*

X

Admisión universitaria: por qué vale la pena cuestionar el elitismo en la educación y la necesidad de ser evaluados

Por: pijamasurf - 04/04/2013

Discutir sobre la importancia de la educación superior debe pasar conjuntamente por una reflexión individual sobre las condiciones de la universidad y el cómo somos condicionados para aceptar ser evaluados.

admision

La universidad se ha convertido en un ícono del aspiracionismo social de las clases medias, a la vez que la única salida de la marginación y la pobreza para un enorme espectro poblacional. ¿Pero qué implica acceder a un espacio de exclusividad educativa como la universidad? ¿Un deseo verdadero de conocimiento y aporte al progreso de la sociedad o un trámite de clase para acceder a mejores condiciones económicas?

Centros de estudios como Harvard, Yale, Princeton u Oxford reciben anualmente miles de solicitudes de los mejores estudiantes del mundo --personas que en muchas ocasiones han transformado su vida en un curriculum atractivo para los comités de selección académica. Estos procesos de selección varían en cada caso: mientras en Latinoamérica existen esquemas de acceso a la universidad dedicados a dar una cuota de aceptación a alumnos de poblaciones marginadas o simplemente a mantener una cuota similar para los alumnos de nivel medio superior de las escuelas del Estado, en otros países e incluso en los cursos posgraduados es necesario manifestar la voluntad del solicitante a través de una carta para ser admitido. La propia visión del yo se manifiesta ahí en toda su paradójica complexión.

Una carta abierta "a todas las universidades que me rechazaron" fue escrita por la alumna Suzy Lee Weiss y publicada por The Wall Street Journal. En dicha carta, Suzy se queja amargamente de que el sistema educativo de Estados Unidos le haya mentido toda la vida, instándola a "ser ella misma", en lugar de involucrarse en actividades extracurriculares o reflexionar sobre sus antecedentes genéticos como parte de una maniobra curricular para ser admitida en la "universidad de sus sueños".

Hay mucho qué cuestionar aquí: por un lado, si el sistema de selección prima a ciertas minorías excluidas como parte de una integración multicultural en el espacio universitario (asiáticos, hispanos, pueblos originarios, e incluso minorías no discriminadas étnicamente, como los homosexuales, etc.), Suzy tiene un punto al denunciar que estos antecedentes pueden fingirse o exagerarse para utilizar una grieta del sistema y ser elegidos; por otro lado, llama la atención que Suzy y miles de estudiantes no se cuestionen por principio las razones para entrar a la universidad, y simplemente se quejen porque el sistema no les permite integrarse a él de la manera más sencilla posible.

El acceso a la educación universitaria no es una panacea: las protestas en Chile por una educación que no endeudara a los estudiantes durante el 2011, así como las disyuntivas por quién debe financiar la educación (en argumento de Noam Chomsky) son parte de una discusión internacional sobre el futuro de la educación superior. ¿La universidad actual es un lugar de producción de conocimiento o, por el contrario, es una fábrica de expertos capacitados expresamente para perpetuar los paradigmas del statu quo?

Otro cuestionamiento surgido a partir de la carta de Suzy Lee Weiss podría ser el de la necesidad de ser evaluados. El Internet subvierte poco a poco esa necesidad creada por la escuela de sentir que nuestro valor relativo puede ser medido a través de calificaciones, premios o reconocimientos: se trata de juegos en los que, como parte de la sociedad, decidimos integrarnos. Como niveles en un videojuego, nos posicionamos respecto a los otros en la medida que logramos tener una mayor injerencia en el sistema, sin percibir que no importando nuestra posición, seguimos siendo peones en el juego.

Sin embargo, las alternativas no suelen ser muy promisorias: después de graduarse con honores en 1990 de la Universidad de Emory, Christopher McCandless (adoptando el pseudónimo de "Alexander Supertramp") emprendió un viaje a través de Estados Unidos tratando de vivir con los menores recursos posibles. El grado al que llevó su obsesión por desapegarse del esquema materialista de la sociedad de consumo lo llevó eventualmente a morir de inanición o intoxicación en el parque nacional de Denali, Alaska, donde vivió cuatro meses en absoluto aislamiento y con mínima preparación y recursos.

Sería una falsa dicotomía pensar que o bien nos integramos al sistema o lo rechazamos en su conjunto. La universidad puede ser una dictadura para ciertas personas y una oportunidad de aprendizaje y conocimiento para otras: al final el sistema es una herramienta que cada uno debe saber utilizar y aprovechar según sus propios intereses, teniendo en cuenta el tipo de vida que nos parezca más deseable. Ningún comité de evaluación puede decidir si nos acepta o rechaza sin que nosotros no admitamos primero la existencia del juego, además de nuestro rol en él. Quedaría abierta la pregunta sobre si es posible, como McCandless, decidir --heroica o ingenuamente-- no jugar del todo.

La hermandad de las calaveras: el culto napolitano de los muertos

Por: pijamasurf - 04/04/2013

El cementerio de Fontanelle en Nápoles alberga una impresionante historia que remonta a los viejos tiempos del Imperio Romano y se enclava en la Segunda Guerra Mundial

skull2

La frontera del mundo de los vivos y el de los muertos ha sido explorada por todas las culturas y tradiciones del mundo, las cuales han tenido que vérselas tarde o temprano con el rostro de la muerte. Dentro de estas tradiciones destaca un curioso culto que floreció en la ciudad italiana de Nápoles, precisamente en el cementerio de Fontanelle. Construido como una serie de túneles subterráneos tallados sobre la piedra por los primeros colonizadores griegos, sirvió después como una via de comunicación y almacenamiento para los romanos y para los primeros cristianos.

Durante el Imperio Romano los túneles se transformaron en grandes catacumbas que albergaban los restos mortuorios de miles de personas, especialmente cuando sobrevenían epidemias o plagas, años después de que los emperadores hubieran desaparecido. Para el siglo XVI el osario ya rebosaba de huesos y osamentas humanas. En el siglo XVII la ciudad sufrió una serie de inundaciones que hicieron que algunas secciones del osario se desplomaran; debió ser un tremendo espectáculo para los napolitanos ver ríos de agua fluyendo por la ciudad que llevaban toneladas de huesos. Los religiosos de la ciudad decidieron remodelar el osario para dar cabida a una fosa común a donde iban a parar los cuerpos de los pobres y desamparados, dando origen al cementerio de Fontanelle. Este redescubrimiento de las catacumbas subterráneas durante los próximos siglos dio origen a un culto devocional sumamente particular.

Ya en el siglo XIX, concretamente en 1872, el padre Gaetano Barbati hizo exhumar grandes depósitos de huesos, haciendo que las calaveras fueran limpiadas y colocadas en largas repisas sobre la pared. Sin organización formal el culto comenzó a desarrollarse por sí mismo, atrayendo especialmente a mujeres ancianas y solas, generalmente sin familia, que "adoptaban" una calavera o varias y desarrollaban una extraña relación de lo que creían era un mutuo beneficio --entre ellas y los muertos.

Los devotos traían flores y regalos para sus cráneos "adoptivos"; hablaban con ellos, los limpiaban y les solicitaban consejo de muchas formas, en problemas domésticos o de negocios, además de que existían calaveras con habilidades "especiales", como la dedicada a la fertilidad: una calavera que conserva incluso hoy un extraño brillo a causa de todas las manos de mujer que la han acariciado buscando quedar preñadas eventualmente; los devotos también creían que los espíritus de los muertos se comunicarían con ellos hablándoles directamente, a veces mediante la telepatía pero sobre todo a través de los sueños. Cuando recibían un favor de las calaveras, les dejaban un papel enrollado con una sencilla inscripción ("Per grazie recevuta", o "por la gracia recibida") a manera de agradecimiento. Otras formas de agradecer consistían en hacer construir pequeños o grandes altares, algunos incluso con puertas, lo que a través de los años cambió la faz de las catacumbas.

skull

Los creyentes confiaban especialmente en los poderes de ciertas calaveras para aportarles un dato muy concreto: los números de la lotería. La smorfia, la lotería napolitana, se celebraba los sábados, por lo que era común que los viernes Fontanelle estuviera lleno de mujeres tratando de persuadir a los espíritus en su propio favor (y, por otro lado, la lotería de Nápoles no es ajena a los hechos raros y fuera de lo común). Esto podría parecer mundano, pero en realidad se trataba también de un mecanismo de muchas personas para lidiar con la soledad o la pérdida de sus seres queridos, adoptando una calavera anónima que podría llevar ahí abajo varios siglos. De hecho los túneles sirvieron como refugio antibombas durante los bombardeos aéreos de la Segunda Guerra Mundial, en 1943. Los adherentes al culto agradecieron a sus queridos huesos el haberles salvado la vida.

No se sabe cuánta gente se adhirió a este curioso culto (que recuerda al más reciente de la "Santa Muerte" en muchos barrios de México) a través de los años, pero a pesar de que la Iglesia Católica no veía con buenos ojos estos rituales "necrófilos", no fue sino hasta los años 60 del siglo XX que el lugar fue cerrado definitivamente. Para el año 2000, el ayuntamiento de Nápoles comenzó un programa de restauración para no perder el legado histórico --y potencialmente turístico-- de Fontanelle. Las autoridades afirman que cada tanto un grupo de satanistas aficionados entra de noche y realiza misas negras en el interior, pero no de forma regular. Los devotos del culto a los osarios envejecieron y la tradición quedó como una leyenda de la ciudad, una vez que sus últimos adherentes se hubieran reunido con sus amados huesos.

[Fortean Times]