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Resbaloso y asombroso... este caracol africano excede todas nuestras expectativas sobre el tamaño con que solemos imaginar a sus congéneres

Al pensar en las criaturas que viven bajo el suelo de un jardín, seguramente la mayoría de nosotros pensará en criaturas viscosas, que se arrastran o vuelan, que suelen tener una estructura anatómica sumamente peculiar pero, por encima de todo esto, de tamaño más bien reducido.

Y qué fortuna que sean pequeños, pensarán otros más, pues esas mismas características hacen que algunas personas los encuentren repugnantes, terroríficos o al menos poco agradables.

De ahí también que cuando descubrimos insectos que exceden nuestras expectativas no sepamos cómo reaccionar, si con asombro o con miedo, si elogiando a la naturaleza por sus creaciones o admirándola desde una distancia segura.

Las imágenes que acompañan esta nota muestran al Achatina achatina, nombre científico del caracol terrestre más grande del mundo, al que coloquialmente se conoce como caracol gigante de África, caracol gigante de Ghana y caracol tigre. Dicha nomenclatura, por cierto, proviene de la palabra en griego antiguo para “ágata”, misma que alude a los colores de la concha del animal.

Este molusco terrestre (que, vale la pena remarcar, no debe ser catalogado como insecto) puede crecer hasta los 30cm de longitud, con una concha de 10cm de diámetro. Como su nombre indica, es natural de ciertas regiones de África, en especial de las costas del oeste del continente, en países como Sierra Leona, Togo, Ghana, Nigeria y Costa de Marfil, entre otros.

Se trata, por supuesto, de una especie inofensiva, salvo quizá por su elevada capacidad de proliferación, lo cual la puede convertir rápidamente en una plaga cuando es introducida en hábitats que no le corresponden. En este sentido, quizá debería agradecerse que no sea como el raro caracol carnívoro de Nueva Zelanda, del que hemos hablado antes.

Las imágenes, por último, son obra de Adrian Kozakiewicz, quien se presenta a sí mismo en redes sociales con el singular título de “uno de los mayores criadores de insectos en Europa”.

 

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Para el profesor Gregory Okin, profesor de geografía y autor de una investigación al respecto, "las mascotas tienen muchos beneficios, pero también un importante impacto ambiental"

En los últimos años se han buscado múltiples alternativas para reducir la huella ecológica individual y global como medida para disminuir los síntomas del cambio climático. Entre las investigaciones más promovidas se encuentra la que explica que la acción que mayor impacto negativo tiene en el medio ambiente es tener hijos. Sin embargo, se ha descubierto que las mascotas también tienen un impacto más o menos significativo que vale la pena observar.

De acuerdo con una investigación realizada por científicos de UCLA en Estados Unidos, los dueños de los hijoperros compran artículos como camas ergonómicas, champú de manzanilla, regalos con sabor a tocino y otros artículos que resultan en un total de 47 miles de millones de dólares y 64 millones de toneladas de dióxido de carbono al año. Es decir, un equivalente al impacto de 13.6 millones de automóviles al año. Y en caso de que tengan una dieta basada en carne, se tiene un mayor impacto ambiental en términos de erosión, pesticidas y desperdicios en energía, suelo y agua.

Para el profesor Gregory Okin, profesor de geografía y autor del estudio, no se trata de deshacerse de las mascotas o ponerlas bajo régimen vegetariano –lo cual, por cierto, es contraproducente– sino de “considerar todo el impacto que las mascotas pueden generar y tener una conversación honesta al respecto. Las mascotas tienen muchos beneficios, pero también un importante impacto ambiental”.

Tan sólo en EEUU, explica Okin, se estima que hay 163 millones de gatos y perros, los cuales: a) implican el 40% del impacto ambiental del consumo cárnico en este país; b) en caso de que ocupasen un país, los perros y gatos se convertirían en la quinta nación de mayor consumo de carne; c) producen alrededor de 5.1 millones de toneladas de heces al año 8cantidad equivalente a 90 millones de estadounidenses); y d) tanto los perros como los gatos consumen la misma cantidad de calorías que toda la población de Francia en 1 año.

Para regular y reducir la huella ambiental de las mascotas, existen algunas alternativas que compartimos a continuación:

– Regula la cantidad de alimentación al día. Muchas mascotas tienen más peso de lo que su raza, edad o salud requerirían, resultando ello, en ocasiones, en una serie de costosas complicaciones como diabetes, enfermedades cardiovasculares o problemas en los tendones. Es mejor preguntarle al veterinario la cantidad adecuada para la mascota.

– Antes de comprar una marca, revisa los ingredientes. Los perros y los gatos son felices con objetos reutilizados y reciclados. Realmente no requieren ni necesitan un producto cárnico con sabor a pollo y camarón. Elige alimentos que supongan un potencial proteínico mediante la carne de res, pollo o pez y evita aquellos con maíz, semillas, granos y otros aditivos. Las últimas opciones pueden costar menos, pero tienen mucho más impacto en el medio ambiente.

– Salgan a caminar o a correr juntos. Una caminata diaria de 15 minutos no sólo ayuda al desestrés del dueño; también, a la quema de calorías de ambos.

– Recicla los contenedores de comida. Las bolsas de los alimentos y las envolturas de los juguetes, entre otros, son productos que pueden reciclarse, y así se puede evitar que tengan un mayor impacto en el medio ambiente.

– Elige las bolsas ecológicas. En los últimos años han surgido alternativas ecológicas a las bolsas para recoger los desechos fecales de los animales; son bolsas biodegradables y libres de los contaminantes.

– Adopta en vez de comprar. En la calle, carreteras y perreras existen múltiples animales en espera de ser adoptados o eutanizados. En vez de comprar en función de una raza, adoptar a un animal puede no sólo reducir la huella ecológica sino, también, mejorar el vínculo afectivo entre dueño y mascota.

– No dejes los residuos fecales a mitad de la calle. Se trata de una educación cívica que envuelve a la convivencia social con el objetivo de reducir la incidencia de infecciones, plagas y enfermedades.