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Datos que debes conocer sobre el encomiable Julio Scherer (1926-2015)

Por: Ana Paula de la Torre - 01/07/2015

El periodista mexicano más importante del siglo pasado dejó atrás un legado que cambió la manera en que la sociedad mexicana percibe y se cuenta su realidad

115La vocación por el periodismo va más allá de cualquier reconocimiento, posicionamiento social o negocio; es como un motor en la búsqueda por la "verdad", hasta donde es alcanzable, para que sea útil a la sociedad. Lo anterior hace que los personajes que han probado, sin pretensiones y con su ejemplo, poseer una genuina vocación periodística, hayan llevado vidas de arduo trabajo, abocados completamente a un servicio y en plena resonancia con su oficio. Una vida orientada a una causa silenciosa que da fuerza para incontables desvelos y el frenético ritmo que conlleva el buscar y  acercar la verdad.

Julio Scherer sin duda embona en el anterior perfil, y ha sido quizá el periodista más importante de México. Cambió el periodismo en este país, y por lo tanto el rumbo de la vida social mexicana (de tal tamaño es), cuando creó la revista Proceso, pues marcó un parteaguas inaudito: en la tradición periodística de México, hasta Scherer, los periódicos que habían llevado la batuta para contar la “realidad” mexicana habían sido El Universal, iniciado a principios del siglo pasado, y Excélsior, que él mismo dirigió, y al que también renunció más tarde por la presión del gobierno. 

Con la llegada de Proceso se inauguró el primer medio abiertamente crítico en el país: la manera en que percibimos el México de hoy se debe en gran parte a la labor de su fundador, Julio Scherer, que hoy ha dejado este mundo, con un legado loable:

Te compartimos algunos datos sobre su vida para que conozcas un poco más de este memorable personaje:

  • Inició en la UNAM el estudio de dos carreras: derecho y después filosofía, pero no concluyó ninguna.
  • Incursionó en el periodismo en una aparente casualidad, cuando a sus 18 años comenzó como mandadero de la redacción de Excélsior:  años más tarde llegó a ser su director.
  • De mandadero a periodista: a los 23 años ya había conseguido publicar en Excélsior
  • Consiguió ser el director de Excélsior en 1968, una época en que la crítica al gobierno era muy peligrosa; el mismo año de la matanza de los estudiantes en Tlatelolco; aún así, con Scherer al frente, este periódico fue el único en publicar una caricatura con un "¿Por qué?" –en una evidente alusión a la culpabilidad del Estado mexicano en la muerte de los estudiantes. 
  • Junto con otros encomiables periodistas e intelectuales, Scherer salió de Excélsior en 1976, al lado de Miguel Ángel Granados Chapa (Octavio Paz también abandonó un suplemento de Excélsior cuando salió Scherer), luego de una maniobra orquestada desde la presidencia de Echeverría, según documenta la misma Proceso.
  • En 1988 rechazó el Premio Nacional de Periodismo, porque en ese entonces era entregado por el presidente de la república en turno.
  • Fue invitado por el EZLN como mediador en los acuerdos con el gobierno, pero él rechazó la oferta por considerar que sería contraproducente a la imparcialidad necesaria para su labor periodística. 
  • En 1976 funda Proceso, y la dirigió por 20 años. 
  • Hasta hoy, Proceso sigue siendo uno de los medios más influyentes del país; ha albergado a grandes del periodismo, y sobrevivido, abriendo paso con ello a nuevos medios de comunicación más libres.

 

Twitter de la autora: @anapauladelatd

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¿Es la muerte lenta del cáncer la mejor forma de morir?

Por: pijamasurf - 01/07/2015

El médico Richard Smith hace una apología a morir de cáncer como algo mejor a morir súbitamente o de demencia senil. Vale la pena considerar su argumento

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La mayoría de las personas, si uno les pregunta cómo les gustaría morir, dirían: “dormido”. Es decir, de muerte súbita. Nadie responde que le gustaría morir de demencia senil y mucho menos de cáncer, esa enfermedad que ha marcado al mundo de modo tan profundo que su interpretación ha sido usada para interpretar la sociedad misma. Pero he aquí una interesante apología del cáncer, por el doctor Richard Smith.

Hay, como he repetido mil veces, cuatro maneras de morir: la muerte súbita; la muerte lenta y larga de la demencia; la subibaja muerte del fallo de órganos, donde es difícil identificar el declive final y los doctores se ven tentados a seguir tratando por demasiado tiempo; y la muerte de cáncer, donde puedes colear por un buen rato pero descender usualmente en cuestión de semanas. El suicidio, asistido o no, es una quinta, pero dejaré eso a un lado por ahora.

Smith continúa diciendo que morir súbitamente sea quizá la menos traumática de las muertes para la persona que muere. Al mismo tiempo, una muerte súbita es casi seguramente la más traumática de todas para los seres queridos:

Puede ser demasiado fuerte para los que te rodean, particularmente si dejas una relación lastimada y sin sanar. Si quieres morir súbitamente, vive cada día como tu último y asegúrate de que todas las relaciones importantes están en buenas condiciones, tus asuntos en orden e instrucciones para tu funeral escritas limpiamente en un cajón a la mano; o quizá mejor en Facebook.

Smith dice que la muerte por demencia sería probablemente la peor, aunque a medida que pasa tu identidad se habrá debilitado tanto que morir “podría ser igual que un suave beso”. El fallo de órganos te pondrá en el hospital a mano de doctores. Smith desconfía de los esfuerzos médicos para prolongar una vida condenada.

Y luego está el cáncer:

Así que la muerte por cáncer es la mejor… Puedes decir adiós, reflexionar sobre tu vida, dejar últimos mensajes, quizá visitar lugares especiales por última vez, escuchar tus piezas de música favoritas, leer poemas queridos y prepararte, de acuerdo a tus creencias, a conocer a tu creador o disfrutar del eterno olvido.

Esta es, lo reconozco, una perspectiva romántica de morir, pero es realizable con amor, morfina y whisky. Pero aléjate de oncólogos sobreambiciosos, y dejemos de gastar billones tratando de curar el cáncer que potencialmente nos dejará morir una muerte mucho más terrorífica.