La pornografía: ¿educador sexual o manipulador de información?

La pornografía se ha convertido no sólo en una alternativa erótica para adultos, sino también en un educador sexual para muchos jóvenes. Gracias a esto, la incidencia de accidentes e infecciones relacionados con prácticas sexuales cargadas de ignorancia ha aumentado en hospitales y centros de salud. Por ejemplo, muchas mujeres y hombres entran por Urgencias al haberse introducido, sin tener información ni conocimiento adecuado, bolas chinas de manera dolorosa y errónea.

Sin embargo, el consumo –no informado, no regulado, no consciente– de la pornografía puede alcanzar niveles muy profundos en el inconsciente y los procesos neurológicos. Al ver una escena erótica en donde al simple tacto del dedo sobre el brazo, la mujer gime de placer, un chico o una chica puede considerar que esa es la conducta normal y esperada durante el acto sexual: no obstante, no hay conciencia de que la excitación requiere de un proceso que va desde la estimulación de las zonas erógenas –labios, cuello, pezones, piernas, vulva, pene…– hasta la plena atención en las sensaciones durante el acto.

Y conforme el consumo inconsciente del porno se va regularizando, los niveles de adrenalina generados se van asimilando en el sistema nervioso central del cerebro. Es decir, el sistema nervioso normaliza el acto sexual resultando en un mayor deseo y consumo, por lo que el efecto final es similar al de una droga. Aunque esto es una reacción neurológica normal ante los niveles de adrenalina, surge el problema cuando en el video se evidencian conductas agresivas pues se aprehenden, se replican y se vuelven adictivas. Por lo tanto, no nos queda más que preguntarnos: ¿cuáles son las consecuencias de estas imágenes en nuestros cerebros, mentes, corazones y sociedades?

En palabras de Andrew Brown, columnista de The Guardian, el problema de la pornografía radica no en los actos, sino en las actitudes. Para él, si en la adultez no se entiende bien el concepto de consenso (la aceptación consciente), ¿cómo es que podrán entenderlo chicos de 15 años que se ven presionados socialmente y no comprenden racionalmente lo que están viendo a través de la pantalla?

Brown dice:

Con esto no se quiere satanizar el consumo de la pornografía, sino conscientizarlo para convertirlo en una herramienta útil para una salud sexual segura y plena. Para ello es importante darse cuenta de las actitudes agresivas, misóginas e incluso raciales que se normalizan a través de la cámara y a lo largo del acto sexual.

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