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"La Mano de Dios": inesperada pareidolia cósmica capturada por un telescopio de la NASA (IMAGEN)

Ciencia

Por: pijamasurf - 01/10/2014

Como resultado de la explosión de una supernova, esta formación cósmica ha adquirido el aspecto de una mano extendida, por lo que ha comenzado a circular bajo el mote de “la mano de Dios”.
NASA/JPL-Caltech/McGill

NASA/JPL-Caltech/McGill

De cuando en cuando, la exploración cósmica y los instrumentos que se utilizan para ese fin ofrecen imágenes que coquetean con la casualidad y la coincidencia, formaciones que si bien son azarosas, encuentran una inesperada semejanza con símbolos acuñados por la mente y la cultura humanas.

Así, por ejemplo, hace unos meses, el vehículo Curiosity Rover de la NASA dio con una piedra en Marte que parecía una lagartija; también está el caso de un par de constelaciones que informalmente se conocen como “el Ojo de Dios”, porque parecen atisbar insomnes lo que sucede en el universo; finalmente, en una de las coincidencias más épicas, se encuentra la lucha sostenida entre un hombre y un dragón en la nebulosa de Orión, imagen captada en 2011.

Ahora un fenómeno cósmico se agrega a esta singular lista, con una formación surgida por la explosión de una supernova a 17 mil años luz de distancia de la Tierra y la cual dio origen a esta nebulosa de viento de púlsar —o plerión— que ha comenzado a conocerse como “la mano de Dios” por su semejanza con una titánica extremidad (su nombre técnico, menos memorable, es PSR B1509-58).

La imagen fue captada por el Observatorio de rayos-X Chandra de la NASA, instrumento que por sus características ha generado tanto la forma, como la particular coloración que observamos. El viento púlsar que alimenta la nebulosa rota a una velocidad de 7 revoluciones por segundo, arrojando partículas que interactúan con los campos magnéticos cercanos, provocó ese efecto de un guante de rayos X que cubre una mano. Por otro lado, según se explica en el sitio space.com, la nube roja en torno a los “dedos” es una estructura diferente, la RCW89, originada por el aumento de temperatura asociado con el efecto del viento púlsar.

Curiosamente el aspecto pareidólico de esta nebulosa podría ser una de las primeras pistas para indagar y descifrar la naturaleza tanto de la propia B1509, como de los agujeros negros y la interacción entre éstos y las galaxias.

*Haz clic en la imagen para ampliarla.

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Una mujer en Francia pasó por una operación en la que tuvo que extraérsele su amígdala, la parte del cerebro encargada de reconocer las emociones de los demás; sin embargo, contrario a lo esperado, no experimentó depresión o ansiedad al despertar, sino un profundo incremento de su capacidad empática.

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¿Cómo sería ser hiperempático? ¿Cómo sería si pudiéramos sentir con alto grado de emoción los sentimientos por los que está pasando otra persona —su alegría, su dolor, su sufrimiento? ¿Por fin quedaría salvado el abismo de la otredad?

En uno de los casos médicos más asombrosos de los últimos años, una mujer experimentará esto por el resto de su vida, luego de que tuviera que removérsele su amígdala en una cirugía cerebral.

El hecho es particularmente extraordinario porque la amígdala es la parte del cerebro encargada de procesar el reconocimiento de las emociones de los demás, por lo cual su remoción debería traducirse en una incapacidad absoluta para realizar eso.

Sin embargo no fue así y, según reportó la propia paciente, después de un día en que sufrió varias convulsiones, despertó con una “nueva, espectacular excitación emocional” que persistió durante 13 días.

Habitualmente las personas que pasan por una cirugía en donde se les remueven partes de su lóbulo temporal, entre ellos la amígdala, experimentan depresión o ansiedad después de la operación, de ahí que el caso de esta mujer sea sorprendente. Aurélie Richard-Mornas, neuróloga del Hospital Universitaro de Saint-Étienne, en Francia, quien se encuentra a cargo de la paciente, definió su estado como “hiperempatía”.

La mujer experimentó esta habilidad con su familia, pero también lo hizo incluso al mirar a otras personas en la televisión y al leer sobre situaciones emocionales en novelas y otras obras ficticias.

Entre otros hallazgos, el caso de esta mujer podría mostrar que, contrario a lo que se ha sostenido hasta ahora, las funciones del cerebro que nos permiten relacionarnos con la realidad no están limitadas a zonas específicas, sino que más bien son el resultado de la interacción de distintas partes, interacción que quizá el mismo cerebro tiene la capacidad de reparar cuando, como aquí, se ve dañada drásticamente.

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