Supuesto espíritu de Shakespeare escribió obras de Víctor Hugo

Se dice que el expresidente Francisco I. Madero alcanzó el poder en México al dejarse guiar por su hermano durante sus sesiones espiritistas. Sorprendentemente, no es el único personaje en la historia de la humanidad que se ha dedicado a realizar este tipo prácticas para elaborar ambiciosos proyectos; entre ellos se encuentran los escritores Arthur Conan Doyle, Charles Dickens y Víctor Hugo. Incluso se dice que este último pasó largas temporadas en Gran Bretaña manteniendo comunicaciones con los espíritus de Shakespeare, Platón, Galileo, Napoleón, Aristóteles, Jesucristo, el Drama y la Muerte.

En el libro Lo que dicen las mesas parlantes (de la editorial Wunderkammer) existe una larga literalidad sobre las sesiones del autor de Les misérables con los espíritus; sin embargo, explica la editorial, “tampoco está todo ahí, pues hay cuadernos que fueron destruidos y otros que han desaparecido. Se trata de una selección de 128 páginas de unos encuentros que mantuvo entre 1853 y 1855, durante su exilio en la isla de Jersey, en el canal de la Mancha”.

Los especialistas en salud mental explican que estos síntomas, en que se cree establecer un tipo de comunicación con los espíritus, se refieren a un trastorno mental llamado parafrenia fantástica, la cual se manifiesta antes de los 30 años mediante inquietud, ansiedad y alucinaciones en torno a fuerzas cósmicas durante más de 6 meses. En el caso de Víctor Hugo, después de pasar por el trauma emocional de la muerte de su hija Leopoldine, el autor consagró gran parte de sus noches intentando establecer vínculos con personajes del otro mundo, hasta el punto de creer que eran ellos quienes le dictaban obras. Incluso hay partes de un drama que describe que fue recitado por Shakespeare durante sus diálogos.

Frente a ello, Víctor Hugo se preguntó “¿qué soy yo, un poeta o un profeta?” al reflexionar sobre el arte del ocultismo y espiritismo. A lo largo de los años en que se consideró un médium, especialmente durante sus conversaciones con el océano, extrajo “elementos definitorios de su poética, como cuando le pide al espíritu de los mares que le dé el sonido del viento y el de las olas, un auténtico manifiesto de lo que quería ser la poesía romántica, tan vinculada a la naturaleza encabritada”. Fue así que se convenció de haber conseguido una novela en 5 mil 500 versos alejandrinos, hasta que le hicieron notar que sufría episodios delirantes.

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