*

X
Concurridas clínicas en París restauran la virginidad; China produce "himenes artificiales"... Una incipiente industria económica de la virginidad se genera en el mundo sobre un viejo tabú de control y represión a través del sexo.

La herencia de cooptar el sexo para ejercer control y delimitar el poder personal aún impera en nuestros días de supuesta apertura e igualdad sexual: una de sus expresiones más sintomáticas es el castigo físico o social por perder la virginidad antes del matrimonio.

Este tabú hace que algunas mujeres incluso se suiciden antes de llegar al lecho nupcial sabiendo que no produciran la sangre del pacto. La virginidad principalmente es objeto de una enorme presión en el mundo árabe, pero esto no es exclusivo, el cristianismo en Medio Oriente es igualmente duro en este sentido y su sanción permea algunas zonas de África y Asia. Hasta tal punto que se ha generado una importante industria de la virginidad.

La BBC reporta de una clínica en París a la que acuden jóvenes mujeres árabes de alto poder adquisitivo a "restaurar su virginidad" por una operación que cuesta alrededor de 2 mil euros, y tiene muy poco riesgo. Menor aún si se considera que para algunas de estas mujeres no hacerse esta operación, la himenoplastia, puede signficar perder la vida o ser ostracizadas del mundo en el que viven.

Una mujer árabe, que va por el seudónimo de Sonia, dice: "Pense en suicidarme después de mi primera relación sexual, porque no veía otra opción". Pero eventualmente encontró la clínica de Dr Marc Abecassis para reconectar su himen. Sonia dice que nunca le dirá su secreto a nadie.

El Dr Abecassis realiza una himenoplastia al menos dos o tres veces por semana y sólo tarda 30 minutos bajo anestesia local. El Dr. señala que la mayoría de las pacientes tiene alrededor de 25 años, y que provienen de diferentes conextos sociales.

En la actualidad existen opciones no-quirúrgicas, con China liderando el mercado. Un sitio en internet vende himenes artificiales por sólo 23 euros, hechos de material elástico y llenos de sangre falsa. Una vez insertados en la vagina, la mujer puede simular la virginidad, según esta compañía. Claro que supone que el supuesto "desvirgador" no tendrá curiosidad de analizar la "flor" que acaba de romper o incluso guardarla en una cajita para usarla el siguiente Halloween.

Ota mujer, Nada, le cuenta a la BBC que creciendo en el campo en Libano se enamoró y perdió su virginidad. Después de 7 años de relación, la familia de su novio decidió que se casara con otra persona, lo que para Nada parecía ser el fin de todo. Tomó una botella de Panadol y se intentó suicidar. Años más tarde, Nada esta por casarse con su himen renovado.

Toda esta fijación en el mundo árabe por la virginidad no obedece a una cuestión religiosa escrita, es sobre todo un entendido cultural.

El sociólogo Sana Al Khaya cree que tiene que ver más con una cuestión de control: "Si ella es virgen, entonces no tiene forma de comparar a su esposo con otro hombre. Si ha estado con otros hombres, entonces tiene experienica. Tener experiencia hace que las mujeres sean más fuertes".

Esto es parte de una relación de poder, por una parte ejercida por los hombres, y por otra por las instituciones que prohiben la exploración sexual bajo prinicpios morales que esconden una dialéctica de poder, la cual se remonta incluso a la instauración del tabú y la prohibición, que da lugar a la posesión y la objetificación de las mujeres.

La virginidad que se pierde antes del matrimonio simboliza el pecado como incontinencia pasional, o ceder a los impulsos del cuerpo y no mantener la refinación del espíritu, que según la metáfora cristiana-platónica debe de ser el auriga racional que conduzca al carro y a los caballos. Pero la exploración sexual al mismo tiempo contiene la posibilidad de utilizar al cuerpo como llave del espíritu, y encontrar la pareja adecuada para que el sexo se convierta en alqumia que acerque a lo sagrado. En realidad el cristianismo originalemente promueve la castidad, no la virginidad; la castidad significa limpieza y no necesariamente inexperiencia sexual, sino, acaso, la purifiación del cuerpo para enaltecer la experiencia sexual.

Hay que recordar que las virgenes de la actualidad son sincretismos de diosas originalemente relacionadas con el sexo. Las transformaciones de Isis y Venus en la Virgen María son fáciles de trazar (Isis incluso reconstruye el falo de Osiris para poder realizar la alquimia sexual que simboliza su resurrección).

En el otro polo, tenemos a la virginidad pop que recientemente ha sido comercializada en Occidente, como es el caso de la modelo italiana Raffaella Fico, que ofreció su virginidad por 1 millón de euros. La ex Grande Fratello dijo a la prensa con frescura: “Si no me gusta, me tomaré una copa de vino y me olvidaré del asunto.” Y su hermano añadio a la puja diciendo que Rafaealla nunca había tenido novio y le rezaba diario al Padre Pio.

O una mujer de Estados Unidos con el seudónimo de Nathalie Dylan que en el 2008 anunció que subastaría su virginidad a través del sitio web de un burdel de Nevada.

Si uno busca en Google encuentra decenas de chicas que ofrecen su virginidad por unos miles de dólares, algunas dicen que para pagar deudas o liberarse de una apretada situación. La pregunta que surge es ¿está sobrevaluada la virginidad o en realidad contiene un valor espiritual, un sentido de metafísica inmaculada con el cual nuestra usurera sociedad no debería traficar?

Vía BBC
Te podría interesar:
Estudio confirma que las mujeres británicas desean con mayor frecuencia un shot de chocolate que un encuentro sexual, un buen vino, e incluso un kit de cosméticos

Si los hombre estuviésemos hechos de chocolate el ritmo sexual del planeta aumentaría. O al menos esa conclusión arroja un reciente estudio realizado en Inglaterra, que afirma que las mujeres británicas más a menudo piensan, deseosamente, en chocolate que en vino, sexo, o cosméticos de marcas glamorosas.

El estudio realizado a 2,000 británicas por la marca de cereal FiberPlus para entender la jerarquía de elementos que ocupan el deseo femenino, concluyó que el 33% de las entrevistadas piensa en chocolate al menos una vez durante el día, mientras que sólo 18% sienten un llamado similar hacia el sexo. Ellas buscan en el chocolate comodidad o un estimulo que las levante anímicamente. En contraste al menos el 60% de los hombres sienten el llamado de las feromonas una o varias veces al día, mientras que sólo el 11% busca saciar su búsqueda cotidiana con una barra de chocolate.

La pregunta esta en el aire ¿Quién será el primer hombre que logre fusionar su ADN con una substancia chocolatosa que le asegure una desbordada sexualidad?

Via India Report