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¿Qué implicaciones políticas tiene el "In God We Trust” que EEUU adoptó como lema nacional?

Política

Por: pijamasurf - 11/16/2011

En una medida un tanto anacrónica, la Cámara de Representantes de Estados Unidos decidió reafirmar la frase "In God We Trust” como lema nacional, sin considerar que la confianza pública descansa más bien en las libertades y los derechos que en las creencias religiosas.

Esta semana la Cámara de Representantes de Estados Unidos aprobó por con 396 votos a favor y 9 en contra conservar el “In God We Trust” [“En Dios confiamos”] en los billetes que imprime el gobierno y que distingue a las instituciones públicas, además de nombrarlo el “motto [lema] oficial de los Estados Unidos”.

Muchos analistas han considerado con recelo esta reafirmación de dudoso patriotismo, sobre todo porque como frase nacional esta es más bien reciente: si bien forma parte de las leyendas de monedas y billetes desde 1864, fue solo en 1956, en plena Guerra Fría, cuando se le elevó a rango de “motto oficial”, a despecho del “E Pluribus Unum” [“de muchos, uno”] que se consigan en el Acta de 1782.

La adopción de dicho lema es más o menos comprensible en un contexto en que era necesario, por parte del sector político gobernante, estimular el apego de las mayorías por su nación, referir el nacionalismo a una entidad superior y, simultáneamente, granjearse el supuesto favor de la divinidad a la que apelaban. En este sentido, el complemento (ideo)lógico para el “Confiamos en Dios” sería “Porque Dios está de nuestro lado”.

Sin embargo, ahora, más de 50 años después, con la distribución geopolítica diametralmente distinta a la de entonces, con el franco declive de la fe en el Dios de los cristianos, esa reafirmación suena un tanto anacrónica y, si es que todavía es posible hablar de esto, distante de un hipotético anhelo colectivo que pudiera compartir la mayoría de los estadounidenses, además de otras circunstancias culturales que atinadamente señala Michael Shermer del LA Times:

Lo que es problemático —y debería perturbar a cualquier ciudadano ilustrado de una nación moderna como la nuestra— es la implicación de que en esta era de ciencia y tecnología, de computadoras y ciberespacio, de democracias liberales asegurando los derechos y las libertades de los pueblos oprimidos en todo el mundo, cualquiera pueda todavía sostener la creencia de que la religión tiene el monopolio sobre la moralidad y de que el fundamento de la confianza se basa en grabar cuatro palabras en ladrillos y papel.

Quizá podría preguntársele a Sherme, a la vista de esta aprobación, si de verdad la suya es una “nación moderna” de “ciudadanos ilustrados”. De entrada, los 396 miembros de la Cámara de Representantes que votaron a favor de la propuesta parecería que difícilmente se ajustan a dicha clasificación.

Sea como fuere, Shermer tiene razón al preferir una postura política verdaderamente liberal, laica, que destierre de todo discurso público toda referencia a alguna creencia religiosa (porque estas pertenecen al ámbito privado, subjetivo, donde cualquiera tiene derecho a creer en lo que quiera sin que otros le obliguen a creer en otra cosa). Sobre la libertad en que Estados Unidos fue fundado, Shermer dice: “Dios no tiene nada que ver en eso”. En lugar de Dios, la confianza descansa en la seguridad de que el Estado garantice una serie de libertades (de prensa, de asociación, de movimiento, etc.) y derechos (a la propiedad, la estabilidad económica, a un entorno limpio y seguro, entre otros) que al obtenerse y mantenerse incrementan la confianza entre los ciudadanos y de los ciudadanos hacia su gobierno.

Y concluye Shermer:

Así, parece que los estadounidenses están más conscientes ahora que hace medio siglo de que nos toca a nosotros asegurar nuestra libertad por medio de políticas seculares inteligentes con aplicaciones sociales prácticas más que con esperanza devota en lemas vacíos que son el reflejo de una época pasada.

Una advertencia que podría tener eco no solo en Estados Unidos, sino en cualquier otro país en que religión y política se mezclan y confunden, casi siempre con turbios resultados.

[LA Times]

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¿Está la CIA (por medio de Al-Qaeda) detrás de los rebeldes sirios?

Política

Por: pijamasurf - 11/16/2011

La posibilidad de que Al-Qaeda sea una organización al servicio de la CIA se plantea una vez más dado el camino que siguen algunos grupos supuestamente rebeldes en Siria.

Utilizando como foro el sitio de la independiente Red Voltaire, el intelectual de origen francés Thierry Meyssan denuncia que algunos grupos de rebeldes sirios bien podrían ser agentes de Al-Qaeda con los que la CIA y el gobierno estadounidense intentan manipular el devenir político del país árabe.

De acuerdo con testimonios presenciales recogidos por Red Voltaire, algunos de los supuestos rebeldes posee un acento distinto al sirio e identificado más con otras nacionalidades y etnias: “iraquíes, jordanos o libios, e incluso pashtunes”.

Asimismo, varios periódicos locales han informado sobre la infiltración al país de hasta 1,500 miembros del Grupo Islámico Combatiente en Libia (GICL), considerado una extensión de Al-Qaeda.

Meyssan habla además de la posibilidad, altamente probable, de que esta organización pretendidamente terrorista sea más bien de corte mercenario y esté al servicio de la CIA, la central de inteligencia del gobierno estadounidense. Escribe Meyssan:

Estas denuncias encuentran la incredulidad de quienes siguen creyendo que Al-Qaeda y la OTAN son enemigos irreconciliables e incapaces de cooperar entre sí. Lo cierto es que esas denuncias confirman la tesis que vengo defendiendo desde los atentados del 11 de septiembre de 2011, de que los individuos catalogados como Al-Qaeda son mercenarios utilizados por la CIA.

Desenhebrando la compleja red de relaciones entre los distintos grupos de poder que se disputan el incierto futuro sirio, el periodista se extraña de que aunque algunos de los dirigentes del GICL están fichados por la ONU y el Departamento de Estados de Estados Unidos —y que por esta razón debieran ser detenidos en cualquier país donde se encuentren— en Siria parecen operar con total libertad.

[Red Voltaire]