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Estudios prueban graves efectos de la TV en la salud de niños y adolescentes

Salud

Por: pijamasurf - 06/16/2009

La televisión puede provocar depresión, obesidad, pérdida de atención, asma, falta de comunicación, etc; la evidencia crece, pero es eludida por afectar al aparato circulatorio del sistema socioeconómico en el que vivimos

 

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"The television, that insidious beast, that Medusa which freezes a billion people to stone every night, staring fixedly, that Siren which called and sang and promised so much and gave, after all, so little". -Ray Bradbury

Diversos estudios parecen confirmar que existe una relación entre el tiempo pasado viendo televisión y algunos efectos nocivos para la salud. La depresión, la obesidad, la falta de comunicación, la propensión al asma, el déficit de atención en los niños y la pérdida de interés en los juegos, podrían ser provocadas por la sobreexposición a la televisión.(Links a estudios sobre estas afecciones al final del artículo).

Un estudio realizado por Dimitri Christakis en el que se examinó la base de datos del National Longitudinal Survey of Youth, encontró que, en promedio, un niño que había visto dos horas de televisión al día antes de la edad de tres años tenía un 20% más de posibilidades de tener problemas de atención, en comparación a aquellos que no habían visto nada o casi nada de televisión.

Investigadores de la Universidad de Pittsburgh y la Escuela Médica de Harvard realizaron un estudio sobre los hábitos de consumo de medios en 4,142 adolescentes sanos, y calcularon que cada hora adicional de TV vista al día aumenta la probabilidad de deprimirse un 8%. Jugar juegos de video o computadora o ver videos por Internet no tuvieron estos efectos.

Analizando los hábitos de consumo a lo largo de los años de una serie de sujetos experimentales, el mismo estudio notó que de aquellos adolescentes que veían más televisión en 1995, muchos en el 2002 podían ser considerados como“depresivos”.

Y sin embargo, aunque la evidencia empieza a apilarse, la bola de nieve no acaba de rodar, probablemente por el papel preponderante que la “caja negra” tiene en nuestras vidas y en nuestro paradigma socioeconómico. Varios científicos, como Dimitri Christakis de la Universidad de Washington en Seattle, alertan que sus resultados son muchas veces dejados a un lado o vistos con reticencia, tanto por buena parte de la comunidad científica, como por los padres de familia y sobre todo por las grandes empresas, particularmente los medios de comunicación.

Algunas explicaciones podrían tener que ver con que los padres no quiere escuchar que es malo poner a sus hijos frente a la televisión, ya que esto les obliga a incluirlos (e incomodarles) en actividades que van desde aspirar la casa, a la socialización entre adultos. La televisión es la más fácil mamá substituta.

En el caso de los científicos, muchos de los estudios son cuestionados debido a la supuesta dificultad de medir factores cualitativos y sociológicos de una forma científicamente contundente. Por ejemplo, ¿las personas que ven mucha televisión son ya de suyo depresivas, o es la televisión la que provoca o al menos aumenta la depresión?

Y en el caso de la difusión de este mensaje por los medios de comunicación y la aceptación de su validez, es evidente que no sucede, puesto que va en contra de sus intereses, y sería una especie de autoatentado corporativo. Es como esperar que las marcas de tabaco publicaran las advertencias de salud, sin ser obligadas por el gobierno. Pero el caso es más delicado, puesto que la televisión -producida por gigantescos conglomerados que se entrelazan- es en buena medida el medio que sostiene el pegamento social y permite la existencia de las demás compañías y el sistema que las protege. Un mundo sin publicidad y sutil propaganda eléctrica, sin la difusión del status quo y el deseo aspiracional, sin la fabricación del deseo de ser como el otro y tener lo que tiene el otro (lo que sale en la televisión), y la necesidad de consumir lo nuevo, sería inimaginable, y significaría un colapso vertiginoso del sistema económico mundial.

Otros argumentan, también con razón, que ver televisión y escoger lo que se ve es parte de un derecho inalienable de libertad humana (el 1st amendment en Estados Unidos). Sin embargo, al conocer estos datos, al menos podríamos modificar y regular la forma en la que consumimos los rayos catódicos del televisor. Y seguramente no obligaríamos, al menos, a nuestros hijos a ver televisión, cuando quizá ni siquiera ellos quieran, o no fomentaríamos su adicción.

Algunos científicos comparan la investigación de los posibles daños de la televisión con los estudios sobre los daños del tabaco en su primera época, luchando contra grandes compañías por hacer consciente a la gente de sus resultados.

"Creo que tenemos suficientes datos para justificar etiquetas de advertencia", dice el pediatra de la Universidad de Pittsburg, Brian Primack, sobre los efectos de la televisión.

Lo cierto es que cada sociedad, como escoge a sus políticos, escoge sus drogas, y la televisión es una de nuestra favoritas, sacralizada por su electroconfort, como un viejo amigo en el que siempre se puede confiar. ¿Y cómo decirle a millones de personas que tal vez esa droga perfecta a la que nos hemos vuelto dulcemente adictos también tiene efectos sustancialmente noscivos (físicos) sobre nuestra salud... qué voluntad se puede usar para querer despertar de un sueño de opio electrónico?

Vía Nature

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1__hannah_clarkA primera vista Hannah Clark parece ser una adolescente normal, con una sonrisa tímida, una pasión por los animales e ir de compras con sus amigas, con el sueño de trabajar ayudando a los niños. Pero la vida de Hannah ha estado marcada por peripecias extraordinarias, su sonrisa actual es casi milagrosa. En 1994, cuando tenía 8 meses, se le diagnosticó una miocardiopatía (una inflamación del músculo del corazón que impide que éste trabaje apropiadamente). Hannah necesitaba un trasplante, pero en vez de extraer su corazón los doctores le añadieron otro a la edad de 2 años. El corazón traslplantado hacía las funciones del corazón propio, ya que fue "asociado" de forma paralela al corazón de Hannah. Sin embargo, Hannah enfrentó una nueva batalla ya que, como ocurre en algunos de estos trasplantes, su cuerpo rechazaba el nuevo corazón y era necesario tomar poderosos medicamentos de supresión inmunológica. Los fármacos le permitieron aceptar el corazón del donante pero también le produjeron cáncer, en lo qu fue una nueva batalla médica que duro años. 1_dos-corazones_hannah11 años depués de recibir su segundo corazón, los fármacos de inmuno-supresión dejaron de funcionar y el cuerpo de Hannah estaba rechazando el corazón del donante. En febrero del 2006, los doctores intentaron algo que nunca se había hecho antes: sacaron el corazón del donante, bajo la teoría de que el corazón de Hannah había descansado y se había vuelto más fuerte. Según el padre de Hannah, Paul Clark, las posibilidades erán menos del 50%, pero tenía que hacerse así y al final funcionó. "Le dio un largo descanso al corazón de Hannah para que pudiera recuperarse", explicó el cirujano, Magdi Yacoub, del Imperial College en Londres, queien había realizado el primer trasplante y regresó del retiro para hacer el segundo. "Es como magia", dice Yacoub, quien alienta a los donantes a darse de cuenta de lo que puede suceder cuando alguien decide dar un órgano. Ahora Hannah planea tomar un trabajo de verano; su familia bromea que tiene tanta energía que es difícil que se quede en casa. Para Hannah fueron dos corazones los que le permitieron sanar, uno solo no lo podría haber hecho. Girls Heart Heals Itself 10 Years After Transplant