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Si la homosexualidad entre los seres humanos prevalece, los patos dominarán el mundo

Por: pijamasurf - 10/16/2012

Periódico neozelandés publica la estrafalaria colaboración de una joven de 14 años que previene al público lector contra la prevalencia de la homosexualidad humana, comportamiento que, asegura, llevaría a la ruina de nuestra especie y el ascenso de otras que creeríamos menores como los patos, que terminarían por dominar el mundo.

La homosexualidad es un asunto polémico, incómodo, pero falsamente. En realidad el escándalo está alimentado por factores de orden moral y religioso que históricamente han buscado imponer un control sobre el cuerpo y sus comportamientos, sobre individuos que poseen la capacidad de decisión sobre sí mismos. Por desgracia ahora y hace siglos ha habido personas que, individual o colectivamente, se creen en la obligación de dictar a otros las reglas de comportamiento que siempre deberían observarse.

En un caso curioso que, por supuesto, puede tomarse como broma, un joven de 14 años envió a un periódico neozelandés, el Northern Outlook, una carta sumamente estrafalaria en la que asegura que si la homosexualidad se vuelve una práctica común entre los seres humanos, nuestra especie estará condenada a la involución y la servidumbre para con otras que ahora se creerían menores, por ejemplo, los patos.

Si la homosexualidad se disemina, podría provocar que la evolución humana se estanque. Ello podría amenazar la posición del ser humano en la escala evolutiva y, digamos, los patos podrían dominar el mundo. Los patos siempre anidan en parejas y, si permitimos el matrimonio entre personas del mismo sexo, entonces los patos evolucionarán más que nosotros. Estaremos en peligro de ser todos iguales, con los patos más iguales que nosotros.

Desde esta posición pseudoevolutiva, Jasmin H. intenta justificar su rechazo a la homosexualidad, que supuestamente atenta contra la especie entera.

“No quiero que mis hijos compitan con patos”, agrega, en la frase que mejor delata la posibilidad de que todo esto no sea más que una acción burlona, un intento (logrado) por reducir al absurdo los argumentos contra las uniones entre personas del mismo sexo —lo cual de verdad esperamos que sea así, pues, de lo contrario, sería una pena que una mente haya alcanzado tal grado de ruina a tan temprana edad.

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"El Pene y el Zipper": divertida historia gráfica sobre las complicaciones infantiles

Por: pijamasurf - 10/16/2012

Este pequeño pero ilustrativo cuento narra los difíciles momentos a los que la madre de un niño se enfrenta cuando este, por accidente, atora su pene en el cierre del mameluco. El texto original es de Beth Woolsey del libro Five Kids is a Lot of Kids y las ilustraciones son de Amber Dusick.

La literatura infantil quizá ya no tenga como única finalidad ser la vía entre la educación y la diversión. Más allá de la inocencia que un cuento de este tipo pueda denotar, las modificaciones que el tiempo trae consigo han logrado que esta literatura pueda también ser el vehículo que exprese las vivencias de las personas en su papel de padres. Como si fuese escrito por un niño, "Zipper Penis" muestra cómo una madre tiene que ceder a las exigencias s de su hijo gracias a circunstancias que este aún no puede entender. Para las personas de sexo masculino, las peripecias del joven Cai resultarán entrañables, ya sea por haberlas vividas en experiencia propia o por haberlas zanjeado: siempre estuvo latente esa mordida del metal.

Estaba a la mitad de las escaleras, con un niño de tres años al lado, cuando los gritos de otro niño de tres años comenzaron.

 Inmediatamente supe la causa.

 Segundos antes, Cai había bajado el zipper de su mameluco, pero para bajar tenía que ponérselo de nuevo, por lo que subió el zipper.

 ¿Se imaginan hacia dónde va esto? ¿Verdad?

 ¡Mamá, Mamá, mamá, mamá!

 ¡Espera!

 ¡Ven!

 ¡¡¡El ziiiiii!!!!

 Y lo que debió haber terminado en iipppp, fue interrumpido y terminado con gritos de dolor.

 Yo estaba corriendo por las escaleras cuando mis ojos comprobaron lo que mis oídos ya sabían.

 Cai había comprimido un pedazo de su pene en el zipper de su mameluco.

 Así que hice lo que cualquier madre razonable hubiera hecho: bajar el zipper.

La lesión no era tan grave. Honestamente. Solo una pequeña llaga roja.

Pero Cai estaba confundido, desconcertado y ofendido en nombre de su pene.

En situaciones similares, algunos padres ofrecerían una galleta o una golosina. Esto distrae al niño, corta el llanto, y lo tranquiliza. Pero, en realidad, no quise utilizar este recurso.

Con Cai, ceñido en mi regazo me senté en el escalón más alto y lo mecí y él comenzó a llorar.

 ¡Mi pene no está bien!, decía Cai sollozando! ¡Mi pene no está bien!

Pasamos los próximos minutos con el llanto retumbando por toda la casa. Finalmente bajamos al sofá. El hermano gemelo de Cai se acercó como muestra de consuelo.

Finalmente, media hora después, Cai fue capaz de hablar.

Y justo cuando yo pensaba que la situación estaba mejorando...

[Cai pide un beso sanador] ¿Cómo le explicas a un niño de 3 años que los poderes mágicos de los besos de mamá tienen restricciones?

 Así que opté por la galleta.

También en Pijama Surf: La cruel fabulación de los "cuentos infantiles" alemanes

[Huffington Post]