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Estos son los mejores países para extranjeros que quieren mudarse o experimentar otro clima

Estos son los países más amigables según un índice compilado por InterNations en el que se sondearon a más de 14 mil personas.

El ranking toma en cuenta la calidad de la vida del lugar, la facilidad con la que uno se establece ahí, incluyendo la calidez de la gente, las facilidades para trabajar siendo extranjero, la vida familiar, el costo de vida y las finanzas personales. 

El reporte, el cual puede consultarse en su totalidad aquí, tiene como motivo proveer una guía para personas que buscan irse a vivir en el extranjero, si bien tiene una óptica británica.

El top cinco está encabezado por Taiwan, Malta, Costa Rica, México y Colombia, la calidez latinoamericana y el buen clima se imponen en esta lista. Cerca también Ecuador, Brasil y España.

 

Taiwan 
Malta
Costa Rica 
México 
Colombia 
Oman 
Filipinas
Nueva Zelanda
Vietnam 
Portugal 
Brasil 
España
Ecuador 
Canadá 
Rumania 
Bahrain 
Uganda 
Indonesia 
Ucrania
Irlanda
Tailandia 
Argentina 
Australia 
Chipre
USA 
Grecia
Perú
Marruecos 
Japón 
Israel 
Emiratos Árabes
Malasia 
Tanzania 
India 
Kenia 
Turquía
Egipto 
Kazakhstan 
Mozambique 
Polonia
Luxemburgo 
U.K. 
China 
Nigeria 
Holanda
Hungría
Italy 
Panamá 
Sudáfrica
Corea del Sur
Singapur
Hong Kong 
Bélgica 
Finlandia
Alemania
Francia 
Chile 
Austria 
Rusia 
Dinamarca 
Qatar 
Suecia 
Noruega 
Suiza 
República Checa 
Arabia Saudita 
Kuwait 

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De pronto, un día nos damos cuenta de que nuestra vida gira en torno al teléfono celular, al miedo y a la saturación de peleas, y sólo hasta ese momento comenzamos a ver la relación con otros ojos

No hay quizá nada más emocional y espiritualmente desgastante que un mal de amores, y uno que implique una relación de pareja inestable, conflictiva y caótica produce un estado de ánimo en el que predomina la angustia y se imposibilita el enfocar la atención en otros temas, como el trabajo, la escuela o la familia, entre otros; y también desencadena una serie de malestares y conflictos con nuestra cotidianidad, la salud y las personas más cercanas. 

De pronto un día nos damos cuenta de que nuestra vida gira en torno al teléfono celular, al miedo y a la saturación de peleas, y sólo hasta ese momento comenzamos a ver la relación con otros ojos: unos con mayor objetividad sobre la insalubridad de la relación. Incluso lo que antes nos llegaron a advertir comienza a tener lógica, sobre cómo el principio fue cómodo pero la convivencia con la pareja se tornó incómoda y en algunas ocasiones violenta. 

Al indagar sobre las posibles causas que deterioraron a tal grado la relación, se encuentran cuatro patrones que son los más comunes: 

 

– La dependencia

Si bien cada miembro de la pareja necesita el apoyo y compañía del otro, también se requiere de un espacio personal para desarrollarse independientemente. Es decir, hay que generar un equilibrio entre la individualidad y la pareja, en especial a la hora de continuar con proyectos personales en torno a lo profesional, la actividad física, las amistades, la forma de vestir y la personalidad, entre otros. Mediante el establecimiento de acuerdos, comunicación, comprensión (disfrutar del goce del otro pese a no estar junto a él o ella), autocuidado, la relación irá evolucionando a tener actividades en conjunto y actividades individuales. Incluso, así la compañía de la pareja se hace aún más satisfactoria. 

 

– Diferentes valores no negociables

Estar en una relación implica comprometerse con un vínculo entre dos seres tanto con un historial familiar y personal –aunque provengan del mismo grupo cultural– como con objetivos a largo plazo diferentes. Por ejemplo, puede llegar a suceder que uno de los miembros desee un hijo y el otro prefiere viajar por el mundo. Es verdad que hay valores que pueden ser más o menos flexibles, como modificar los horarios de sueño, pero hay otros, como los proyectos de vida personales o ideologías políticas, éticas y sociales, que no se pueden  ni se quieren cambiar. Al no haber un estado de conciencia ni acuerdo al respecto, muchas veces se termina en una relación de pareja cargada de rencor e indiferencia. 

– Ausencia de compromiso

Estar en una relación de pareja, tradicional o abierta, requiere de compromiso para cumplir con los acuerdos establecidos entre ambos miembros. El compromiso incluye ser capaz de comunicar aquello que duele (por ejemplo, la presencia de una tercera persona), escuchar empática y atentamente lo que le duele a la pareja –¿es la conducta de la tercera persona o de uno en relación con él y ella?– y tanto proponer como realizar cambios en función del bienestar de la pareja. En caso de que el compromiso no se exprese en la confianza, la comunicación, el respeto y los actos del día a día, es muy probable que esa relación se vuelva disfuncional y dolorosa, así como llena de rencor. 

 

– Fomentar explícita o implícitamente la desigualdad/inequidad

Conductas como revisar los mensajes del teléfono celular, correos o redes sociales, prohibir amistades o vínculos, menospreciar la manera de vestirse, pensar o actuar, humillar pública o íntimamente, forzar actos sexuales (o de lo contrario “puede irse con otra persona”), son algunos de los actos que fomentan la violencia tanto de la pareja como de género. La desigualdad e inequidad resulta cuando uno de los miembros ejerce control y poder, pero lo fomenta desde su subjetividad consciente.