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¿Podría un viajero del tiempo invertir en el mercado de valores y hacerse rico en el futuro?

Por: pijamasurf - 06/21/2013

En el probable caso de que el viaje en el tiempo fuera posible, ¿cuáles serían las implicaciones en, digamos, nuestro presente económico? Un economista se toma en serio la pregunta y nos responde con algunas certezas bastante prácticas.

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Como si los viajes en el tiempo no plantearan suficientes quebraderos de cabeza a quienes tratan de demostrar su existencia desde la física o desde la teoría de conspiración, el profesor Richard Hudson, un economista canadiense, ha escrito un extraño artículo sobre por qué no es posible que los viajeros del tiempo, en caso de existir, viajaran al pasado a hacerse millonarios especulando en las bolsas de valores.

Desde una perspectiva económica, las operaciones financieras de un viajero del futuro estarían libres de riesgo, pues estos conocerían con anterioridad el comportamiento de la bolsa y no estarían sujetos a la indeterminación y la eventualidad del presente, visto desde el futuro como pasado. Los problemas comienzan cuando no sólo uno sino varios viajeros del tiempo tratan de realizar operaciones en la bolsa. Según el profesor Hudson:

"Viajeros del tiempo de todas partes estarían presentes en masa tratando de realizar sus ganancias arbitrarias: la primera viajera del tiempo se encontraría multitudes de su futuro (incluso múltiples copias de ella misma) tratando de realizar las mismas transacciones que ella trata de completar."

Al tratarse de viajeros del tiempo "racionales", en el hipotético experimento de Hudson (y para asumir los postulados teóricos de la economía de mercado como la conocemos), es necesario asumir que todos los viajeros del tiempo de todas las épocas futuras buscarían realizar las mismas acciones para acceder al margen de ganancia deseado. Siendo así, "los viajeros del tiempo racionales, que son incluso más homogéneos que los inversionistas ordinarios, anticiparán las acciones de otros viajeros del tiempo, y se darán cuenta de que no tiene sentido tratar de usar el viaje en el tiempo para invertir."

Esto, para Hudson, sería muestra suficiente de que el viaje en el tiempo podría no inventarse en un futuro cercano, pero también hay otras opciones; por ejemplo, que los viajeros del futuro provengan de sociedades que valoran cosas distintas a las que nosotros valoramos. Tal vez provengan de sociedades donde el consumo indiscriminado y la economía de mercado han dado paso incluso a una economía donde el dinero es una herramienta y no un fin en sí mismo, o podrían perseguir otros fines, como "el amor, la verdad o la belleza, o podría preocuparles el salvar sus almas eternas y sentir que la riqueza interfiere en su camino."

Especulaciones financieras y metafísicas aparte (ceteris paribus, para utilizar la jerga económica), el verdadero problema de un viajero del futuro sería probablemente burocrático: "Si, digamos, el viaje en el tiempo es inventado en el 2020 por alguien nacido en 1990, esa persona tendría ocho años hoy (en 1998), de acuerdo a su acta de nacimiento, a pesar de cuál sea su aparente edad física."

[Disinfo]

Lo que las conejitas de Playboy pueden enseñarnos sobre Wall Street y la suerte

Por: pijamasurf - 06/21/2013

La suerte es un factor difícilmente contabilizable por la estadística. En una situación de indeterminación, sin embargo, podemos convocarla cubriendo los demás factores.

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En el 2006, diez conejitas de Playboy participaron en un curioso experimento: se les pidió que eligieran cinco acciones en la bolsa de valores e indicaran el curso de acción de movimientos bursátiles para obtener las mayores ganancias posibles. La idea de la compañía organizadora, Tradingmarkets, era mostrar lo difícil que puede ser invertir y manejar flujos en Wall Street a través del índice de Standard & Poor's 500, un indicador bursátil que menos de un tercio de profesionales son capaces de vencer. El resultado fue sumamente inesperado.

La conejita del mes de mayo del 98, Deanna Brooks, eligió acciones que sobrepasaron los 43.4 puntos porcentuales, derrotando por amplio margen al índice S&P 500, que obtuvo 13.6%, y haciendo polvo también a más del 90% de profesionales que cada día tratan de mejorar los rendimientos que les dicta el indicador.

Pero Deanna Brooks no fue la única conejita que, además de belleza, mostró talento para las inversiones de bolsa; cuatro de las 10 conejitas del experimento tuvieron retornos de inversión mejores que los prescritos por el S&P 500, algo que menos de un tercio de los brokers de Wall Street consiguen en un día normal.

La explicación de este fenómeno es nada menos que la suerte.  

Invertir en la bolsa de valores, como muchas otras actividades, requiere conocimiento, preparación y motivación, pero existen elementos contextuales y contingentes de los cuales no podemos hacernos responsables --que en Wall Street pueden ejemplificarse por los movimientos bruscos de los indicadores, provocados por eventos en la geopolítica mundial, fenómenos naturales, y variables que nadie es del todo capaz de predecir.

La suerte es un fenómeno perceptual donde recibimos un beneficio inesperado en una situación de indeterminación. Podemos seguir el movimiento en retrospectiva, del efecto hacia la causa; pero el movimiento contrario (cómo provocar una causa), en situación de indeterminación --como en Wall Street-- es mucho más difícil: estamos en el terreno de la predicción. ¿Cómo hacer, pues, predicciones efectivas, o relativamente confiables?

En términos estadísticos, cuando un resultado puede provenir de factores no-contingentes como la habilidad o el conocimiento, podemos basarnos en evidencia (ej. Una receta de cocina.) Pero cuando el resultado es producido por factores para los que no tenemos evidencia, la apuesta racional se inclina por la estadística (ej. 1 de 3 posibilidades de ganar al jugar piedra-papel-tijeras, 1 en 7 mil millones de ser mordido por un tiburón, etc.)

Pero la suerte, como factor perceptual y discreto, no puede contabilizarse en esta ecuación. Es por eso que estamos inclinados a pensar que las conejitas de Playboy tuvieron suerte en la bolsa de valores por la única razón que queda: porque tienen cuatro patas de conejo.

[Barking Up]