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Atisbo fotográfico al submundo de los yakuza, la mafia más poderosa de Japón (FOTOS)

Arte

Por: pijamasurf - 12/19/2011

Un recorrido fotográfico por el submundo del hampa —siempre visualmente atractivo—, en este caso por una de las organizaciones criminales más poderosas de Oriente: los yakuza de Japón a través de la lente de Anton Kusters.

El mundo subterráneo y pretendidamente oculto de las organizaciones criminales de corte mafioso han tenido, al menos desde la popularización de esa épica criminal que fue El Padrino de Mario Puzo y su posterior adaptación cinematográfica, un cierto grado de estética visual colectiva que, justificadamente, ha atraído la atención de artistas: escritores y cineastas pero especialmente fotógrafos.

Y si bien los objetivos de esta documentación con fines artísticos de dicho submundo casi siempre se enfoca en las organizaciones occidentales, estas son relativamente nuevas en comparación con la más poderosa de las mafias orientales, los Yakuza, cuya antigüedad se remonta al siglo XVII, a pesar de lo cual esta es mucho menos conocida que, por ejemplo, las mafias idealizadas de Nueva York.

En esta ocasión presentamos una serie fotográfica de Anton Kusters, belga de origen, quien se adentró en los laberintos criminales de los Yakuza para ofrecer un retrato de su modo de vida, sus rasgos particulares como organización, ese rostro que, como comúnmente sucede con el mundo del hampa, asoma solo de vez en cuando por un acontecimiento fortuito.

Las imágenes son un recorrido por los hábitos, la apariencia y las marcas de quienes decidieron en algún momento de su vida sumarse a las filas de dicha organización criminal que si bien opera internacionalmente, tiene en la ciudad de Tokio su centro de operaciones. Kusters consiguió sus tomas luego de varios contactos y la aprobación del jefe último de los Yakuza, Soichiro Kitamura, y dos años de trabajo intenso. Queda de manifiesto, por ejemplo, la preferencia de los Yakuza por los baños públicos, donde efectúan sus reuniones con el fin de mostrarse los tatuajes y asegurarse que nadie porte armas.

Y si bien sus resultados son un tanto irregulares —fotografías sumamente atractivas conviven con otras un tanto sosas— no podemos dejar de reconocerle tanto su valor como la oportunidad aprovechada para obtener las fotografías más destacadas. 

[Lost at E Minor]

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¿Por qué usamos eufemismos? El diccionario (y la honestidad) contra el manual de buenas costumbres (y la hipocresía)

Arte

Por: pijamasurf - 12/19/2011

El eufemismo va de lo bobo e involuntariamente irrisorio a lo políticamente perverso, en una actitud frente al lenguaje que prefiere al manual de buenas costumbres sobre el diccionario, a la hipocresía sobre la honestidad.

En años recientes el habla cotidiana se ha visto notablemente nutrida de eufemismos, esas expresiones que la corrección política (otra de las modas contemporáneas) ha impuesto para nombrar con tacto situaciones supuestamente delicadas. Así, por ejemplo, aunque hasta hace no mucho era muy natural (y lingüísticamente correcto) llamar “discapacitados” o “inválidos” a los ciegos, los lisiados, los impedidos, los paralíticos, los mancos, los rengos, los tullidos, etc., ahora sobre todo ese universo lexicográfico pesa un tufillo de insulto, malsonancia o dureza que se pretende disipar con la expresión “personas con capacidades especiales” u otras afines —porque no menos interesante es el recorrido que siguen dichas frases eufemísticas; esa, por ejemplo, pasó de inválido a discapacitado, a personas con capacidades diferentes a personas con capacidades especiales, dando tumbos y bandazos entre la precisión y la corrección, intentando evadir una dificultad en cierta forma inexistente: ¿De verdad es ofensivo llamar lisiado a un lisiado? ¿De verdad es mejor llamarlo “persona con capacidades especiales”? ¿En qué sentido?

Por otro lado, la manía de los eufemismos ha alcanzado extremos menos bobos y más bien perversos, sobre todo en el ámbito de lo político, donde se ha vuelto común disfrazar con una de estas expresiones realidades atroces. Uno de los ejemplos más claros de este disimulo siniestro es la “guerra preventiva” de George W. Bush, concepto a todas luces oximonórico que, sin embargo, por incluir la idea de “prevención”, se le intentó hacer pasar como un beneficio entre la opinión pública estadounidense. Orwell, en su célebre ensayo “Politics and the English Language” [“La política y el lenguaje inglés”], escribió que en política este tipo de lenguaje sirve “para lograr que las mentiras parezcan verdaderas y el asesinato respetable”.

En cualquier caso es evidente que los eufemismos ya están ahí, y parece que cada día en mayor número y con mayor presencia, de ahí que valga la pena preguntarse por el origen de esta actitud frente al lenguaje público. Hay quienes piensan que los eufemismos se originaron en la medicina y, particularmente, en el trato entre médico, paciente y enfermedad: conforme el entendimiento de la condición médica se afinaba, lo hacía también el temor por el padecimiento contraído, razón por la cual el enfermo prefería esquivar el nombre exacto de su mal y llamarlo por un más amable para sus oídos.

¿Un asunto meramente narcisista? Muy probablemente. Narcisismo que, además, se corresponde perfectamente con nuestra época y las muchas manifestaciones de enamoramiento hacia uno mismo que se ven por doquier.

Sin embargo, el origen médico de los eufemismos no pasa de ser una hipótesis, digna de tomarse en consideración si se atienden las expresiones que se refieren a enfermedades (decir, como los franceses, que “duele el hígado” cuando en realidad se tienen problemas estomacales). Pero si se advierte que otro raudal no menos abundante se encuentra en el terreno de lo sexual, la fuente de los eufemismos también podría encontrarse en la moral de una época y una sociedad, en las normas que ciertos sectores creían (pero quién sabe si seguían) a rajatabla y sin cortapisas.

Porque, dicho sea de paso, es evidente que los eufemismos también expresan otras cosas más allá de lo que intentan nombrar, con fortuna o sin ella. En los eufemismos es posible detectar los temores de una sociedad, los valores que sus miembros “más respetables” dicen observar, los que abominan y los que enaltecen; en los eufemismos se proyecta la sombra de esas regiones que el habla pública y cotidiana no se atreve a cruzar, una especie de lado oscuro en el que quienes se aventuran son tildados de groseros, zafios, rudos, indecentes o severos, a pesar de que el diccionario y no el manual de las buenas costumbres esté de su lado, la honestidad y no la hipocresía.

Vía io9