*

X

El argumento de Tolstói para volverse vegetariano es irrebatible

Buena Vida

Por: pijamasurf - 03/23/2017

Para Tolstói, una vida de virtud y sobriedad implica, necesariamente, tomar ciertas decisiones

Entre las decisiones de vida de León Tolstói, sin duda una de las más interesantes es aquella que le llevó a renunciar a los privilegios de su clase. Quizá no muchos sepan que Tolstói era miembro de la nobleza rusa y que por mucho tiempo ostentó el título de conde, el cual heredó de su padre. Con todo, aparentemente harto de la frivolidad de la aristocracia, dio la espalda a su posición y sus riquezas y abrazó una vida mucho más sencilla, pero llena de sentido; él, que atestiguó los horrores de la guerra y escribió sobre ellos, suscribió una ideología pacifista e incluso argumentó a favor de cierto anarquismo civilizado, en donde el individuo derruyera la enajenación que genera el Estado a favor tanto de su propia persona como del trabajo colectivo con sus coetáneos (abundamos sobre dichas ideas en esta nota).

En su obra también es posible encontrar efectos de este cambio de vida, por ejemplo, un libro dedicado a comentar los Evangelios (el cual, anecdóticamente, Ludwig Wittgenstein leyó con interés cuando fue voluntario en la primera guerra mundial), además de otros escritos en torno a ideas filosóficas, espirituales e incluso teológicas orientadas a liberar al ser humano de la obediencia, los vicios y otros males que nos impiden desarrollar nuestro potencial, individual y colectivamente.

Como parte de esa forma de vivir (o, mejor dicho, de la congruencia natural que surge cuando una persona toma conciencia de su vida), Tolstói adoptó también una dieta libre de carne, una decisión lógica una vez que optó por combatir toda forma de violencia.

Como sabemos, salvo por los tiempos primitivos o en las épocas remotas de espiritualidad profunda, la historia del consumo de carne ha estado asociada casi siempre con distintos grados de sufrimiento hacia los animales, en prácticamente todas las etapas de su producción.

En “El primer paso”, un ensayo de 1891, Tolstói escribió:

Si alguien busca real y seriamente vivir una buena vida, lo primero de lo cual tendría que abstenerse por siempre es de consumir carne, porque, sin mencionar toda la excitación de pasiones que provoca ese tipo de alimento, su consumo es simplemente inmoral, en la medida en que involucra la realización de un acto que va en contra de todo sentido moral: matar.

No se puede fingir ignorancia, porque no somos avestruces; no podemos creer que, si no miramos, no sucederá lo que no queremos ver. Más imposible aún es no querer ver lo que comemos.

Personas jóvenes, amables, intachables –especialmente mujeres y niñas, sin saber cómo esto se sigue lógicamente, sienten que la virtud es incompatible con los filetes de ternera y, tan pronto como desean ser buenas, abandonan el consumo de carne.

Como podemos ver, Tolstói enmarca esa elección de dieta en una forma de vida mucho más amplia que, brevemente, podemos caracterizar por su orientación hacia la virtud, una “vida moral”, según dice en esa misma sección de su ensayo. Él mismo, por otro lado, acepta que no es necesario dejar de comer carne para ser buenos, pero al mismo tiempo sugiere que una vez que se toma conciencia de ciertos aspectos de la existencia, la coherencia misma de este “despertar” conduce a modificar la manera en que vivimos, en pequeñas acciones quizá, y en otras de mayor trascendencia, pero en cualquier caso guiadas por esa voluntad moral del bien vivir. Nos dice Tolstói:

¿Qué quiero probar? ¿Acaso que los hombres, para ser buenos, deben cesar de comer carne? No.

Quiero solamente demostrar que, para conseguir llevar una vida moral, es indispensable adquirir progresivamente las cualidades necesarias, y que de todas las virtudes, la que primero hay que conquistar es la sobriedad, la voluntad de dominar las pasiones. Tendiendo hacia la abstinencia, el hombre seguirá, necesariamente, cierto orden bien definido, y en el tal orden, la primera virtud será la sobriedad en la alimentación, el ayuno relativo.

Para cerrar esta nota quisiéramos decir que cada persona es libre de hacer lo que le plazca con los alimentos que consume; sin embargo, eso no es cierto. La libertad no es algo que se nos da en el mundo, que tenemos de facto, sino más bien algo que se construye personalmente, en función de las propias circunstancias. ¿Te has preguntado cuántos de tus hábitos alimenticios están determinados por los intereses de una empresa, por ejemplo? ¿De dónde nos viene la idea de que el desayuno es la comida más importante del día o que el cuerpo humano necesita comer carne para mantenerse saludable? No es sencillo hablar de libertad cuando hay tantos factores inmiscuidos en un “simple” hábito alimenticio.

Más allá del vegetarianismo, el argumento de Tolstói también puede tomarse como una invitación a reflexionar sobre el curso de nuestra existencia, si está orientado a lo que de verdad queremos para nuestra vida.

 

En este enlace, una versión en PDF de “El primer paso”, el ensayo de Tolstói.

En Pijama SurfLeón Tolstói sobre cómo el Estado nos enajena (y cómo liberarnos de su influencia)

Lo que no mata, fortalece: cómo desencadenar el verdadero potencial de nuestro cuerpo

Buena Vida

Por: Kin Navarro - 03/23/2017

La comodidad es puesta a prueba: la clave para la salud podría encontrarse en retroceder un poco en el tiempo y practicar esta nueva teoría

Bañarse con agua fría, enfrentarse a una nevada sin abrigo, caminar descalzo sobre suelo irregular, éstas y muchas otras prácticas están siendo retomadas pese a los grandes avances culturales y tecnológicos que nos han permitido evitarlas.

¿Qué hace que la gente se interese en retomar viejos obstáculos? ¿Por qué regresar a las condiciones desventajosas contra las que nuestros ancestros lucharon?

Desde hace miles de años la humanidad se ha enfrentado a duras condiciones de subsistencia. En condiciones naturales todo lo que nos rodea representa un reto para la supervivencia misma, se trata de la constante entre hacer o morir: obtener leña, procurar alimentos, construir o buscar refugios, protegerse contra el frío, son apenas algunas de las principales tareas en las que día a día empleábamos toda nuestra energía para no quedar en el camino.

Nuestro cuerpo se veía constantemente comprometido: raspones, golpes, torceduras, fracturas, hipotermia, quemaduras, mordidas, picaduras, en fin, una larga lista de pequeños accidentes que podían complicarse y acabar fácilmente con nuestra vida. Nuestro cuerpo reacciona a todo lo que le rodea, lo que no nos mató nos hizo más fuertes.

 

 

200 mil años después aquí estamos, sentados todo el día frente a monitores que despiden luz para mostrar complejas redes de significados de las que extraemos información necesaria para generar más información necesaria para extender nuestra red de comodidad.

A donde quiera que vamos transformamos el entorno con facilidad pasmante para adecuarlo a este estilo de vida en que cualquier esfuerzo que se considere innecesario se evita a toda costa. Casas con temperaturas constantes, protegidas de la lluvia, el Sol y el viento, comida y agua a unos cuantos pasos, iluminación artificial, todas nuestras necesidades satisfechas, una homeostasis completa, un equilibrio y constancia en nuestras condiciones de vida, confortable y satisfactoria.

Vivimos estresados por amenazas simbólicas que nada tienen que ver directamente con el mundo físico: dinero, puntualidad, prestigio, aceptación social y otras abstracciones que pertenecen a la esfera de lo social ocupan nuestro tiempo. Lejos, muy lejos, están los días en que enfrentar los retos de la naturaleza implicaba sacrificio y sufrimiento constantes.

Y qué bueno que sea así, miles murieron soñando con este día (aunque muchos aún lo esperan soñando). De cualquier manera, la tecnología que nos sirvió para eliminar los factores y enfermedades que antes nos mataban ha provocado nuevas enfermedades, síntomas de un exceso de comodidad. Por un lado, las enfermedades autoinmunes van al alza, aquellas en las que las propias defensas del cuerpo, como hastiadas de no ser puestas a prueba, comienzan a atacar al cuerpo mismo; por el otro, enfermedades como la diabetes, la obesidad, el dolor crónico, la hipertensión y hasta la gota revelan cuerpos en reposo excesivo y, a la larga, letal.

Se dice que para mantenerse saludable basta con ejercitarse regularmente y tener una alimentación adecuada pero miles de personas lo complementan con estas nuevas prácticas, el tercer pilar de una vida sana, según algunos: la estimulación ambiental.

 

 

De acuerdo con Scott Carney, autor de What Doesn’t Kill Us:

Hay un creciente consenso entre muchos científicos y atletas sobre que los humanos no estamos constituidos para una homeostasis eterna y sin esfuerzos. La evolución nos hizo buscar confort pero éste nunca fue la norma. La biología humana requiere de estrés –no la clase de estrés que daña al músculo, provoca que nos coma un oso o degrada nuestro físico, sino el tipo de oscilaciones ambientales y físicas que vigorizan nuestros sistema nervioso.

Además de Carney, su maestro, Wim Hof cree que enfrentarse a condiciones extremas de forma controlada puede desencadenar la fuerza y resistencia animal que tenemos. Hof rompió el récord mundial de nado bajo hielo luego de recorrer 50m sin salir a tomar aire, puede aguantar la respiración por 5 minutos y sentarse en hielo durante 72 minutos. Abrió un pequeño campamento en Polonia en el que enseña a varios cómo soportar estas condiciones climatológicas. También ha escalado montes con tan sólo un par de shorts puestos. Varias de esas habilidades son, en comparación con una mayoría pasmante, superpoderes. Según Carney:

El libro se trata sobre reexaminar nuestra relación con el ambiente y vernos como parte de algo mayor que los espacios confortables en los que hemos escogido vivir. Explorar cómo cambiar el ambiente alrededor del cuerpo cambia al cuerpo también. Aún más importante, muestra cómo es posible manipular nuestro ambiente exterior para disparar reacciones autónomas de formas predecibles. Una vez que te das cuenta de que puedes manipular partes profundas de tu fisiología activando respuestas preprogramadas identificables, puedes comenzar a ceder algunos aspectos de esa automatización a tu conciencia.

Nuestros cuerpos y cerebros evolucionaron mientras se enfrentaban a estas condiciones, ¿regresar a ellas en esta época podría reportar beneficios aún más grandes? Sólo la práctica lo dirá.