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Comcast pagará 45 mil millones de dólares por su competidor Time Warner Cable en un esfuerzo por controlar aún más el mercado que auspicia pocos beneficios para los consumidores

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Este 13 de febrero se confirmó que Comcast ha llegado a un acuerdo para comprar a su rival Time Warner Cable por 45 mil millones de dólares, a 159 dólares la acción, creando una compañía que tendría más de 30 millones de suscriptores a cable (con servicios de teléfono e Internet) controlando tres cuartas parte del mercado.

Aunque la fusión de esta compañía generará el escrutinio del FCC (el organismo regulador de medios de comunicación en Estados Unidos), el trato genera cierta preocupación monopólica, especialmente luego de que Time Warner Cable rechazara una oferta de 60 mil millones de Charter Communication, un competidor más chico en la industria cablera, valuando las acciones en 132 dólares y el resto a pagarse con sus propias acciones. Pero el poder de lobby de estas compañías no debe de ser subestimado, no es casualidad que David Cohen, el encargado de lobbying para Comcast asistiera a una cena en la Casa Blanca un día antes del anuncio de este acuerdo.

El acuerdo para formar este megaconglomerado podría ser una respuesta de las grandes corporaciones a la amenaza de compañías como Netflix o Hulu y a un mercado de televisión que parece estar encogiéndose. Comcast-TWC ahora podrá acaparar gran parte del mercado, que aunque esté disminuyendo, para un solo proveedor significa ganancias todavía enormes.

 

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Las reacciones no se han hecho esperar y el deal ha sido descrito como "por qué mi Internet está tan lento", además de volver a poner sobre la mesa las cuestiones de Neutralidad de la Red. En enero, Verizon consiguió que una corte revirtiera en Estados Unidos el mandato que obligaba a respetar la neutralidad en las comunicaciones cursadas. Esto es básicamente el derecho de igualdad de los bits o que las compañías proveedoras de Internet ofrezcan el mismo servicio, ya sea una persona que se quiere conectar a Facebook, que a una red P2P (sin duda uno de los derechos más importantes en cuanto a la libertad de la información). El monopolio que representa Comcast ahora es en sí mismo una amenaza a esta neutralidad (aunque anteriormente la compañía había dicho que respetaría este principio).

La compra de Time Warner Cable no parece ser muy prometedora para los estadounidenses que ya padecían un Internet deficiente, pese a ser el país que mayor avance tecnológico ha desarrollado en los últimos años. Comcast, agigantado, no tendrá muchos estímulos para ofrecer un Internet más barato —Estados Unidos paga ya precios de países subdesarrollados.

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Aquí 50 tuits irónicos (en inglés) sobre cómo esta movidad contribuirá a mejorar el Internet

¿Cuáles son los efectos de vivir en función de obtener la likes, en el gran aparador del mundo social?

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Nuestra cultura está dispuesta a hacer casi cualquier cosa por conseguir likes y en una sociedad donde las interacciones cada vez más se dan en las redes sociales, los likes se han convertido en la moneda de cambio. Anteriormente habíamos escrito sobre esto en ocasión del excelente video The Invention Of Loneliness, el cual muestra de manera lúcida cómo estamos editando nuestras conversaciones, nuestra imagen y nuestra vida misma para crear ciertas impresiones más aptas para el social media, alejándonos un poco de la espontaneidad de la comunicación inmediata y de su vulnerabilidad. Esta misma cuestión ha caído en el radar del brillante teórico de medios, Douglas Rushkoff. El autor de Media Virus y Programa o Serás Programado, escribe:

Si le preguntas a un adolescente cuál es el objetivo de las redes sociales, todos te dirán lo mismo: obtener "likes". Ya sea en Facebook, Twitter, Instagram, Tumblr los jóvenes usuarios entienden la moneda de este reino, y están más que felices de hacer lo necesario para acumular. ¿Pero esta divisa tiene un valor neutral, o viene con su propia agenda?

Vivir para los likes hace la carrera social de un adolescente más fácil, en algunos sentidos. Ahora ya existe un número que les permite saber qué tan populares son, qué tan bien resuena una foto con sus amigos o si su video tiene una oportunidad de catapultarlos al mundo profesional de la música, el skate o el twerking.  

Lo que tal vez no entiendan, sin embargo, es que el juego de los likes no está ocurriendo en un campo de juego parejo. Fue construido por compañías cuyas acciones de miles de millones de dólares dependen de generar tráfico —más likes, seguidores, favoritos— y vender los datos que pueden deducirse de esto.

Douglas Rushkoff hace reflexionar sobre cómo muchas de nuestras interacciones en las redes sociales se realizan en diferentes niveles y nunca pasan desapercibidas. No existe una interacción que no esté siendo medida por numerosas compañías y que no sea parte de una base de datos que algún día será analizada  —y monetizada— y que permita que se tomen decisiones mercadológicas o que se mejore la forma en la que nos dirigen publicidad personalizada. Si nos enamoramos y nos enojamos o vivimos una experiencia mágica en línea o simplemente hacemos lo que hacen nuestros amigos y le damos like a la página que le dieron like lo demás, esto está siendo vigilado de cerca y es parte de la montaña cada vez más grande de Big Data. Al mismo tiempo, esto también se interioriza en la forma en la que actuamos —nos sabemos observados, al menos por nuestros amigos y actuamos para complacerlos, generalmente, o para obtener algo a cambio. Los jóvenes están creciendo con un sentido de marketing personal que lo penetra todo. Esto tiene algunos contras, aunque también algunas ventajas.

Las marcas con mayor frecuencia voltean a ver a los jóvenes —o los llamados influencers. "En cierto sentido, buena parte de nuestra economía (o al menos las infladas valuaciones de NASDAQ) dependen de la actividad de los jóvenes en las redes sociales".  A diferencia de la generación MTV, en las que el empoderamiento estaba en la posibilidad de zappear los canales de cable o de elegir entre múltiples productos en el supermercado, hoy tenemos el universo de Internet para eligir entre cientos de millones de sitios. Pero en vez de escoger esta multiplicidad de medios, solemos inclinarnos por el mainstream, y restringir nuestra navegación a los mismos sitios. Sitios en los cuales nos podamos ver a nosotros mismos; los adolescentes de hoy tienen la posibilidad de verse entre sí. Algo que podría ser empoderante, si a cambio no otorgaran su atención: "están pagando con sus likes, sus favoritos y seguidores y se les paga con un nuevo camino a la fama". "Los chicos no son los clientes, son a la vez el producto y la labor involuntaria".

Los likes se pueden traducir realmente en un valor de cambio. Una persona con miles de seguidores aunque no sea famosa afuera, puede vender sus tuits o posts a marcas o a agencias de marketing, puede promover sus proyectos personales y puede hasta conseguir citas con mayor facilidad en el paisaje mediático actual. Algunos artistas, en la tiranía del like, incluso son evaluados conforme al número de seguidores que tienen antes de ser contratados para un evento o la publicación de un libro —para así determinar si éstos tendrán éxitos.

Así las cosas, incluso ha surgido una agencia de talento para las redes sociales promovida por el exfundador de Napster, "The Audience", la cual hace que jóvenes talentos digitales puedan cultivar su presencia en las redes sociales y capitalizarla vendiendo sus redes a diferentes marcas.

Rushkoff advierte que los medios sociales de nuestra era tienen ciertas características connaturales a su tecnología y si vivimos "sin una conciencia de lo que realmente quieren de nosotros, nadie está realmente siendo empoderado". El primer paso de un jugador inteligente es reconocer el estado de la cancha, notar que no es lo mismo dónde se juega. Esta conciencia permite capitalizar esfuerzos en social media, como también desprenderse de estas redes —cuando se nota que jugando en condiciones así, poco se tiene que ganar o incluso se arriesga salir lesionado.

Twitter del autor: @alepholo