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En una feliz casualidad acaso irrepetible, una familia de fotógrafos aprovecha la ocasión y captura varias imágenes de un raro colibrí albino.

Si el albinismo es en sí mismo una condición genética extraña, inusual, improbable en algunas especies, su extravagancia aumenta cuando ocurre en animales en los que la combinación con sus propias características da como resultado una rara belleza, insólita, difícilmente repetible.

Por otro lado, es todavía más sorprendente, también por razones de probabilidad, que una persona se tope con dicho espécimen y obtenga constancia de su encuentro. Y sí, quizá las probabilidades sean mínimas, pero no inexistentes.

Tal fue el caso de la familia Shank, que tuvo la feliz casualidad de mirar un colibrí albino y contó con tiempo suficiente como para que todos le tomaran una instantánea.

Kevin Shank y sus cuatro hijos —Marlin de 16, Shaphan de 14, Darren de 12 y Allen de 9 años— fotografiaron esta hermosa ave luego de saber por un correo electrónico que ya otros la habían visto rondando cerca de su casa en Staunton, Virginia.

“Activar el flash ni siquiera era una opción. Con un ave tan única y rara, no quisimos hacer nada que la hiciera desaparecer”, declaró el padre.

Por desgracia este colibrí no escapa al riesgo que representa el albinismo, que hace a quienes lo desarrollan ejemplares mucho más visibles para su depredadores o, en el caso de estos, para sus víctimas, lo cual se traduce en una desventaja en la supervivencia. 

[Huffington Post]

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Investigadores juegan con el comportamiento en grupo de los peces, descubriendo que este puede manipularse por medio de un robot; esto podría utilizarse para conducirlos a zonas alejadas de un posible desastre ecológico.

En un experimento que busca conocer el comportamiento de los bancos de peces, investigadores hacen peces reales sigan a un falso pez hecho de circuitos y plástico.

Investigadores del Instituto Politécnico de la Universidad de Nueva York realizaron un interesante experimento en el que aprovechando los increíbles avances de la robótica, introdujeron la réplica de un pez entre un banco de peces reales para estudiar el comportamiento de estos animales. El objetivo era que los peces no advirtieran el engaño y siguieran naturalmente al robot.

El prototipo, inspirado en la especie Notemigonus crysoleucas, conocida como carpilla dorada, tiene el doble de tamaño de un pez normal pero un aspecto muy parecido en el movimiento de su cola. Según Stefano Marras y Maurizio Porfiri, los autores del estudio, este es el primero en que se prueba de qué forma un robot puede estimular la locomoción animal.

El experimento de Marras y Porfiri consistió en introducir en un mismo tanque al robot e individuos de la Notemigonus crysoleucas para observar su comportamiento. Y, como se ve en el video aquí presentado, los peces nadan junto a la máquina de la misma manera que lo hacen cuando se encuentran en grupos mayores y, por el contrario, con un robot inmóvil, las carpillas nadan azarosamente y al parecer sin objetivo manifiesto. Al parecer es el movimiento de la cola el que hace que los animales acepten al robot y no lo vean como una amenaza.

 

Para los investigadores este descubrimiento podría ayudar a conducir a ciertos animales lejos de peligros provocados por la actividad humana como esos “desastres ecológicos que afectan la vida en los ambientes acuáticos, como derrames petroleros".

[Wired]