebelo de Santiago Ramón y Cajal.

 

 

Disección del cerebro del archivo de la Universidad de Cornell.

 

 

Secciones coronales del cerebro. ¿Neurogalletas alguien?

¿O un sandwich de convoluciones cerebrales? (Imagen Sara Asnaghi).

 

"Brain Quill" de Sarah Yakawonis.

[Neuroimages]

Twitter del autor: @alepholo

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Breve galería con hipnóticas imágenes de ojos humanos y reflexiones en torno al acto de observar los ojos como una especie de koan orgánico que puede traducirse en una experiencia terapéutica.

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"Un ojo cerrado no necesariamente esta dormido,

y uno abierto no necesariamente está observando"

Bill  Cosby

El observar un ojo, en particular el nuestro, puede traducirse en un ejercicio terapeútico que coquetea tanto con lo místico como con lo biológico –en una dinámica que quizá alude al divino threesome alquímico. Y reflexionando brevemente sobre las bondades que resultan de este acto, destilamos una serie de beneficios que van desde la metafísica y la ontología, hasta la estética y la catarsis. 

Por un lado, en lo que se refiera al desarrollo auto-consciente, este ejercicio permite reafirmar nuestra existencia, como una especie de suspiro suspendido a través del cual nos confrontamos con el "yo". Por lo tanto fortalece nuestra noción de una unidad indivisible (la del individuo) y a la vez hiperconectada (la del todo).

Una vez activado ese bit de auto-afirmación nos encontramos con un diseño de desbordante pulcritud estética –el ojo del mandala, que es a la vez flor y fractal. La belleza de nuestros ojos es un franco recordatorio de la perfección con la que fuimos diseñados, y a la vez nos ayuda a identificarnos con el resto de las personas (los no "yo's" que en algún punto somos nosotros mismos) y de las cosas (el mundo exterior que es solo un espejo del interior). Y tras este loop epifánico terminamos por acceder a una catarsis bio-estética a la cual nuestros ojos, desde ambas perspectivas, representan un portal –a fin de cuentas a través de ellos se filtra la luz que activa un proceso foto-alquímíco del cual emerge buena parte de nuestra realidad (lux perpetua) . 

Y para finalizar la poco ortodoxa pero honesta auto-terapia, una vez reafirmada nuestra existencia y luego de haber experimentado un micro-recorrido por la perfección geométrica que nos hermana con el mundo exterior, terminamos por presenciar el desfile de un eco arquetípico que en un nanosegundo funde nuestro ojo con el centro del universo, pasando por el ombligo, la base del axis, el pulso de la supernova, o el botón del pantalón que viste la niña de tus sueños (y tus insomnios).

Y tu ¿hace cuánto que no te ves a los ojos?

 Twitter del autor: @ParadoxeParadis / Javier Barros del Villar