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Top 10 avistamientos de OVNIs más convincentes de la historia

Por: pijamasurf - 02/12/2011

10 avistamientos cuya evidencia nos hace preguntarnos seriamente qué diablos está pasando en este planeta; más allá del imaginario pop estos OVNIs rasgan la matriz de realidad y nos hacen reflexionar sobre este misterioso fenómeno, central al nuevo mythos de nuestra civilización.

No hay duda que la ufología es una ciencia inexacta: entre la desinformación y la fácil proyección de la psique en el espejo del cosmos, es fácil pensar que la mayoría de los OVNIs son más un fenómeno psicológico que epistemológico. Con todo,  después de revisar estos diez casos que cubren casi quinientos años, cualquiera que no sea un fanático de sus creencias o de una estrecha ciencia descubrirá que los OVNIs son uno de los grandes misterios de nuestra época y merecen el ojo atento de las mejores mentes de nuestra civilización y no su desdén. Sin intentar trazar una explicación definitiva, tal ves la fascinación del OVNI sea la fascinación de la alteridad radical en una manifestación aún incomprensible. La posibilidad de que el cielo sea un espejo de nuestra mente es suficiente alimento para explorar estos casos que tal vez en el proceso revelan más sobre nosotros que sobre visitantes extraterrestres.

El observador atento notará, sin embargo, que el estudio de los OVNIs demuestra prácticamente sin lugar a dudas que existen los visitantes espaciales extraterrestres o que existe un programa al interior del  gobierno planetario de tecnología secreta o desinformación orquestando un nuevo mito, una nueva religión falsa orientada a hacer creer a los habitantes de este planeta que estamos siendo visitados por extraterrestres que en cierta forma toman el lugar de los antiguos ángeles y demás miembros del panteón de arquetipos.  En este caso podemos afirmar que de una u otra forma existe una conspiración: para hacernos creer en extraterrestres o para ocultarnos su presencia. A continuación los 10 casos de OVNIS con mayor evidencia, según el investigador Paul Kimball, quien ha hecho este top ten basándose en los casos más referenciados por los investigadores más serios de este fenómeno. Recomendamos ver el video, uno de los documentales más logrados que se han realizado sobre este fascinante tema, mismo que Carl G. Jung entendió como una proyección de la alteridad metafísica.

  • #10: Nuremberg, 1561

En 1561 una multitud observó una serie de esferas saliendo de una nave nodriza en la bóveda celeste de Nuremberg. Los testimonios son múltiples e incluso existe una imagen labrada por el artista  Hans Glaser. Reminiscente de la legendaria batalla de OVNIs de Los Angeles, la batalla astral de Nuremberg es la batalla original, en lo que se refiere a luces no identificadas.

Significativamente, como suele suceder en cuestiones de proyección psíquica, uno de los testigos observó una cruz llenarse de sangre. Ciertamente una imagen parte de la imaginaria de la época.

* #9: Skylab III

En el lanzamiento de la segunda estación espacial de la NASA piloteada,  Skylab, en septiembre de 1973, los astronautas Alan Bean y Owan Garriot observaron una extraña luz roja y la fotografiaron para quitar de dudas —entre escépticos forcejeos de un imposible fenómeno óptico transatelital— y de paso sentando un insoslayable e histórico registro de  un avistamiento aún inexplicado.

  • #8: Yukon 'mothership'

En un masivo avistamiento, más de 30 testigos en diferentes localidades del territorio Yukon en Canadá observaron un OVNI del tamaño de un estadio de futbol. Los testigos sorprendentemente no se contradicen en sus testimonios.

  • #7: Malstrom AFB

En 1967, en la base Malstrom, el soldado Rober Salas recibió una llamada de un guardia que reportaba un OVNI sobrevolando sobre la puerta  de esta base de la fuerza aérea de Estados Unidos.  El objeto estaba iluminado por una halo rojo y desactivó varios de los misiles de la base militar.

  • #6: Shag Harbour

Las fuerzas militares canadienses reportaron en octubre de 1967 el impacto de un extraño objeto en la bahía de Shag Harbour.  Después de una extensa búsqueda que involucró tanto a la fuerza área como a la fuerza naval no se localizó ningún objeto. Este es uno de los pocos casos en los se ha generado una constancia gubernamental de que existió un objeto volador no identificado. El caso incluso fue investigado por dependencias estadounidenses sin rendir ninguna explicación.

  • #5: Kelly Johnson

Kelly Johnson uno de los diseñadores de aviones más reconocidos del mundo avistó un OVNI en 1953 al mismo tiempo que un avión de la compañía militar Lockhead  Martin también reportó avistar un objeto no identificado de 30 metros de diámetro. Johnson, respetado ingeniero aeronáutico, concluyó después de este avistamiento que los OVNIs existían sin lugar dudas. Pese a esta afirmación pública, Johnson continuó diseñando los aviones secretos del ejército de Estados Unidos por 20 años, dando lugar a todo tipo de sospechas.

  • #4: McMinnville/Trent Photo

Esta fotografía tomada en 1950 en McMinnville, Oregon, apareció en la revista Life y según expertos constituye una de las imágenes más significativas en la historia de la ufología, analizada por diferentes expertos a lo largo del tiempo sin llegar a una conclusión definitiva.

  • #3: Rendlesham Forest

El llamado Roswell británico ocurrió en diciembre de 1980 en el bosque de Rendlesham, Suffolk,  y hace referencia a una serie de avistamientos ocurridos durante tres días que incluyen el aterrizaje de una nave no identificada cerca de una base militar.

  • #2: Iran, 1976

En 1976 el General Parviz Jafari de la Fuerza Aérea iraní recibió órdenes de acercarse en su jet Phantom F-4 a un OVNI multicolor que volaba sobre Teherán. Jafari comenta que persiguió, como un gato a un ratón, al OVNI y que intentó disparar misiles al objeto volador pero estos fueron desactivados. Este caso fue estudiado por el teniente coronel Mooy de Estados Unidos y observado por cientos de personas.

  • #1: RB-47

En 1957 una aeronave RB-47 equipada con contramedidas electrónicas y con una tripulación de seis oficiales, fue seguida por más de 1000 kilómetros y por un periodo de 1.5 horas desde Mississippi a Louisiana, Texas y Oklahoma por un OVNI. El objeto fue visto varias veces por la tripulación y detectado  en el radar de los operadores en tierra. Este caso es especialmente emblemático ya que el objeto apareció y desapareció en el radar al menos tres veces en distintos canales. La tripulación reportó haber observado una luz intensa realizando maniobras veloces jamás vistas en una aeronave hecha por el hombre.

Alquimia psicológica en "El Cisne Negro" (el arte que sublima la muerte)

Por: pijamasurf - 02/12/2011

La última película de Darren Aronofsky puede ser vista como un proceso psico-alquímico en el que una princesa integra su sombra -su sexualidad y su oscuridad- para completar la gran obra y fundirse con el sol

Explotando esa capa oscura que tienen en su coraza los cuentos de hadas, el Cisne Negro es una nueva manifestación de la matriz de arquetipos que sale a la superficie (donde el mundo los integra) a través de Hollywood y en general de la logósfera que habitamos. La clave quizás de esta película, que muestra la maduración de uno de los más brillantes jóvenes directores que tiene el cine actualmente, es esa capa profunda del cuento de hadas -donde conviven en el mismo portal de un espejo la muerte y el sexo- donde yace la sombra/inconsciente, y ahí, en ese proceso lunar de hacer visible lo invisible, está la alquimia. Uno sólo puede imaginar a lado en esa sala oscura que se iluminó en la caída al lago del sol de la princesa que abraza su sombra liberando su sexo a Carl Gustav Jung. Pocas películas pueden invocar con tanta intensidad esas dos discplinas que Jung unió: la psicología y la alqumia, viendo en el proceso de la sublimación de la piedra filosofal procesos análogos en el laberinto de la psique.

Nina, la eterna niña, que vive dentro del pastel-peluche fantasía encantada -bizarramente bajo la vigilancia represora de la Bruja, su madre- en el mejor papel de Nathalie Portman (que sólo por un segundo logra ser el cisne nagual Set-Tezcatlipoca, posiblemente no lo habría logrado más y luego la luz y caer en el sol ) es la encarnación del arquetipo multdimensional. Una lectura es la esquizofrenia, el espejo fragmentado -en una psicocita perfecta cuando Nina se mata a sí misma matando a Lily (Mina Kunis) (ecos breves de Orson Welles en La Dama de Shangai) y el cristal se fragmenta-, con sus doppelgängers asediando con inevitables reminiscencias de Mullholand Drive, donde el deseo del éxito conduce a esa alternidad del sueño feliz de terciopelo (la diferencia entre el personaje de Noami Watts en la película de Lynch y de Portman en la de Aronofsky, es que el personaje de Portman es una artista y completa su obra, y el de Watts es una víctima de la programación mental de Tinsletown)... Como en otras películas (A Beautiful Mind, Shutter Island, por ejemplo)  el espacio cinematográfico se convierte en el espacio mental de Portman, (el portal entre el psi y el cine, con un apellido sincromístico); vemos poco a poco los dejos-destellos de la pesadilla de una niña que, pese a ser una mujer, no deja de ser una niña (pero esa inocencia impoluta tal vez es lo que le permite completar la obra final, bailar en el sol inmortal de la mente,: porque los niños todavía pueden proyectar el pensamiento mágico sobre la realidad). Y justamente ahí entra la alquimia, la segunda lectura, cuando el cisne blanco logra invocar un oculto cisne negro y hacerlo suyo, porque su frigidez y su fragilidad la alejaban, el reto se sublima.

Nina, a través de la espiral albinegra de manifestar su inconsciente para transmutar la energía de lo que Jung llama la sombra, logra materializar en ella la trama de "El Lago de los Cisnes": la princesa que por un hechizo se convierte en cisne y que sólo a través del amor puro -un amor que trasciende este mundo,  y que, como todo amor épico, en la muerte encuentra su consumación- puede revertir el hechizo. La genialidad de Aronofsky  es insertar en esta clásica historia musical al cisne negro como catarsis alquímica del proceso a través del cual la princesa hechizada se libera. Un cisne negro que representa fundamentalmente el sexo. Nina es el estereotipo de la frigidez -con la madre-bruja que castiga y mima en el mismo movimiento-: remprimiendo esa parte de sí inexporada pero innegable, que el colega de Jung, Freud, ligara con la niñez para siempre, el sexo. Pero el sexo también es la creatividad, el kundalini: en Nina es crearse otra: el Cisne Negro en el cual se transmuta después de todo un proceso drámatico  (si acaso hollywoodesco con ese inserto del productor en el opus de Aronofsky con la escena lésbica hot, pero sexo también con ella misma, Portman copula con su sombra, con su reemplazo (y todo verdadero artista copula consigo mismo)) para poder  liberar su sexualidad y seducir al doble príncipe (el director y el actor-bailarín). No es baladí que parte del proceso de aceptar su energía sexual sea a través de una pastilla de éxtasis (como Di Caprio en Romeo y Julieta) que le dosifica su doble Lily en un date-rape drug voluntario (en cierta forma es la misma Nina la que colocó esa pastilla en la bebida clandestinamente): el éxtasis puro, el MDMA, es una sustancia diseñada de origen para la psicoterapia, para la empatía, en este caso la empatía con su sombra,  y acabar follando con su fantasma en el aposento de la princesa embrujada.

No es casualidad que el personaje de Vincent Cassel, el desflorador de princesas, sea más un dios sexual, Dionisio-Pan avant guard, que un príncipe azul, es lo que hace negro al cisne. Es Zeus que violó a Leda, en un salvaje ballet en el cielo, para crear a la mujer más bella, Helena (el Cisne Blanco y Nathalie Portman, el arquetipo de la mujer hermosa virginal (antes representado por Winona Ryder en Hollywood)). Cuando Cassel le dice a Portman que se toque, que explore su sexualidad, le está dando una lección de ballet cósmico: incorporar la dualidad, yin-yang. Es también el papel de Cassel generar el celo -aquello que engendra, mayéutica y parto- que le tiene Portman a Kunis con respecto al maestro de ceremonias, y lo que la mueve a llevarse al más allá como artista, lo que le hace dar la estocada final de matarse para renacer frente al espejo fragmentado... y transformarse en el pájaro mágico que rebosa sexo.

Escalofríos de kundalini subiendo al quinto chakra recorren el cuerpo del espectador a la altura de donde nacerían las alas cuando Nathalie Portman (¿es un doble?) se convierte en el cisne negro, un proceso que inicia ominosamente en el metro cuando Nina desea -duda- tener eso que la hace poder conquistar el papel y se desdobla: en el espejo vertiginoso de la estación del underground (como Orfeo, como los gemelos divinos Ixbalanque y Hubab Ku que tienen que viajar al inframundo para renacer y disprarar el sol en el aro galáctico del juego de pelota) ... en un momento que recuerda cuando Carlos Castaneda se convirtió en cuervo, que recuerda cuando la niña conoció el falo del sol en la noche, que recuerda al nagual, la interfaz del lado oscuro de la divinidad. Un maquillaje en movimiento que vale la pena destacar, unos ojos estupefactos que son más ave que mujer, pero que llevan a la mujer al cielo, finalmente, a través del ave indómita.

Y  la caída del final, en una pirámide negra con un sol de fondo (¿referencia al monólito negro alquímico de Kubrick en "2001:Odisesa Espacial"?), es el Ouroboros,  la fusión total con  la luz, con el personaje, en la metaficción.  El último diálogo de Nina en ese culmen -cisne blanco chamánico de sangre- nos remite a una escena de la primera parte de la película, cuando Cassel le dice que la perfección no es sólo tener control, también es dejarse ir, completa así la alquimia, la perfección del cuerpo que se vuelve  espíritu -luz- al  dejarse caer. Una frase de Terence Mckenna viene a la mente, perfecta para el cisne (Tezcatlipoca que integra su Queztalcoatl):

This is what all these teachers and philosophers who really counted, who really touched the alchemical gold, this is what they understood, this is the shamanic dance in the waterfall, this is how magic is done: it's done by hurling yourself into the abyss, and discovering that it's a feather bed. There's no other way to do it.

(Esto es lo que esos maestros y filósofos que realmente contaron, que realmente tocaron el oro alquímico, esto es lo que entendieron, que la danza chámanica es la cascada, así es como se hace la magia: se hace arrojándose al abismo, y descubriendo que es una cama de plumas...)

Queda poco que añadir a la  consumación alquímica pero quizás habría que  mencionar que la luz primero tiene que aceptar y amar su oscuridad para luego asesinarla (asesinándose) y así renacer (como en el mito de la Rama Dorada): una muerte-puerta cuyo máximo símbolo es la caída en el sol, en ese último coqueto de Mercurio cuya órbita se anega en la heliósfera: la pantalla se ilumina y la pregunta fundamental es: ¿sentiste tú esa alqumia al final?

La tercera lectura que admite esta cinta, relacionada con la alquimia de la chica esquizoide que transmuta su deseo, es la del artista, la del personaje de Portman (el portal) y la de Aronofsky. Nina urde sobre el espacio de su trama aquellos obastáculos que necesita para poder consumar su papel, como un princesa alquímica; en este sentido todo su entorno es una proyección demiúrgica, no es real, es la realidad creada por el arte.  Así Nina crea a Lily (Kunis) como su otredad, para poder transferir esa energía de la sombra, crea, tambien  la metarepresión de su madre para poder trascenderla, para poder llegar al límite, el único punto donde se puede realmente hacer una transformación profunda. Algunos espectadores podrían desencatarse con las manifestaciones fantásticas de la película, las casi caricaturas que aparecen a veces, pero son completamente justificadas dentro de la psique vuelta medio -cine- de Nina: el espacio por el cual transitamos.  A fin de cuentas el artista -bailando sobre el caos-, como el alquimista, es capaz de hacer su espacio interno su realidad externa.

Para concluir con unas menciones habría que notar la siempre fina banda sonora de Clint Mansell, un imprescindible en la obra de Aranofsky,  la cual nos lleva en corto al espacio mental y a su frenesí  conduciendo al espectador por el mismo proceso alquímico del personaje.

La cinematografía de Matthew Libatique, en una paleta minimal buscando claroscuros y siempre con tomas cerradas para introyectarnos a la mente de Nina y entrar a su subjetividad, moviéndonos en la angustia y en el acoso, y así, después, liberándonos con ella, merece también una mención. Portman aparece en todas las escenas de la película -como ella o como una reflección de ella- lo que nos lleva a experimentar la proyección de su psique en el mundo exterior.

Para el sincromístico conspirafan habría que notar el pase de estafeta de Winona Ryder a Nathalie Portman, una metareferencia al interior de la industria, Portman es lo que era Winona Ryder  -la niña sensible y linda del arquetipo princesa Hollywood- y lo es también en la película.

Como atenuante al lector, es quizás conducente notar que el autor tiene una tendencia a ver un proceso de alquimia con suma facilidad, pero ¿acaso no es parte de la propia alquimia espejeada ver este proceso en todos lados y un guiño a Aronofsky, quien tal vez ni siquiera sea consciente de que es parte de una alquimia colectiva que posiblemente esté transformanado a todo el planeta?