- Publicación: 22/08/2011 4:13 pm
- Autor: pijamasurf
Las protestas estudiantiles en Chile, otra fisura en el sistema dominante
Los estudiantes chilenos se suman a la cadena sintomática de malestar generalizado alrededor del mundo, responden a la voracidad despiadada de unos cuantos que pretenden reservarse los beneficios dejando las pérdidas para las mayorías.
Podríamos decir, a caballo entre el realismo y el optimismo, que el mundo tal y como lo conocemos se está resquebrajando, sobre todo en lo que concierne al sistema económico dominante que en su despiadada inercia amenaza con apretar el cogote de las mayorías sin pensar en la supervivencia de nadie, una máquina voraz que a su paso todo lo utiliza con el único fin de dejarlo inservible.
En los últimos meses hemos atestiguado algunos movimientos subversivos, irrupciones inesperadas del caos y la anarquía, que en casos como el de las revoluciones árabes de la primavera pasada, intentan plantar cara a la élite en el poder político despreocupada por el bienestar de sus gobernados. Después vinieron la “Acampada Sol” en España y las protestas en Grecia, resultantes de la avidez insaciable del sistema financiero, ayuntado con el gobierno, cuyas pérdidas terminan pagándose con el esfuerzo de las clases medias —sus pensiones, sueldos, prestaciones y demás compensaciones que en la perspectiva de los poderosos parecerían premios o limosnas y no el justo pago al tajo de vida depositado en todas esas actividades que perpetúan al sistema. Finalmente, hace unos días, supimos de los disturbios en Londres, iniciados por el asesinato del miembro de una comunidad a manos de la policía y los cuales culminaron en el incendio de edificios y el saqueo de tiendas de ropa y aparatos electrónicos, rasgos estos que si bien distan mucho de un ánimo contestatario, no por ello dejan de inscribirse en esta cadena sintomática de malestar generalizado, presente en países que aparentemente nada tienen en común más que el sistema del que todos formamos parte y del que solo varía el grado de intensidad con que se aplica en leyes, políticas públicas y demás acciones impuestas desde el gobierno y los poderes fácticos al resto de la población.
Pero eso no es todo. En América una de estas fisuras, quizá la más importante, la tenemos al sur del continente, impulsada por los estudiantes chilenos que defienden el acceso libre y gratuito a la educación, sin duda uno de los instrumentos que mejor favorecen la equidad social.
En cierta forma el conflicto actual podría considerarse heredero de las protestas de 2006 —la llamada “Revolución Pingüina” que denunció las ínfimas condiciones materias de las escuelas del país y el injusto subsidio público para los colegios privados—, una suerte de agudización de un problema que entonces no solo fue insatisfactoriamente resuelto, sino que incluso por parte del gobierno se tomaron medidas que beneficiaron solo a los empresarios inmiscuidos en el lucrativo negocio de la educación privada. Esta torpe e ingenuamente codiciosa manera de solucionar el asunto confirma lo dicho por Noam Chomsky, que «hemos entrado en una nueva etapa del capitalismo de Estado en la que el futuro no importa tanto», que tiene ojos (y manos y bolsillos) únicamente para la ganancia inmediata. La reacción de estos últimos meses es entonces una respuesta de igual magnitud pero en sentido contrario a aquella franca oposición a la voluntad popular, como si la élite y sus adláteres políticos pudieran negar la posibilidad de futuro a la que cualquiera tiene derecho.
Se entiende así que, según reporta el diario El País, uno de los principales motivos de las protestas sea el endeudamiento de los estudiantes: «a diferencia de otros países, en Chile son las familias las que deben financiar la mayor parte del coste de la educación, lo que perjudica más a la clase media, que no cuenta con créditos ni becas del Estado y debe acudir al banco para pedir un préstamo. Al terminar sus carreras, los jóvenes se inician en la vida profesional endeudados durante años y los que no finalizan sus estudios deben pagar de igual modo».
A raíz de una de las últimas leyes aprobadas durante el régimen dictatorial de Augusto Pinochet (la Ley Orgánica Constitucional de Enseñanza, de 1990) la faz institucional de la educación en Chile se ha convertido, más que en un instrumento para alcanzar la igualdad social y el bienestar de las mayorías, en un ámbito que privilegia el lucro económico. Con el paso de los años esta manera de concebir la educación ha creado una pinza o un embudo en el que la mayoría de los estudiantes —de alguna manera ajenos a dichos tratos entre el Estado y el capital— han quedado a merced de la criba financiera.
Con todo, la situación de estos jóvenes chilenos no es sino una cara más de las evidentes fallas que el sistema dominante trae para las mayorías (de ahí la simpatía que han generado no solo dentro de su país sino en casi todo el mundo). La causa justa se suma al encanto de la juventud y, en especial, a la creatividad que se ha convertido en el sello de algunos de los actos de protesta más atractivos del movimiento—los más notorios: una carrera de 1800 horas por los 1800 millones de dólares anuales que costaría la gratuidad de la educación (menos de un tercio del gasto que se destina a las fuerzas armadas), una multitudinaria emulación del Thriller ochentero (simbolizando al “muerto viviente” en que se ha convertido el Estado) y cientos de parejas besándose frente al Palacio de La Moneda, sincronización que contrarresta la mala prensa con que se caracteriza al movimiento de destructivo y discordante. Aunque también hay huelgas de hambre y marchas y otras formas más habituales —pero no por ello menos efectivas— de demostrar su incoformidad.
Por supuesto que el gobierno no está contento con las protestas, pero esto es solo porque sus intereses no son ni los de los estudiantes ni los de quienes se han sumado a su causa. En vista de que la élite en el poder se preocupa solo de sí misma, quizá haya llegado el momento de sacarla de su onanismo, de ese marasmo con el que oculta los beneficios que todos debiéramos compartir y que son no solo posibles, sino de urgente aplicación.
¿Qué frutos traerá este primaveral invierno chileno?









Una aclaración: La intención del Thriller era mostrar lo que cada estudiante debia a su muerte. Cada uno llevaba un cartel con la cifra aprox. de lo que debia a los bancos al morir, aludiendo asi a que la deuda por la carrera de educación superior era tan grande, que no alcanzaba la vida para pagarla (al término de la carrera la deuda promedio es de 20 millones de pesos, más o menos 40 mil dolares).
Los estudiantes, ruegan, mendigan, exigen… que los dejen estar gratis en una institución que los eduque, para tener así el mejor sueldo, el mejor cargo, la mejor oficina… para competir, lucrar y sumar la más abultada cuenta bancaria en este sistema que ahora, tanto desprecian. Si de verdad quieren una revolución, pidamos estudiar no para seguir exaltando y reproduciendo el círculo vicioso en que nos aprisiona este sistema, sino para liberarnos y erradicar este paradigma.
Y es que por décadas en México, Venezuela, Argentina, Paraguay, Brasil, Perú, Ecuador… en general casi toda América Latina ha provisto educación superior gratuita, aún así la pobreza y la inequidad social sigue creciendo en toda la región. Debe haber gratuidad, sí, pero si creen que con eso habrá una sociedad mejor, no, seguirá empeorando si no sabemos para qué educamos. Pues los codiciosos de las farmacias, del retail, de los bancos, del gobierno, de las universidades… de dónde han egresado?
¿Sí mil pueden hacer el mismo juego, por qué no 20 millones?
El sistema tiene mucha inercia y está muy bien protegido, para cambiarlo hay que hacerlo desde dentro. Bien claro quedó en el ’73.
Por qué mil tienen que imponerle su juego a veinte millones? No veo cómo cambiará el sistema si lo único que quieren es graduarse de las universidades para hacer lo mismo que hicieron con ellos, con sus padres… con veinte millones de personas como dices, un sistema donde es imposible que todos estén en la cima de la pirámide, lugar privilegiado que sostienen todos los que están abajo. Ojalá que esta sea la crisis de una revolución. Una sublevación de la conciencia que sacuda los hombros en que se yergue este sistema, desmoronando la pirámide.
Esta crisis es una crisis de conciencia, una crisis que ya no puede aceptar las viejas normas, las viejas pautas, las antiguas tradiciones. Y, considerando el mundo en estos tiempos, con toda su miseria, conflictos, brutalidad destructiva, agresividad… El hombre aún es, como siempre lo ha sido. Todavía es brutal, violento, agresivo, codicioso, competitivo.
Hasta que lo dejen de creer e inculcar nuestros padres, el colegio, la universidad, la televisión, la sociedad… tú. Esto no va a cambiar y se tornará peor. Mientras el hombre aún tenga como dogma la búsqueda del beneficio como el fin supremo de la humanidad y la acumulación de riqueza como la realización de la vida humana. Seguiremos leyendo nuestra conducta en estos términos.
Cuanta razón tienes Luis, no lo había visto desde esa perspectiva.
Gracias.
Simplemente lo mejor que le ha pasado al país desde… hace unos BUENOS años…
La educación es uno de los pilares más importantes para un ser humano, DEBE y es su derecho, dejar la ignorancia de lado para que en el futuro NADIE lo manipule y logre un pensamiento único y propio.
El desarrollo de la mente es superior, porque es un camino para alcanzar la sabiduría. Te hace entender los valores, y te hace entender que la tolerancia es indispensable.
Estimada Pamela, lo que está pasando no es algo bueno; si bien concuerdo contigo en que la educación es tal vez el pilar más importante del desarrollo humano, ésta NO DEBES JAMAS dejarla en manos de otros (pues es así como finalmente terminan manipulandote), es tu obligación ejercitar la mente si quieres alcanzar la sabiduría. Nadie mejor que tu te obligará a salir de la ignorancia. En Chile tienes acceso a libros y bibliotecas gratuitamente, tienes acceso a Internet libremente (auqnue un poco más restringido), solo falta la voluntad del que se reconoce ignorante salir de esta condición.
Si queremos una sociedad “más valorica”, debemos identificar a los verdaderos enemigos del pueblo, el resto, tal como dice Luis, es sólo fomentar el perverso sistema que fomenta y alimenta al humano codicioso, ese que vive en cada uno de nosotros.
Saludos.
Gracias por la nota
como estudiantes, he participado de muchas marchas a favor de la educacion en pais, chile, mas asi, no me siento ni nadie dentro de chile, representado por el gobierno, esto ha sido una bomba de tiempo, que le ha estallado en la cara a este gobierno, sordo y mudo antes nuestras peticiones.
exigimos educacion, golpeamos las puertas de esta oligarquia empresarial al poder, pero por mas que nos ignoren, solo tomamos mas fuerzas.
que las imagenes que salen al extrangero, de enferntamientos y violencia son los menos, pocos casos !NO CONFIEN EN LOS MEDIOS DE COMUNICACION CHILENOS! todos ellos, tiene un punto de vista politico que hace ver solo los destrozos, lo negativo del movimiento, estan comprados, ya no informan, toda mi cultura civica integral y personal, se la debo a internet y pocos profesores
luis creo q es muy acertado tu comentario sobre para quienes trabajaran estos futuros profesionales…desde aca estamos en la resistencia, como docente y artista apoyando y acompañando a los chicos y chicas, pero es verdad la educación sin valores humanos no lleva a nada..pero para eso estaremos presentes
La forma en la que se ha llevado la educación , la cultura y la individualidad que te aconseja la tv, da como fruto de esta sociedad que estudia por plata. Yo creo que esto se debe justamente a la necesidad querer tener capital porque si no tienes dinero no te alcanza para una salud digna, para una educación de calidad, para tener una casa en la que puedas estar sin que se te llueva… por ello la gente solo busca ansiosamente salir del círculo vicioso… pero si estudiaras teniendo calidad de vida, se estudiaría para trabajar en que chile tenga más cultura, sea sustentable, tenga tecnología y así trabajo… hay que cambiar la forma de ver la vida, sin ello, solo tendrás la plata suficiente para vivir un poco más en este mundo enfermo.
Luis tiene razón; sin revolución de conciencia y estructura social, no hay una verdadera revolución.