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Isidor Sadger, el discípulo olvidado que reveló el lado oscuro de Sigmund Freud

Arte

Por: pijamasurf - 11/29/2011

En un interesante rescate bibliográfico se reeditan las memorias de Isidor Sadger, discípulo de Freud al que se intentó sepultar en el olvido, acaso por ofrecer una imagen de su maestro mucho más humana y pasional.

La historia del psicoanálisis tiene sin duda su interés, sobre todo porque alrededor de esta disciplina se han tejido redes de poder, jerarquías y figuras de autoridad que han fragmentado su devenir con singulares episodios de disidencia, rupturas, enemistades y prácticas que lindan con lo francamente policiaco. Recordemos, solo como ejemplos al vuelo, el distanciamiento entre Freud y Jung, a pesar de su remarcada relación afectuosa, o la separación de Lacan de la Asociación Psicoanalítica Internacional y la consecuente fundación de la Sociedad Francesa de Psicoanálisis.

Un caso mucho menos consabido es el de Isidor Sadger, uno de los discípulos más fieles de Freud que, sin embargo, cayó en el olvido del que solo hasta hace pocos años ha comenzado a salir. Sadger fue un contemporáneo del fundador del psicoanálisis y uno de los más asiduos a su círculo de aprendices.  En algún momento Sadger escribió sus memorias a propósito de su relación con Freud e incluso las dio a la imprenta, pero por razones no del todo claras, otros cercanos a Freud impidieron la circulación de su libro e intentaron desaparecer todos los ejemplares. De la edición original solo se conoce un ejemplar conservado en la Universidad de Keio, en Tokio; de una edición posterior hecha en Alemania igualmente se guarda un único libro en la Biblioteca Nacional de Israel.

Esta censura es un tanto misteriosa e inexplicable porque la imagen que Sadger construye con sus recuerdos no podría considerarse, en sentido estricto, ofensiva a la memoria de Freud. A menos que sea ofensivo mostrar el lado humano del maestro: humano en el sentido no de caridad o buenos sentimientos sino, por el contario, el de las pasiones más o menos bajas en las que incurrió, sobre todo en su trato hacia Sadger, al que menospreciaba por sus capacidades intelectuales y su estilo “insufrible” al momento de escribir (y quizá Freud, que fue ante todo un gran escritor, daba mucha importancia a esta habilidad al momento de juzgar a sus colegas).

Las memorias de Sadger oscilan así entre la admiración y el resentimiento, dominadas quizá por la certeza de saberse un discípulo menor, incapaz de seguir el paso no, evidentemente, al maestro, sino a otros de sus coetáneos que lo relegaban a una posición marginal en el círculo cercano de Freud.

En un momento de quiebre, sin embargo, Sadger comienza a evocar el “sadismo” de Freud, la saña con que este en alguna ocasión silenció y humilló a un “advenedizo”. Quizá esto sería algo de lo que molestó no tanto a Freud como a sus cercanos: el hecho de que Sadger mostrara al maestro como un ser firme en su autoridad imposible de desafiarse.

Sea como fuere, sin duda se trata de un documento invaluable para conocer más de cerca y desde otra perspectiva el desarrollo de una disciplina de por sí polémica que, a pesar de su discurso, no está ajena al vaivén de pasiones que nos hace, parafraseando a Nietzsche, humanos, demasiado humanos.

[The Daily Beast]

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El genial Jean Luc Godard cumple 81 años hoy y aprovechamos para celebrar y explorar un poco la obra de este cineasta que ha transformado la forma en la que vemos las imágenes en movimiento y ha mantenido una admirable conciencia política.

Hoy hace 81 años nació Jean Luc Godard, el director francosuizo que ha transformado la relación entre nuestra conciencia y las imágenes en movimiento. Uno de los grandes maestros de la "nueva ola" francesa, Godard es el creador de un estilo inigualable en el que se yuxtaponen flujos de narrativa visual con flujos de narrativa literaria, entreverados con jumpcuts que operan como paréntesis sinápticos que hacen del acto de ver una película una meditación ontológica. A lo largo de su carrera Godard ha materializado una clara crítica al capitalismo y al cine estadounidense, acercándose a la izquierda política, apoyando al Estado palestino y recientemente al copyleft.

Godard sigue filmando y en su obra reciente ha desarrollado lo que pueden llamarse ensayos cinematográficos, cátedras del montaje, en los que plasma su visión política y poética de la realidad —la ética es la estética— y se mueve por zonas donde pocos directores en la historia del cine han tenido el autodominio para aventurarse.

Algunas de las primeras películas de Godard exaltaban el crimen y la astucia del hombre individuado que no se rige por los paradigmas del sistema dominante y por lo tanto se mantiene mariginal: à part. Y como sus antihéroes, el mismo Godard se erigía como un ladrón de la poesía, hurtando gemas literarias, miradas, gestos y cuadros cinematográficos para recombinarlos e incrustarlos en su narrativa fracturada. Sus personajes entran en dreamscapes literarios en los que las palabras fluyen por las imágenes que entran en coma o son ríos de espejos. Se construye un hipertexto, una red de relaciones significantes, cine lúdico que, como el estructuralismo, es sobre todo una reflexión sobre el mismo lenguaje del cine —a veces deconstrucción, a veces metaexploración, a veces parodia— que manifiesta una de las grandes virtudes del arte, nos hace mirar el mundo de una forma distinta: nos imbuye la mirada del artista que hace fluir su visión de la realidad hacia dentro de nosotros. Es aplicable lo que dice Michel Houellebecq: «A los grandes pintores del pasado se les consideraba tales cuando habían desarrollado una visión del mundo a la vez coherente e innovadora [...] utilizaban simpre los mismos procedimientos para transformar los objetos del mundo en objetos pictóricos y que esta manera que les era propia no había sido empleada nunca antes». Aunque la visión de Godard, como la de la mayoría de los artistas, es fruto también de la cultura del remix, tiene la cualidad de transformar lo que observa y recrearlo de una manera que nos parece nueva: a través de su mirada vemos el mundo —la concatenación de imágenes cuya (ilusoria) unidad percibimos como la realidad— como nunca lo habíamos visto antes.

En 1965 Godard está en su apogeo y filma dos de sus grandes películas: Alphaville y Pierrot le Fou. En estos dos films tenemos una clara muestra de la genialidad hiperestilizada de Godard, inicialmente orientada a la poesía y al shock. En Alphaville Godard hace del film noir una distopía de ciencia ficción poética, que tiene su precursor en 1984 de Orwell y que se inscribe como antecedente de The Matrix. El detective intergaláctico Lemmy Caution atraviesa el silencioso y pavoroso espacio infinito pascaliano para llegar a Alphaville, capital tecnotrónica de una sociedad de control en la que se ha abolido el arte y el pensamiento crítico y donde, siguiendo los consejos políticos de Confucio, se ejerece el poder sobre los ciudadanos editando principalmente el lenguaje.

Leemy Caution es entrevistado por Alpha 60, la protointeligencia artificial que funge como máxima autoridad organizativa. Esta memorable escena recuerda a uno de estos exámenes de Turing para descifrar si una computadora ha logrado inteligencia artificial, solo que en este caso la computadora busca auscultar el espíritu humano y en su incapacidad de comprender la poesía o el amor, La Matrix tiene su glitch.  Alpha 60 le pregunta:

--¿Cual es el privilegio de los muertos?

--Dejar de morir

--¿Qué es lo que transforma la noche en el día?

--La poesía.

--¿Cuál es vuestra  religión?

--Creo en los elementos de la conciencia.

Alphavile con elementos low-fi, pulsos de luz, loops, un montaje que desgarra la continuidad a la que está acostumbrada el espectador, crea una inmersiva atmósfera distópica, de una realidad asfixiante donde solo la luz de la poesía puede abrir el espacio, amplificar la mente y descorrer el velo de programación mental.

En Pierrot le Fou tenemos aquella memorable escena de autoconciencia metanarrativa que rompe con el canon, cuando el personaje mira directamente a la cámara, y una serie de actos histriónicos que oscilan entre lo poético y lo subversivo. Pero sobre todo recordamos el final en el que el protagonista encuentra la eternidad de Rimbaud, el sol sobre el mar, estallando dinamita en su cabeza y un cielo azul puro que lo perpetúa.

Estas son sólo algunas anécdotas dentro de su obra, que el mismo Godard siempre ha pensado como una serie de fragmentos. Celebramos a Godard, quien ha alterado nuestra conciencia con su mirada, revelando una dimensión poética-lúdica y un lúcido compromiso ideológico, orden y aventura, parafraseando la definición de Borges de la literatura.

Algunas frases de Godard:

"Todo lo que necesitas para hacer una película es una pistola y una mujer".

"Creo que una película debería de tener un principio, una mitad y una final, pero no necesariamente en ese orden".

"El cine es el más bello fraude del mundo".

"Para mi el estilo es solo la parte exterior del contenido, y el contenido el interior del estilo, de la misma forma que el exterior  y el interior del cuerpo humano. Ambos van juntos, no pueden separarse".

"Las películas de Hollywood actualmente, por los últimos 20 o 30 años, están hechas mayormente por abogados y agentes".

“En un libro el espacio primordial es el margen, porque se junta con el espacio de la página anterior. Y en el margen se puede escribir y tomar notas, que son tan importantes como el ‘texto principal’. Siempre me consideré un marginal”.

Twitter del autor: @alepholo