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Dios no juega a los dados.¿ Dios juega a los dardos? Dale.

Entre las múltiples historias de creación tenemos el predominante relato de que Dios (quizás deberíamos de llamarle mejor "el demiurgo") contempló su obra satisfecho, hasta ufano, como en un potente y fecundo orgasmo, en tercera y primera persona (calma omnijetividad). Según James Joyce, mientras nosotros vivimos nuestras cuitas, Él se lima las uñas. ¿Y cómo no habría de estar orgulloso, al observar la belleza de su autogeneración, como quien se observa en el espejo y se revela perfecto rey? De las aguas surgió el fuego y el paraíso, el árbol y las ninfas (que eran la encarnación de estrellas (que eran serpientes de luz)). Pero existe una alternativa a la soberbia divina, que presenta tal vez una ontología más ajustada a nuestra experiencia intentado explicar el sentido del universo.

Hace unos días me encontré con esta frase de Lord Dunsany, al parece escrita en un texto llamado “The Hashish Man":

Once I found out the secret of the universe. I have forgotten what it was, but I know that the Creator does not take Creation seriously, for I remember that He sat in Space with all His work in front of Him and laughed.

[Alguna vez descubrí el secreto del universo. Olvide lo que era, pero sé que el Creador no toma en serio la Creación, porque recuerdo que se sentaba en el Espacio con toda su obra por delante y se reía.]

Indubablmente un genial par de oraciones. Sinceramente no sé quien sea Lord Dunsany y en este momento prefiero no acudir a Google; compartir mejor mi asombro.  Me lo imagino, olvidadizo, en el teatro de los asesinos, fumando quizás esa cepa mítica de chocolate Alamut Black que disfrutaban los verdaderos Iluminati.  Una gnosis tan profunda, parece, el universo está programado para hacernos beber del Leteo.

En Twitter el otro día también me topé con esta cita del ateo Voltaire: "Dios es un comediante actuando para un público demasiado atemorizado para reírse". ¿Serendipia?  Voltaire con su peluquín de polvo blanco y el Rey Sol en la redonda.

La pregunta fundamental es, ¿para qué se creó el universo? ¿Fue un glorificado acto onanista? ¿El Espíritu multiplicándose en una casa de espejos? Pienso que fue-es un juego. Y esa casa de espejos rápidamente se convierte en una casa de la risa.  Estamos en Disneylandia Galáctica (¿Shangai de mermelada?).  Y Orson Welles le hace cosquillas a Kafka.

Un texto de Italo Calvino juega con la feliz coincidencia verbal entre cosmos y comedia.

Cosmicómicamente intento entender el drama de la rueda de la vida. Samsara tiene cara de saraguato, cuando el mono se ríe a cámara. La mondaología de Leibniz sonríe con dientes de cometas, blancos espermas.

Regresando a la seriedad que asuminos escribiendo un artículo, un artificio. La broma de Dios es el holograma del alma. Esta persistente ilusión de que somos el que padece el chiste --y no el que lo dijo. Le tenemos miedo a un fantasma que somos nosotros (y nos metemos en las hipnóticas sabanas). Shiva dijo que el Maia, la ilusión mundanal, es Magia.

Stand-up comedy. Despierta. Maia es la madre de Buda. Se alzan los seres de la luz ante el aplauso de los astros. Pausa.

Pausa infinita.

La madrugada tiene tintes de irrealidad, soles azules.

Suelo ir a caminar por el bosque de hienas y ellas me hablan con sus quijadas salidas carcajadas de la muerte.

Debe de haber culturas que representen a la muerte con una amplia sonrisa, del tamaño de su guadaña, o de la medialuna.

Dios habla, está en todos lados, pero no te la creas. La voz en el arbusto ardiente era una fuliminante risa, de jugar con tu mente.

Algunos creen que el secreto del universo es el amor. Roma cayó. Evol. Evil. Vive. Te regalo un elástico bubulubu para que transformes esta realidad.

El amor es la broma, amor va, bro. Me quiero reír contigo y que Platón ponga una película  (una comedia en la cueva y esa sea la memoria de la eternidad). 

 

 

 

trickster, demiurgo, daemon, discordia: divina fricción: god-tease-thee

 

el poder del rey descansa en el bufón

Twitter del autor: @alepholo

Además de corromper, el poder es tan adictivo como la cocaína, asegura investigador

Por: pijamasurf - 09/07/2012

Ian Robertson, neurocientífico del Trinity College de Dublín, asegura que el poder despierta en las zonas de recompensa del cerebro efectos similares a los de la cocaína: un placer inmediato que se vuelve adicción en el largo plazo.

La capacidad corruptora del poder es legendaria, una especie de veneno que se infiltra en la mente de quienes lo ejercen y termina por modificar sus pensamientos, sus valores, su manera de comportarse frente a los demás y también frente a sí mismos.

Hace un par de días Ian Robertson, profesor de psicología en el Trinity College de Dublín y director del Instituto de Neurociencia de la misma universidad, publicó una interesante editorial en la que glosa algunos de los descubrimientos en dichos campos que apuntan a una adicción manifiesta y desarrollada a nivel neurona y hormonal que el poder despierta en aquellos que se exponen a su ejercicio.

De entrada Robertson nos recuerda que el poder incrementa los niveles de testosterona tanto en hombre como en mujeres, de la cual se sabe que tanto esta hormona como uno de sus derivados, el androstanediol-3, un esteroide, son altamente adictivos porque a su vez generan un aumento de dopamina en la zona de recompensas del cerebro, el núcleo accumbens. Este efecto, nos dice el científico, guarda enorme semejanza con los que provoca la cocaína: un placer inmediato que deviene adicción en el largo plazo.

En los babuinos, por ejemplo, se ha comprobado que los individuos que se encuentran en los niveles más inferiores de la jerarquía grupal también son los que tienen menos presencia de dopamina en las áreas del cerebro correspondiente y, por el contrario, cuando estos eran “promocionados” a posiciones superiores, la dopamina también ascendía.

Con dichos primates el ser humano comparte al menos una similitud de comportamiento: mayor poder (i. e. más dopamina) lleva a más agresividad y más actividad sexual. Además en nuestra especie, nos dice Robertson, el poder también hace más inteligentes a las personas porque la dopamina mejora las funciones del cerebro en el lóbulo frontal. Pero un descenso en la jerarquía, que se traduce en menores niveles de dopamina, incrementa el estrés y reduce las habilidades cognitivas. Robertson abunda:

Pero mucho poder ―y por lo tanto mucha dopamina― puede perturbar la normalidad de la cognición y la emoción, llevando a grandes errores de juicio y reticente al sentido de riesgo, sin mencionar un enorme egocentrismo y falta de empatía hacia los otros.

[Telegraph]