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Con seis años de una sola sucursal y cero pretensiones de innovar, el chef Martín Marín —mejor chef del año 2024 según Lo Mejor del Café Awards— ha construido uno de los rincones más honestos de la escena gastronómica de la Ciudad de México.

Del náhuatl “patzoa”, un apapacho es un abrazo o una caricia que va más allá del contacto físico y en este caso, nuestra visita a Gran Café Victoria fue justamente eso, un apapacho que se siente desde el momento en que te reciben en este restaurante de la alcaldía Iztapalapa.

Detrás de este proyecto culinario está el chef Martín Marín, con 22 años de trayectoria y un galardón que lo presenta como mejor chef del año en la edición 2024 de los Lo Mejor del Café Awards, la distinción más importante de la industria cafetera en México. Pero si esperas encontrar aquí la soberbia de los premios, te llevarás una grata sorpresa, pues el concepto de Gran Café Victoria es deliberadamente sencillo: cocina reconfortante, ingredientes mexicanos y la convicción de que la comida habla desde las emociones, no tanto de la técnica. 

"No estamos aquí para innovar, estamos aquí para interpretar clásicos", podría ser el lema no oficial del lugar. Y funciona, ya que seis años con una sola sucursal —sin franquicias, sin expansiones— dicen mucho de alguien que prefiere hacerlo bien antes que hacerlo grande. 

 

El menú que hay que pedir 

Si bien, este lugar de la colonia Sinatel es conocido por sus desayunos, lo cierto es que no es un espacio exclusivo para las mañanas. Su variedad gastronómica bien puede ser la excusa para reunirse en una tarde con amigos, tomar un aperitivo para comenzar un viernes o bien, una cena con la familia. Recordemos que la bandera es preparar alimentos reconfortantes, de esos que te apapachan el corazón. Los chilaquiles verdes o rojos son el hitazo indiscutible. El secreto está en el queso Chiapas, que aporta un toque ácido al final que los distingue de cualquier otro. Para la tarde, el turno es de los boneless —ocho piezas, jugosas, acompañadas de bastones de verdura fresca—.

Un guacamole llega en cama a la mesa, con un aroma fresco que anticipa bien lo que viene. El Mac and cheese huele desde que lo sirven: una mezcla de cheddar, Oaxaca y Chihuahua que es puro confort en un plato. La tostada de atún con piña sorprende por el contraste, pero la revelación del menú –aunque simple– es la tostada verde: guacamole, verdolagas y cilantro en una combinación que nadie esperaba y todos terminan pidiendo de nuevo. La hamburguesa llega de buen tamaño, con queso Chihuahua y una mermelada de tocino que eleva el conjunto sin complicarlo. Es el tipo de bocado que uno recuerda no por lo elaborado, sino por lo preciso.

Ahora bien, Gran Café Victoria cuenta con un menú fijo tanto de comida como de cena, diseñado para acompañar a los comensales en su día a día. A esto se suma un menú que cambia cada quince días, pensado como una opción accesible con la misma calidad. Es decir, por 299 pesos incluye entrada, plato fuerte, postre y bebida. En esta propuesta rotativa pueden encontrarse preparaciones como caldo de camarón, crudités con chamoy hecho en casa, carne asada, ceviche de pescado blanco o taquitos dorados, acompañados de postres caseros que apelan a la memoria colectiva. 

Maridajes para educar (y disfrutar)

Martín Marín, que también es profesor por vocación, no desaprovecha la oportunidad de enseñar. En Gran Café Victoria los maridajes son parte del concepto, tanto que el chef los llama "maridajes confort" y los usa para acercar a los comensales al vino sin solemnidad. En mesa probamos un Cabernet Franc Reserva Victoria 2024 con seis meses de añejamiento y una copa de Chardonnay.

Para los que prefieren algo más casual, la cerveza Pirata —una Blonde Pale Ale con un toque ligero de chile güero— es una elección local con carácter. Y si se busca algo sin alcohol, la bebida Nicolás —pepino, hierbabuena y limón, creada en honor al hijo mayor del chef— es refrescante y llena de personalidad.

El café mexicano de especialidad del Valle de Guadalupe completa la propuesta con el mismo criterio: producto nacional, bien ejecutado, sin pretensiones.

 

Para disfrutar la fiebre mundialista 

A destacar, esta temporada mundialista, el café suma un par de pantallas para ver los partidos, y la primera chela corre por cuenta de la casa.

Aunque Gran Café Victoria figura entre los mejores restaurantes de la capital mexicana, lo cierto es que no busca estar en ninguna lista. Y quizás por eso termina quedándose en algo más difícil pero también más lindo de conseguir que es la memoria afectiva de quienes lo visitan.

¡Provechito!


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Imagen de portada: Jonathan Flores