La actividad del Sol afecta tu comportamiento y tal vez influye en cuánto vivirás

Pocos elementos han tenido un papel tan relevante para la humanidad como el Sol. Más allá de que la presencia de este astro es indispensable para prácticamente toda forma de vida que conocemos, su figura ocupa un rol protagónico en cualquier cosmovisión registrada, lo cual le ha hecho acreedor de incontables mitos, representaciones y asociaciones a lo largo de la conciencia humana. Sin Sol no somos; sin Sol, la nada. 

Pero además de su hegemonía simbólica y su carácter de imprescindible para la vida en este planeta, el influjo del astro rey permea los procesos biológicos, los ciclos naturales e incluso los patrones conductuales de todos los seres que vivimos bajo su cobijo. Y en el caso de los seres humanos, con toda la complejidad que caracteriza nuestra realidad mental, esto resulta particularmente fascinante. 

Tras años de estudio, el científico ruso A. L. Chizhevsky concluyó en el siglo XIX que existía una cierta correlación entre los ciclos solares, que duran 11 años, y los sucesos históricos. De acuerdo con su investigación, 80% de los eventos históricos más importantes se registraban durante los periodos de máxima actividad solar. Esto le llevó a sugerir que la actividad solar tiene una injerencia directa en el sistema nervioso, y quizá en el estatus psíquico, de los seres humanos –lo cual se traducía en etapas de mayor vitalidad canalizada en cambios radicales.

Posterior al trabajo de Chizhevsky, que inauguró el estudio científico de las relaciones entre la mente humana y el Sol, se han llevado a cabo múltiples investigaciones relacionadas con las posibles consecuencias que la actividad solar detona en nuestra psique. Por ejemplo, un estudio advirtió una relación entre la actividad geomagnética de la Tierra, determinada en buena medida por la actividad solar, y el índice de suicidios que se registraron[1]. Otra investigación encontró una aparente asociación entre los casos clínicos de depresión y la actividad solar[2].

Aún más intrigante fue un estudio realizado en Noruega, que determinó una asociación entre la extensión de vida de una persona y el periodo solar bajo el cual nació. Tras analizar los registros de nacimiento y defunción de 8 mil 600 personas, se percataron de que las personas que nacían en períodos de baja actividad solar vivían en promedio 5.2 años más que aquellos nacidos en períodos de alta actividad.

Finalmente, existen reconocidos investigadores que sugieren un influjo directo entre los estados anímicos y la actividad del Sol. Por ejemplo, en 2011, cuando se registraron disturbios masivos en Inglaterra y una dramática caída en los mercados bursátiles, hubieron quienes apuntaron a la máxima solar, curiosamente sincronizada con tales eventos. Entonces, la psiquiatra de la Universidad de Columbia, Kelly Posner, sugirió que quizá tormentas solares afectan nuestro estado de ánimo, ya que actúan sobre nuestros biorritmos y nuestros neurotransmisores. “Una posible explicación de la asociación entre la actividad geomagnética, la depresión y el suicidio es que las tormentas geomagnéticas pueden desincronizar los ritmos circadianos y la producción de melanina”. 

 

 

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