Bajo el hielo: Greenpeace se sumerge a 3,000 metros para retratar lo que podríamos perder para siempre
Ecosistemas
Por: Mateo León - 05/12/2026
Por: Mateo León - 05/12/2026
Existe un territorio en nuestro planeta que nadie ha visto. No está en otro continente ni en una galaxia lejana: está debajo de nosotros, a miles de metros bajo la superficie del océano. Apenas el 5% del océano ha sido explorado por la humanidad. El resto permanece oscuro, sin cartografiar, y —hasta hace poco— relativamente a salvo. Eso podría estar cambiando.
El 8 de mayo de 2026, Greenpeace lanzó la Expedición a las Profundidades del Ártico, una misión de un mes que reunió a científicos de clase mundial para explorar uno de los ecosistemas menos conocidos del planeta: los montes submarinos y campos de fuentes hidrotermales del Ártico. Desde esas profundidades —hasta 3,000 metros bajo la superficie— transmitirán en vivo lo que encuentren. La apuesta es tan científica como política.
Las fuentes hidrotermales son grietas en el fondo marino por donde escapa calor volcánico. En la oscuridad total, sin fotosíntesis posible, la vida encontró otra manera de existir: usando la energía química de las reacciones geotérmicas. Son ecosistemas que llevan funcionando cientos de millones de años y que, para la ciencia, siguen siendo en gran medida un misterio.
El Dr. Paco Cárdenas, taxónomo de esponjas de la Universidad de Uppsala y parte de la expedición, describe a estos organismos como las "bibliotecas químicas" del océano: repositorios de información biológica, posibles fuentes de curas para enfermedades, y filtros naturales que mantienen los mares limpios. Los científicos prevén encontrar nuevas especies marinas adaptadas a condiciones extremas de oscuridad, presión y bajas temperaturas, desde esponjas y crustáceos hasta anélidos y otras formas de vida profunda que podrían aportar información clave sobre evolución y biodiversidad oceánica.
Actualmente se estiman alrededor de 200,000 especies identificadas en aguas profundas, pero con cada nueva exploración científica se siguen nombrando especies que la ciencia nunca había registrado. Lo que la expedición de Greenpeace podría añadir a esa lista nadie lo sabe todavía.
La urgencia de la expedición no es solo científica. Tiene que ver con una carrera industrial que ya comenzó.
En 2024, Noruega se convirtió en el primer país del mundo en dar luz verde a la minería en aguas profundas, abriendo potencialmente alrededor de 280,000 kilómetros cuadrados de fondo marino —situados entre Svalbard, Groenlandia e Islandia— para la extracción de minerales como cobalto y zinc, esenciales para baterías de vehículos eléctricos. La paradoja es evidente: tecnologías diseñadas para salvar el clima podrían destruir ecosistemas que regulan ese mismo clima.
En diciembre de 2025, el Parlamento noruego suspendió hasta al menos 2029 las licencias de exploración y explotación, reconociendo que no existe suficiente respaldo científico que garantice que la actividad pueda realizarse sin causar daños ambientales graves. Una pausa, no un alto definitivo.
Según datos de WWF Noruega, el gobierno reconoce que no existen datos ambientales para el 99% del fondo marino del Ártico. Es decir: se estaba a punto de explotar un territorio que no se había estudiado.
La presión sobre estos ecosistemas no viene solo de la industria minera. El calentamiento del Ártico se está produciendo hasta cuatro veces más rápido que la media mundial, lo que significa que los ecosistemas están cambiando muy deprisa. A eso se suma la acidificación del océano y la disminución del hielo marino, procesos que alteran las cadenas alimenticias desde la base.
Los ecosistemas de aguas profundas son clave para la mitigación del cambio climático: ante la falta de luz, los microorganismos usan la energía de reacciones químicas para absorber carbono y formar compuestos orgánicos, procesos que influyen en la capacidad de los océanos para circular nutrientes y absorber dióxido de carbono de la atmósfera. Dicho de otro modo: el fondo del Ártico no es solo un depósito de minerales. Es parte del sistema de soporte vital del planeta.
Entre el 15 y el 30 de mayo, Greenpeace y los científicos a bordo realizarán transmisiones en directo desde el lecho marino, en lo que sería una de las primeras ventanas en tiempo real hacia esas profundidades. La expedición concluirá en Bergen, Noruega, a principios de junio, donde los hallazgos iniciales serán presentados a la sociedad y a tomadores de decisiones.
La científica jefe de Greenpeace Internacional, Dra. Sandra Schöttner, lo resumió con una frase que podría aplicarse a casi cualquier cosa que la humanidad está a punto de destruir antes de entender: "No podemos proteger lo que no conocemos".
La misión llega en un momento decisivo para la protección oceánica mundial, cuando gobiernos y organizaciones internacionales debaten cómo cumplir el objetivo global de proteger el 30% de las aguas internacionales antes de 2030. México ya forma parte de esa coalición.
Lo que los científicos encuentren a 3,000 metros de profundidad podría ser la diferencia entre un argumento y una evidencia. Entre una advertencia y una prueba. Entre perder algo para siempre y decidir, a tiempo, que valía la pena protegerlo.
La expedición se desarrolla del 8 de mayo al 5 de junio de 2026. Las transmisiones en vivo desde el fondo marino están programadas entre el 15 y el 30 de mayo.