Migrantes piden posada en el muro fronterizo de México con Estados Unidos

En México y Centroamérica la tradición de las posadas está muy arraigada. Estas últimas son un acto que memora, desde la visión cristiana, la víspera en que los padres de Cristo pidieron posada, justo la noche en la que María dio a luz. Recordando la vulnerabilidad en la que se encontraban y la solidaridad que buscaban, las posadas son, al menos en teoría, un acto común que recuerda la bondad y la compasión en tiempos navideños.

Las posadas en México y Centroamérica siguen siendo una tradición tan recurrente que, por ejemplo, casi ningún empleador deja de organizarlas para sus trabajadores. En este contexto cultural, un grupo de más de 200 migrantes pidieron “posada” a Estados Unidos, con las manos y los rostros pegados a los barrotes del muro fronterizo, por cierto, uno de los más vergonzoso de la historia, con más de 1000km de construcción. 

Los migrantes hicieron este acto simbólico como una manera de poner el tema migratorio en la mesa; muchos de ellos han quedado divididos después de su deportación, pues sus familias permanecen en Estados Unidos. En sólo 5 años han sido deportadas al menos 2 millones de personas, la mayoría latinos, que han quedado separados de sus familias. 

En esta tradicional posada llamada “Sin Fronteras”, organizada por agrupaciones de ambos países en el lago de San Diego, California, decenas de familiares se reunieron con sus parientes, separados por una barda que resulta casi ilusoria pero cruelmente verídica. Esta “pedida de posada” es un acto que apela a la solidaridad y la emancipación de cualquier barrera creada por los hombres.

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