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El 19 de abril de 1943 el Dr. Albert Hofmann decidió por primera vez experimentar con LSD; viajando en bici para resguardarse en su casa el buen doctor conoció los efectos psicodélicos de esta sustancia viendo el paisaje cambiar, contemplando el pasto y la luz del sol.

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Como ya es una tradición en este sitio hoy celebramos el primer viaje intencional de LSD en la historia de la humanidad. El 19 de abril de 1943 el Dr. Albert Hofmann decidió probar una nueva droga que había desarrollado en sus laboratorios en Suiza años antes trabajando con el ergot, un hongo que se genera en el pan de centeno (y que se dice habría sido usado en los misterios griegos de Eleusis) en busca de encontrar un estimulante circulatorio. Los accidentes son la materia prima de la creación y el 16 de abril de 1943 Hofmann ingirió accidentalmente un poco de LSD –"todo hombre derrama la sustancia que ama”, decía Robert Anton Wilson parafraseando a Oscar Wilde. Esta pequeña dosis fue suficiente para desatar a su imaginación y preparar el histórico primer viaje de dietilamida de ácido lisérgico.

El día que ahora felizmente conocemos como “el día de la bicicleta”, Hofmann decidió tomar 250 microgramos de LSD-25 (el umbral de la dosis son 20 microgramos). Después de ingerir la ominosa sustancia, el Dr. Hofmann fue presa de un momento inicial de pánico  –lo que se explica por la gran cantidad de ácido que consumió sin tener referencias, coqueteando con un mal viaje que al no apuntalarse permitió dar curso a la historia de la psicodelia… después de una examinación médica superficial Hofmann comprobó que estaba bien y decidió explorar la sustancia. Como todo verdadero psiconauta primeró tuvo que atravesar el inframundo para transformar su conciencia. Le pidió a su asistente que lo llevara a casa, en bicicleta, porque no se podían usar vehículos motorizados por la guerra. En el viaje en bici, al entrar en contacto con la luz del sol y la naturaleza, ocurrió la primera epifanía psicodélica sunshine acid:

Poco a poco empecé a disfrutar una serie sin precedente de colores y formas jugando persistentemente detrás de mis ojos cerrados. Imágenes fantásticas surgían, alternándose, variando, abriendo y cerrándose en círculos, explotando en fuentes, reacomodándose e hibridizándose en un flujo constante.

El nacimiento del flujo de fractales característico del LSD en la pantalla de la mente. El primer hito en la conformación de un campo morfogenético psicodélico que influiría en la conciencia colectiva del planeta.

Tuve la sensación de que veía la tierra y la belleza de la naturaleza como era cuando fue creada. Fue una experiencia maravillosa. Un renacimiento, ver la naturaleza bajo una luz nueva…

Rápidamente después de descubrir la sustancia, Hofmann se dio cuenta de que podía ser usada para fines terapéuticos. Algo que fue probado con éxito por personajes como el actor inglés Cary Grant y en un inicio embanderado por Aldous Huxley (quien se hizo amigo de Hofmann y tomó LSD al momento de su muerte). Más tarde llegaría Tim Leary y el LSD se volvería casi mainstream, se prohibiría y hasta sería usado por la CIA en programas de control mental como el MK-ULTRA. Pese a este destino, el LSD, que fuera detonante del movimiento hippie, cambió paradigmáticamente la conciencia del mundo –con paraísos e infiernos en la misma gota, pero haciéndonos ver que es la mente la que los hace así (“La mente es su propio lugar y en sí misma puede hacer un cielo del infierno y un infierno del cielo”, escribió Milton).

 

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Hofmann creía que el LSD, su “hijo problema”, podía cumplir con la función de reconectar a la gente con la “naturaleza viva”, algo que se ha perdido en la modernidad y que es una herramienta evolutivamente útil. "Necesitamos un nuevo concepto de realidad y un nuevo conjunto de valores para transformarnos de manera positiva. El LSD podría ayudar a generar un nuevo concepto en ese sentido", filosofó Hofmann más tarde en su vida, la cual dedicó en buena parte a explorar la química psicodélica, sintetizando la psilocibina por primera vez y tomando la "ruta de Eleusis".

Murió a los 102 años de edad, con una lucidez que demostró que el LSD –tomado con conciencia– difícilmente se puede considerar como un peligro para la salud. El Dr. Hofmann quería que se volvieran a hacer experimentos científicos con el LSD y posiblemente permitir su uso terapéutico, incluso escribió antes de su muerte una carta a Steve Jobs, quien había declarado sobre la profunda influencia que tuvo en su vida tomar LSD, con el fin de que éste ayudara a reavivar el interés médico por los psicodélicos –pero Jobs nunca le contestó. En los últimos años, sin embargo, ha habido una incipiente apertura al estudio de los psicodélicos, como es el uso de la psilocibina para pacientes terminales y otros tratamientos (algunos de los cuales están detenidos justamente por el remanente prejuicio de que estas sustancias son malignas); se estudia también  los posibles beneficios del LSD para el tratamiento de la cefalea en racimos. Este año concluyó el primer estudio terapéutico avalado por la comunidad científica con LSD en 40 años: los resultados muestran que el LSD puede ser usado de manera efectiva para aliviar la ansiedad relativa a la muerte en pacientes terminales. En el sitio de la organización MAPS, propulsorde una serie de proyectos que buscan reactivar el estudio científico de los psicodélicos, se pueden consultar noticias sobre el uso médico del LSD.

Para los que gustan de celebrar efemérides –pocas más estimulantes– y conectarse con la gran memoria planetaria, tal vez hoy sea un buen día para andar en bicicleta y probar la luz de la primavera boreal, dejándose llevar por la naturaleza que en cada parte contiene todos los secretos del universo –tomando un poco de LSD o quizás sin tomarlo, sólo viviendo aquello de psicodélico que ya existe en nosotros como partes de la planilla de la conciencia colectiva. Un estado de alerta que embarga en el cual la naturaleza se revela como un caleidoscópico signo.

Curiosamente hoy miles de personas en todo el mundo celebran “el día de bicicleta”, rodando por las calles sin saber que la fecha conmemora el primer viaje de LSD, en una sublime y un tanto extraña serendipia.

 

Twitter del autor: @alepholo

* Una versión de esta nota primero fue publicada el 19 de abril de 2010 (la historia es un fractal que se repite). 

Este lunes 2 de junio murió Alexander Shulgin, el padre de las drogas de diseño, un hombre admirado profundamente en la comunidad psicodélica y en la ciencia misma, una de las personas más influyentes a la vez que prácticamente desconocidas.

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Las drogas psicodélicas no te transforman --no transforman tu carácter-- al menos de que quieras transformarte. Hacen posible la transformación.- Sasha Shulgin.

Hay un cierto grupo de personas que aunque no son lo que se diría famosos su influencia real es mucho mayor que la de personas que todos conocemos y cuyos nombres coreamos. Muchas de estas personas --legisladores secretos de la realidad-- son científicos. Una de esas personas es Alexander Shulgin, conocido solamente por una pequeña comunidad --la comunidad de la cultura psicodélica--pero cuyos descubrimientos y adaptaciones químicas son consumidas por millones de personas. Puedes escuchar una canción de una estrella pop y sentir que te canta al oído o pensar que estás muy cerca de tu actor favorito cuando lo ves en la pantalla, pero en qué se compara eso con la intimidad de tomar MDMA o 2C-B --dos drogas empatógenas que seguramente no estaríamos consumiendo si no fuera por Sasha. Millones de viajes psicodélicos, con sus cielos e infiernos oscilantes, en los que jóvenes del todo el mundo bucean en su propia psique en un moderno rito de iniciación (y extravío), en simulacros de iluminación, amor, deseo, ilusión, ego, pero esos sí, siempre una posibilidad de autodescubrimiento... sintiendo el sello cristalino del diseñador, la voz del alcaloide o el ángel sintético.

El sitio Erowid dio a conocer hoy  la muerte de Alexander Shulgin (1925-2014), el químico estadounidense responsable de introducir el MDMA con fines terapeúticos y de sintetizar más de 230 sustancias psicoactivas. Shulgin, quein había estado luchando con el cáncer, es llamado el "Padrino de los Psicodélicos" o"Daddy Ecstasy" y junto on sus esposa Anne Shulgin es responsable de explorar a fondo y con cariño las dos familas más importantes de la farmacopea psicodélica, las feniletilaminas (descritas en su libro PIHKAL) y las triptaminas (descritas en su libro TIHKAL). Sasha es considerado también el padre de las drogas de diseño, luego de que descubriera que con un ligero tweak molecular se podían obtener una casi infinita cantidad de variaciones químicas capaces de producir diferentes efectos --casi estilos psicodélicos, unos más placenteros que otros-- siguiendo como base las sustancias que se encontraban en la naturaleza como la psilocibina, el DMT o la mezcalina. De la familia de las feniletilaminas (en la que se encuentra las mezcalina y el MDMA), Shulgin sintetizó el 2C-B en 1974,  una sustancia que ha cobrado gran popularidad en los últimos años, que en un principio era considerada un afrodisiaco psicodélico, y que constituye la primera droga psicodélica de auteur, como tal. Siguieron muchos psicoactivos más de la familia del 2C y muchas otras de la familia de las triptaminas, cuyo linaje incluye al DMT y a la psilocibina. Este diseño de drogas psicodélicas ha revolucionado el mercado, permitiendo que se consuman sustancias muy similares a los hongos alucinógenos, al peyote, al éxtasis o a la ayahuasca de manera legal, burlando las ridículas leyes de prohibición. Algo que ha sido profundamente liberador para los psiconautas a la vez que peligroso al obligarlos a moverse en territorios inexplorados, sin la protección de una tradición, experimentando con poderosas sustancias cuyos efectos son en gran medida desconocidos.

Después de recibir su doctorado en bioquímica por la Universidad de UC Berkley, Shulgin inició una carrera en la industria farmacéutica, trabajando en la síntesis de pesticidas para Dow Chemical. Por suerte, a los 35 años probó la mezcalina, y esta experiencia transformó su vida, revelándole que tenía "infinitas cosas adentro", una visión pletórica del universo químico que subyace la materia en su danza molecular. A partir de esto empezó a realizar una serie de modificaciones moleculares que cuidadosamente --y de manera heróica-- probó el mismo, trabajando con sus propios recursos, como un maverick en una zona gris al borde de lo ilegal, luego publicando sus descubrimientos en revistas científicas. 

El trabajo de Shulgin no sólo tiene una aplicación recreacional o cualitativa (en las experiencias que ha detonado indirectamente).  La enramada de estructuras químicas que exploró tenía que ver con neurotransmisores como la serotonina y la dopamina y con funciones cerebrales como los sistemas de percepción visual y auditivos. Algunos de sus compuestos son usados en la neurobiología para estudiar los receptores de serotonina en el cerebro y los mecanismos de acción de los antidepresivos y los antipsicóticos, así como la neuroplasticidad del cerebro. Se ha encontrado que el compuesto 2,5-dimethoxy-4-iodoanfetamina, mejor conocido como DOI,  promoueve la neurogénesis y la reorganización de espinas dendríticas y conexiones sinápticas. Shulgin, en otro mundo, como Hofmann, habría ganado el Premio Nobel.

Shulgin fue su propio conejillo de indias y a lo largo de más de 40 años experimentando con sustancias psicodélicas --que los avezados llaman empatógenos o enactógenos-- compiló un tesoro de conocimiento que mezcla la profusión emocional característica de los experimentos en psiconáutica 2.0 con el erudismo propio de un químico, una rara mezcla que hace de sus libros lo mismo un jardín que un laboratorio, una tesis de alquimia o un rave privado.

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El interés de  Shulgin por desarrollar psicodélicos fue siempre crear herramientas para estudiar la mente, no necesarimente el cerebro, y ayudar al conocimiento de esta dimensión humana. En 1965 Sasha volvió a sintetizar el MDMA (sustancia desarrollada por Merck en 1912 para detener hemorragias). No la probó hasta 1976; después de ese primer viaje de MDMA, Shulgin anotó: "Me siento absolutamente limpio adentro, no hay nada más que pura euforia”. Esto es lo que sería el éxtasis. Sasha compartió sus impresiones con el psicólogo Leo Zoff y por algunos años el MDMA gozó de gran salud en la psicoterapia alternativa --y en la escena disco-- hasta que fue prohibida en 1985. Hoy en día vemos el resurgimiento de la medicina psicodélica y el MDMA es usado con éxito para tratar del trastorno de estrés post-traumático.

En su introducción a PIHKAL, Shulgin defiende el derecho humano a explorar la naturaleza de su propia psique y considera que las sustancias psicodélicas son valiosas herramientas para explorar las grandes preguntas como: ¿existe la vida después de la muerte? O, ¿existe una estructura subyacenta que ordena y sustenta la realidad que conocemos? Y ¿podemos percibir este orden y entrar en comunión con él? Sasha suscribe a la definición básica de lo psicodélico, "aquello que revela la mente" (o el alma) y así las sustancias psicodélicas son probablemente las herramientas más poderosas que tenemos para acceder a la profundidad de la mente subconsciente, al universo interior. "Estoy convencido de que hay una cantidad innumerable de información dentro de nosotros, algo similar a una biblioteca con incontables volumente de referencia, pero sin un método de acceso claro". Permitir, aunque sea fugazmente, acceder a ese mundo rutilante de data es la propiedad más valiosa de los psicodélicos. 

¿Cuánto durará, este delicioso sentimiento de estar vivo, de haber penetrado el velo que oculta la belleza y las maravillas de los espacios celestiales? No importa, ya que no puede haber nada más que gratitud por haber recibido al menos un vistazo de lo que existe para aquellos que se abren a él...

Entendí que nuestro universo entero está contenido en la mente y en el espíritu. Podemos elegir no hallar el acceso, podemos incluso negar su existencia, pero en verdad está dentro de nosotros, y existen químicos que pueden catalizar su disponibilidad.

Sasha Shulgin será recordado cálidamente por numerosos psiconautas, amigos y familia. Nada lo haría más feliz que (ojala) en los siguientes años la ciencia y la sociedad en general vuelvan a entender que las sustancias psicodélicas son parte de nuestra naturaleza, que busca siempre el (auto)conocimiento y que su prohibición es sólo una negación de una parte importante de nuestra constelación psíquica. Negar la existencia de un potente y luminoso dragón en la sombra.

Twitter del autor: @alepholo

Página de Alexander Shulgin en Erowid