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LovePalz, el teledildo Wi Fi para tener sexo con tu pareja a distancia

Buena Vida

Por: pijamasurf - 10/02/2012

Sexo virtual con un metajuguete que permite sentir los movimientos copulatorios de tu pareja a distancia en tiempo real.

LovePalz promete ser el meta-juguete sexual, dando un paso más allá en lo que conocemos como sexo virtual. El amor a distancia es difícil --para algunos rídiculamente así--, hay veces que el deseo crece y las cámaras de Skype (o el poder de la imaginación) no son suficientes. Algunas personas quieren sentir el sello infalsificable de sus amantes y quizás LovePalz puede ser un vehículo tangible para esto.

Básicamente LovePalz es un doble jueguete sexual, un aparato minimal que simula un falo y otro una vagina. Los amantes conectan este dispositivo vía Wi-Fi a su teléfono móvil y reciben las sensaciones del coito de su pareja. La mujer que juega con el rol de "Hera" recibe el falo de "Zeus", el cual en tiempo real (según el ancho de la conexión) va trazando el bamboleo que emite el hombre sobre la vagina sintética. La velocidad, la cadencia y la presión son emulados por LovePalz con una promesa de fidelidad.

La idea que mueve a este producto es simple pero difícil de superar por el momento en el mercado de sexo virtual --se podrían crear aparatos más parecidos a los órganos sexuales reales y sacrificar un poco el diseño, pero esto quizás no sea más que un detalle. El siguiente paso, de una manera más romántica y telepática, quizás sea conectar también a la pareja a una banda electroencefalográfica para que hagan el amor con la mente --que los aparatos se muevan según sus ondas cerebrales. O que reciban vía estimulación craneal magnética sensaciones de lo que su pareja está sintiendo: una electrosíntesis del amor: una neurola.

[LovePalz]

Reloj eterno podría mantener el tiempo incluso después de que el universo muera

Ciencia

Por: pijamasurf - 10/02/2012

Físicos encuentran la manera de construir un reloj eterno que sobrevivirá la sentencia de la entropía y el consecuente fin del universo, manteniendo el tiempo consigo.

Aunque el tiempo es uno de los enigmas más elusivos de nuestra realidad, de alguna manera todos intuimos (o sospechamos) que su existencia está ligada no solo a la nuestra propia sino a la del universo mismo. El tiempo comenzó con el Big Bang, aseguran algunos, con la materia y el movimiento y, siguiendo este razonamiento, parece lógico que termine con el universo mismo, fin que la ciencia contemporánea pronostica e incluso considera inevitable.

Sin embargo —y aunque esto pareciera a primera vista un contrasentido—, recientemente un grupo de investigadores dio a conocer el diseño de un reloj que podría mantener el tiempo para siempre, incluso después de que el universo muera.

Se trata de un “cristal de espacio-tiempo” de cuatro dimensiones. En los cristales de tres dimensiones convencionales, como los diamantes y los copos de nieve, los átomos están dispuestos en patrones que se repiten, estructuras periódicas que se expresan en esas mismas tres dimensiones. En el caso de este singular reloj, dicha repetición se da tanto en el espacio como en el tiempo.

A comienzos del año el físico del MIT Frank Wilczek propuso la idea, aunque solo teóricamente. Pero ahora el equipo dirigido por Xiang Zhang, del Lawrence Berkeley National Laboratory, encontró una manera de hacerlo realidad.

Zhang y sus colegas sugieren que un cristal con estas características podría construirse utilizando un campo eléctrico que atrapara átomos cargados (iones) y tomando ventaja de la repulsión natural entre dos partículas con la misma carga (la llamada repulsión columbina).

“Bajo la influencia de un campo magnético débil, este cristal de iones en forma de anillos comenzaría una rotación que nunca se detendría. La rotación persistente de iones atrapados produciría un orden temporal, llevando a la formación de un cristal de espacio-tiempo en el estado más bajo de energía cuántica”, explicó Zhang.

Dicho estado mínimo de energía significa también la creación de un sistema sin desorden, es decir, sin entropía, esa parte de la energía que no puede utilizarse para producir trabajo que crece paulatinamente y que, eventualmente, acabará con el universo —pero al parecer no con este reloj ni con el tiempo ahí contenido.

[Scientific American]