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Meteorito que extinguió a los dinosaurios pudo sembrar vida fuera de la Tierra

Ciencia

Por: pijamasurf - 05/30/2012

Dando un giro interesante a la conocida teoría de la panspermia, el astrofísico japonés Tetsuya Hara y otros colegas consideran que un asteroide como el que impactó la Tierra causando la extinción de los dinosaurios pudo sembrar vida en otros puntos del Sistema Solar e incluso fuera de este.

El origen de la vida en el universo debe ser el enigma más inquietante tanto para los especialistas como para las personas comunes que, en cierto momento, se han preguntado cómo y por qué de algo aparentemente inerte surgió la complejidad de organismos que han poblado nuestro planeta y muy posiblemente otros.

En un artículo publicado recientemente, Tetsuya Hara, de la Universidad Kyoto Sangyo, y otros colegas aventuran la posibilidad de que la vida se originó en las colisiones que con cierta frecuencia ocurren en el cosmos: como la que extinguió a los grandes saurios de la faz de la Tierra hace 65 millones de años o las que más de 100 que se estrellaron contra la superficie de Marte.

Hara y sus colegas retoman en cierta medida la conocida teoría de la panspermia, según la cual la vida existe de por sí en el universo, distribuyéndose a lo largo y ancho de este por medio de meteoritos, asteroides y planetoides.

La novedad en el planteamiento del astrofísico japonés es que dan la vuelta a la idea de la panspermia y partiendo del hecho que de la Tierra es uno de los pocos lugares con vida comprobada, es muy probable que el meteorito que representó la extinción de los dinosaurios también haya sembrado la vida fuera de nuestro planeta.

De acuerdo con cálculos realizados por los científicos, el asteroide que se impactó en Chicxulub, en el sureste de México, pudo haber arrojado residuos a puntos tan aparentemente remotos como Encélado, la luna de Saturno, y Europa, la jupiterina, el cinturón de Kupier y quizá también algunos planetas extrasolares. Residuos que llevaban consigo agua, rocas y trazas del suelo de la Tierra.

“La probabilidad de que rocas originadas en la Tierra hayan alcanzado sistemas cercanos no es tan pequeña”, escriben Hara y compañía, quienes continúan:

Estimamos la transferencia de velocidad de microorganismo entre los sistemas estelares. Bajo ciertas presunciones, podría estimarse que el origen de la vida comenzó hace 10^10 años atrás en un sistema estelar, según las estimaciones de Joseph y Schild (2010a, b), se pudo propagar por la galaxia en 10^10 años y ciertamente pudo alcanzar la Tierra hace 4.6 mil millones de años (Joseph 2009), lo cual explicaría el origen de la vida en la Tierra.

Así, Hara et al suponen que hubo al menos 25 puntos en que la vida se originó hace 10^10 años, con material biológico dispersándose por la galaxia en el mismo tipo de eventos que produjeron el cráter de Chicxulub.

En cuanto a las críticas que se hacen este planteamiento, algunos ven con recelo que los microorganismos presente en los pedazos de roca del asteroide hayan podido sobrevivir las duras condiciones del espacio exterior y también la duración de la travesía. Si el impacto de Chicxulub ocurrió hace 65 millones de años y alcanzar Gliese 581 —una enana roja en la que al parecer existe el agua y por lo mismo podría albergar vida— tardaría 1 millón de años, entonces la vida habría tenido ya 64 millones de años para reproducirse o extinguirse.

Con información de Centauri Dreams y Cosmonoticias.

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Los ancianos huelen mejor que los jóvenes o los adultos, revela estudio

Ciencia

Por: pijamasurf - 05/30/2012

Contrario al prejuicio general, estudio revela que los ancianos huelen mucho mejor que varios grupos de edad, entre ellos los jóvenes y los adultos; por otro lado, los hombres huelen peor que las mujeres (al menos hasta que todos envejecemos).

Existe contra las personas ancianas el prejuicio del mal olor. Sea por descuido en su higiene personal o por procesos fisiológicos propios de su avanzada edad, continuamente se achacan aromas desagradables entre los viejos.

Sin embargo esta podría ser una falsa impresión, al menos si se atiende el estudio realizado por Johan Lundstrom, un neuropsicólogo del Centro Monell de Sensaciones Químicas de Philadelphia, quien además tuvo una inspiración casi proustiana al ofrecer una plática en una casa de retiro de esta ciudad estadounidense y descubrir que el olor ahí aspirado era idéntico al que percibió cuando, siendo un niño en Suecia, su madre lo llevaba a la casa de retiro donde trabajaba. Lundstrom asegura que de en cierta forma se sentía atrapado a ese déjà vu odorífero, por lo cual decidió efectuar este estudio.

Lundstrom llevó a su laboratorio a 41 voluntarios de entre 20 y 95 años, pidiéndoles que pasaran 5 noches durmiendo con playeras que en las axilas tenían almohadillas de algodón. Durante el día las camisetas se guardaban en congeladores para prevenir la formación de bacterias, lo cual alteraría el resultado del experimento. Asimismo, antes de dormir cada participante debía bañarse con jabón y champú libre de olor, además de que la ropa de cama igualmente se lavaba con detergente igualmente neutro en aroma. Por último se les pidió que evitaran los alimentos condimentados, lo cual afecta la secreción de las glándulas sudoríparas.

Pasadas las cinco noches, el equipo de investigación cortó los algodones de las axilas y las metió en frascos especiales, mezclándolas además con varias muestras de personas de edades similares.

La siguiente fase del estudio fue reclutar otro grupo de 41 personas, quienes olieron los frascos y los calificaron según se respirara un aroma agradable o desagradable.

Sorprendentemente, el grupo de edad de entre 75 y 95 años fue en términos generales el mejor evaluado, sus olores menos intensos y mucho más placenteros que los jóvenes y los adultos. El olor más penetrante y desagradable provino de los hombres entre 45 y 55 años.

El mejor de todos los olores fue el de las mujeres de este mismo rango. En promedio, los hombres huelen peor que las mujeres pero, según los investigadores, esta diferencia desaparece con el envejecimiento.

Así que ya lo sabes: antes de señalar el mal olor de alguien, quizá valga la pena oler tus propias axilas.

[LA Times]