Kohei Yoshiyuki narra que antes de tomar las fotos visitó los parques 6 meses amistando a los voyeuristas que acechaban a las parejas que se arrellanaban en el supuesto solaz íntimo de la oscuridad de los parques.
Algunas veces los voyeuristas no pueden manterse en su puesto de observador no participante y se abalanzan a tocar a las mujeres y entonces empiezan los problemas.
Las fotografías de Kohei Yoshiyuki exploran la vaga frontera entre la perversión, la bizarria y la metaestética.
Sex in the park and its sneaky spectators