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El futuro de las drogas podría estar en los implantes cerebrales

Por: pijamasurf - 03/23/2016

¿Será posible emular los efectos de cualquier droga a través de dispositivos cerebrales artificiales? ¿Eso podría terminar la guerra contra las drogas?

Si la guerra contra las drogas terminara por volver ilegal toda planta y sustancia química psicoactiva y enteógena, tal vez los exploradores de la conciencia tengan un campo nuevo y fecundo en la estimulación cerebral. A diferencia de la medicina tradicional (que tiene rituales y conocimiento que la medicina occidental no siempre reconoce como valioso), los implantes cerebrales comenzarán a ser una forma de programar el cerebro como si fuera una máquina, curando o previniendo padecimientos como el Alzheimer y el mal de Parkinson, pero también abriendo la posibilidad de tener "highs" químicos directamente disparados en el cerebro.

Las drogas del futuro podrían ser códigos parecidos a un sistema de videojuegos: sesiones de entre 5 y 20 minutos con diferentes tipos de estimulación, según tus necesidades. Puedes recibir un subidón o un bajón, puedes relajarte o estimularte, pues los implantes podrían imitar los efectos de cualquier tipo de droga, garantizando que nunca tendrás sobredosis ni efectos indeseados, porque no se trata de sustancias sino de efectos neuronales.

Un prototipo comercialmente viable se llama Thync y envía una corriente de 20 miliamperes al nervio trigémino en tu frente. Puede estimularte para que tengas más energía --por lo que no tiene ese aspecto oscuro de las drogas "químicas" de afectar la vida laboral-- o enviar tranquilizantes vibraciones en tu nuca y espalda para relajarte al final del día.

Otra ventaja de los implantes cerebrales es que parecen más seguros que cualquier tipo de droga ilegal en la actualidad. Muchas veces la gente sólo puede confiar en lo que el dealer le dice: no hay un mercado regulado que diga que ese LSD contiene lo que debe contener; pero con los implantes no tienes ese problema. ¿Necesitas un shot de dopamina? No hay problema. ¿Pero tienes que estar despierto y listo para una junta en la tarde? Tampoco hay problema. 

Un contra puede ser que los biohackers ingresaran en la programación y ofrecieran cosas que los fabricantes aún no se esperen, yendo más lejos y más rápido que lo que la medicina académica permite. Pero a diferencia de las sustancias ilegales, un programa de computadora y una señal eléctrica siempre dejan huella, siempre pueden rastrearse y seguirse, por lo que la propia arquitectura de los implantes debe hacerlos seguros. Por supuesto todo está apenas en fase experimental, lo cual no quiere decir que no se vea a la distancia una época próxima de cyborgs, mitad personas y mitad máquinas, conectados y comunicándose todo el tiempo.

Un mismo estudio sugiere que las personas religiosas son poco inteligentes, pero los ateos son psicópatas

Por: pijamasurf - 03/23/2016

Una investigación a nivel cerebral mostró el efecto que una creencia religiosa puede tener en capacidades cognitivas como la razón o la empatía

En el siglo XV, grandes pensadores del Renacimiento defenestraron a Dios y la religión como modelo de pensamiento que explicara y reglamentara la realidad perceptible, desde el movimiento de las estrellas hasta los actos cotidianos de una persona. A cambio, el ser humano se colocó a sí mismo en el lugar del saber: armado con la razón y sus recursos, emprendió el camino de la investigación y las explicaciones lógicas, coherentes, que ofrecieran una respuesta a la realidad con elementos de la realidad misma, y no recurriendo a un ente suprahumano y fuera de los círculos de este mundo.

Desde entonces, la oposición entre religiosidad y ateísmo ha sido una constante ideológica en las sociedades modernas y occidentales, una suerte de dualidad irreconciliable en la que además existe un elemento de supuesta superioridad: dado que la predominancia del pensamiento religioso-mágico fue anterior a la del pensamiento racional, se considera en general que no creer en Dios es más avanzado, racionalmente, que admitir su existencia y rendirle algún tipo de culto.

Un estudio realizado recientemente por neurocientíficos de la Case Western Reserve University y el Babson College (ambos situados en Estados Unidos) sugiere que dicho enfrentamiento entre una y otra postura no es únicamente social o histórico, sino que, sorprendentemente, ocurre también a nivel cerebral.

De acuerdo con esta investigación, la creencia religiosa tiene uno de los efectos más interesantes en nuestro cerebro, pues ocurre que las regiones asociadas con el pensamiento analítico y crítico se “apagan” pero no gratuitamente, sino con un objetivo específico: hacer que nuestra intuición emocional se potencie y con ello seamos más empáticos y socialmente hábiles con nuestros semejantes.

Por otro lado, al analizar lo que sucede en el cerebro de personas que se dijeron ateas, los científicos encontraron un perfil de funcionamiento cercano a la psicopatía, sobre todo porque, como en dicho trastorno mental, los ateos también presentan una carencia notable de empatía, lo cual puede traducirse en un egoísmo casi patológico.

En cuanto a la inteligencia, el estudio también encontró una especie de desdén por parte de las personas religiosas a esta cualidad cognitiva. La conclusión preliminar es que los creyentes parecen menos inteligentes porque ante un problema prefieren encaminarse a la red neuronal de la empatía y las emociones, antes que al análisis y el pensamiento racional. Esto, sin embargo, es discutible, al menos si pensamos que en años recientes el entendimiento de las emociones se ha considerado también otra forma de inteligencia, lo cual es una manera de decir que hay otras manifestaciones de dicha capacidad.

Como sea, el estudio está ahí, para que cada cual saque sus propias impresiones.