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Antes de entregarse voluntariamente, Leopoldo López grabó este mensaje para Venezuela (VIDEO)

Sociedad

Por: pijamasurf - 02/21/2014

¿A qué se deben las manifestaciones públicas de inconformidad en Venezuela? ¿Es el manejo de la economía? ¿El aumento de la criminalidad? ¿La impopularidad del régimen de Nicolás Maduro?

 

Por estos días dos países han ocupado, por mucho, la atención internacional. Por un lado, Ucrania, en especial su capital Kiev, en donde las protestas en contra de la administración del presidente Viktor Yanukovych se han recrudecido, haciendo de la ciudad un verdadero campo de batalla apocalíptico.

La otra nación en conflicto es Venezuela, en donde desde hace un par de semanas se viven manifestaciones públicas de oposición al régimen de Nicolás Maduro, presidente elegido luego de la muerte más o menos inesperada del carismático (en un sentido weberiano) Hugo Chávez. La oposición venezolana ha salido a las calles para expresar su descontento ante decisiones gubernamentales que, según reporta The Economist, fomentaron en meses recientes el intercambio ilegal de divisas en el mercado negro, dispararon la inflación de precios en productos básicos como alimentos y medicinas y, relacionado con esto último, se redujo sensiblemente la disponibilidad de dichos bienes. Eso, por lo menos, en términos estructurales, macroeconómicos. En el día a día el manejo de la economía nacional durante el régimen de Maduro se ha expresado en el aumento de crímenes violentos, motivo que inicialmente suscitó las protestas.

En términos generales, la inconformidad se ha aglutinado en el Movimiento Unidad Democrática (MUD), una alianza de distintos partidos de oposición que exigen un relevo en la dirigencia del gobierno. Sin embargo, al interior del MUD los analistas distinguen dos bandos: uno moderado que encabeza Henrique Capriles, excandidato presidencial en las últimas elecciones, que defiende la vía de la no violencia para conseguir dichas transformaciones. Por otro lado, una sección que hasta hace unos días tenía en Leopoldo López a su líder más visible, caracterizada por el llamado a la confrontación directa, a tomar las calles y solo así lograr su propósito.

Casi desde el inicio de las protestas (las cuales, dicho sea de paso, se han acentuado gradualmente en violencia y brutalidad policiaca), el régimen de Maduro emitió una orden de arresto contra López, acusándolo de conspiración, terrorismo y asesinato, a lo cual López respondió con un sonoro “¡No!”, asegurando públicamente en Caracas, ante de cientos de personas que lo apoyan, que no cedería ante un sistema judicial injusto.

Al final, sin embargo, el joven se entregó voluntariamente el pasado 18 de febrero en la ciudad de Chacaíto, en un gesto que a su parecer evidencia tanto la corrupción del gobierno como, por otro lado, el apoyo popular cifrado en su encarcelamiento, mismo que quizá valga la pena para que “Venezuela despierte definitivamente”.

Antes de esto, el líder de Voluntad Popular grabó y difundió este mensaje dirigido a quienes apoyan la causa que lidera, un llamado a todas aquellas personas que aún no se han sumado al esfuerzo por “querer cambiar” a Venezuela. “Ese compromiso tiene que ser activo”, dice López, quien también aprovecha la oportunidad para acusar al régimen de las muertes ocurridas el pasado 12 de febrero.

Aquí también, como en Ucrania, la moneda política está en el aire, y ante la magnitud de las protestas no parece sencillo dilucidar el resultado. En cualquier caso, no es una circunstancia menor que los propios habitantes de un país sean quienes se empeñen en tomar las riendas de su destino como nación, una apuesta arriesgada pero necesaria cuando un gobierno deja de velar por el bien común que le fue encomendado.

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Wirikuta, una de las áreas desérticas más prósperas en biodiversidad del planeta, representa la esperanza y los deseos de esta comunidad indígena para conservar sus valores ancestrales.

Huicholes

Entre las colinas de la Sierra Madre Occidental de San Luis Potosí y Chihuahua, está Wirikuta: área semidesértica de 140,000 hectáreas, donde el pasado mítico se entrelaza con el presente a través de un ciclo ritual. Wirikuta es la tierra sagrada a la que peregrinan los huicholes (o pueblo Wixárika), el grupo indígena más antiguo en América Latina, quienes preservan un alodio cultural y cosmogónico: el dios trinario, Hikuri (el venado-peyote-maíz).

Considerado como una de las áreas desérticas más prósperas en biodiversidad del planeta, Wirikuta representa la esperanza y los deseos de esta comunidad indígena para conservar sus valores ancestrales en relación con el impacto de la vida moderna. Razón por la cual, en ella se realiza una ceremonia de iniciación a la adultez y de purificación con base en el cactus endémico, el peyote.

El objetivo de esta tradición no es sólo llevarle ofrendas al dios trino Hikuri, quien vive en las colinas y en los sagrados manantiales, sino también recolectar el peyote, estimado como la guía espiritual de la comunidad. Para algunas personas, especialmente aquellos que participan en ceremonias, bajo un contexto sagrado, el peyote permite experimentar la separación consciente del alma y del cuerpo en tan sólo un instante fractal, y a partir de entonces invocar a los dioses en la tierra mágica de sus ancestros. Sólo de este modo, los implicados en la ceremonia del dios peyote pueden ser bendecidos con visiones y mensajes divinos; todo esto entre el poder de la música tradicional, de la fuerza del vínculo interpersonal y de las emociones ancestrales. 

Wirikuta, también llamado “El corazón del mundo”, es el lugar cuyos sistemas ancestrales intentan trascender más allá del escepticismo moderno y del conocimiento hodierno. No obstante, dentro de una pelea desigual por conseguir los beneficios de la naturaleza a través de su explotación, estos valores culturales de la antigüedad están en peligro de extinción, así como también la comunidad indígena, donde se funden las esencias de vida y de muerte.

Desgraciadamente, desde 2010, este territorio ha estado en riesgo de perder tanto su biodiversidad como su cultura. Debido a que el área es rica en minerales, algunas compañías mineras de Canadá han pretendido sacar provecho de ello, prometiendo crear miles de empleos para los habitantes de la región y, claro está, sin afectar ecológicamente la zona. No obstante, los habitantes de Wirikuta consideran esta situación como una amenaza al ecosistema y a su paradigma cosmogónico.

Hace aproximadamente tres años y medio, las autoridades mexicanas autorizaron la actividad minera canadiense, argumentando que se trataban de un plan administrativo para proliferar la biodiversidad del lugar. No obstante, varios grupos de civiles se rebelaron contra los ataques ambiciosos a su santuario, formando así “Frente en defensa de Wirikuta”. ¿El resultado? El gobierno anunció públicamente que una de las compañías mineras estaba renunciando a trabajar en el área. Es decir, sólo una de las muchas que estaban tras los bienes brutos del lugar.

En consecuencia, desde hace dos años, el ritual concilatorio entre dioses prehispánicos y mortales modernos ha sucumbido a las consecuencias de la actividad minera. Huicholes: los últimos guardianes del peyote es un video que evidencia el conflicto de esta situación. De acuerdo con los autores, es una historia acerca de la lucha contra el gobierno mexicano, con el fin de proteger esta tierra santa:

 

Las sequías que azotaron las tierras de la Sierra Madre han implicado una pérdida en el cultivo de la comunidad indígena, provocando que sus integrantes salgan de sus hogares para buscar empleos en las minas. Por consiguiente, ha empeorado la degradación en el ambiente y el impacto negativo en la cultura del lugar. Incluso, en alguna ocasión también llegamos a comentar que: “La flagrante irresponsabilidad del gobierno mexicano representa una ofensa múltiple, tanto a los recursos naturales, como a la preservación del medio ambiente y de la cultura Wixárika, una de las más vivas y coloridas de este país”.

El territorio de Wirikuta representa todo el bagaje filosófico de Wixárika, aquel lugar donde se funden las esencias de vida y del sol, de la identidad cultural y de la supervivencia como pueblo originario. Varios defensores del pueblo huichol han mencionado:

En Wirikuta están nuestros guardianes. Es nuestra catedral y dentro de ella hay varias capillas. También es una universidad. Ahí está nuestro hermano el venado y el padre Sol para dar luz en el mundo. Nosotros somos sus discípulos. Esto es lo que defendemos.

Debemos tomar en cuenta que hay una gran distancia entre el territorio sagrado y la tierra como propiedad privada o comunal. Hay una parte de los mexicanos que tienen derecho a su territorio en sentido amplio, porque en él han formado su cultura, su religión; la percepción de su subsistencia, una fuente de riqueza y entrega. Esto es clarísimo entre los huicholes.

Habría que mencionar que el asunto de Wirikuta y la preservación del peyote tiene cierta complejidad. Algunos habitantes de poblados "peyoteros" como Vigas de Coronado, Wadley, Estación 14 y otros más hacen mención de que son los mismos huicholes los que están acabando con el peyote, al ser los únicos autorizados por el gobierno a portar y a consumir esta planta, y al hacerlo en cantidades desmesuradas. Si bien el peyote es parte central de su cosmogonía, también es cierto que es patrimonio del mundo y no sólo de una comunidad.

De cualquier forma resulta indispensable que las autoridades mexicanas consulten y comprendan al pueblo de Wirikuta, obteniendo un mutuo acuerdo en relación con la legislación vigente. De modo tal que se puedan garantizar de manera efectiva sus derechos fundamentales: su concepción del mundo, su entrega peregrinante a lo divino, su territorio y su fe. De lo contrario, al quitarles estas bases humanas, se estarían apropiando de sus esperanzas culturales, y por consiguiente de su raison d’être