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¿Hormonas o patriarcado? ¿Por qué las mujeres se deprimen más que los hombres?

Por: pijamasurf - 01/18/2016

Estadísticamente hay más mujeres con depresión que hombres, una disparidad con raíces fisiológicas que, sin embargo, también puede explicarse socialmente
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Imagen: Elizabeth T (flickr)

Históricamente ha existido una relación entre las mujeres y ciertas enfermedades mentales. No es que únicamente las mujeres se enfermen de ciertas cosas, sino que desde un punto de vista social ciertos trastornos se han considerado, conceptualizado y aun tratado de distinta forma cuando se presentan en una mujer (a diferencia de cuando los mismos síntomas podrían encontrarse en un hombre). Durante buena parte del siglo XIX, por ejemplo, se creyó que la histeria era un padecimiento exclusivamente femenino, una consecuencia de la falta de orgasmos que se manifestaba en parálisis parciales, pérdida de voz y otros síntomas psicosomáticos.

Aunque las cosas han cambiado un poco en el mundo de la psiquiatría y otras ciencias de “lo humano” (dicho desde el enfoque de Michel Foucault), dicho sesgo se mantiene, matizado quizá o bajo otros términos pero aún ahí, marcando una diferencia más social y cultural que objetivamente fisiológica entre enfermedades mentales y género de quienes las padecen.

Tal es el caso de la depresión, quizá el trastorno psíquico más popular de las últimas décadas del siglo XX y las primeras del XXI, que si bien se ha explicado desde distintos puntos de vista, el predominante ha sido el de la psicología medicada y sus torrente de fármacos prescritos para una sociedad hundida en la tristeza, la monotonía y el aburrimiento, el cansancio y el rendimiento a los que alude Byung-Chul Han como consecuencia de la autoexplotación incesante a la que nos orilla el capitalismo contemporáneo.

Salvo en las mujeres, que con frecuencia son la excepción dentro de este sistema. El discurso dominante puede decir que las mujeres se deprimen por las mismas circunstancias que un hombre pero también por su propia condición de mujeres, como si ésta fuera en sí misma un factor desencadenante de otros síntomas. Y quizá lo es, pero un síntoma que apunta a otra enfermedad.

Por estos días, el sitio de la revista Slate reseñó un par de estudios que analizan la manera en que los cerebros de animales procesan la depresión según se trate de machos o hembras. En primer lugar, en una investigación dirigida por Debra Bangasser, de la Temple University, se encontró que la diferencia de niveles de estrógenos, progesterona y testosterona influye en la actividad del factor de liberación corticotropina (CRF, por sus siglas en inglés), un neuropéptido asociado con la respuesta del sistema nervioso ante el estrés. En el caso de los cerebros de roedores hembras, la reacción incluyó una mayor presencia de recetores de CRF en la superficie cerebral en comparación con los machos, un efecto que se agudizó aún más en hembras en las que se elevó intencionalmente los niveles de estrógenos y progesterona. En términos de comportamiento, esta respuesta significa que las hembras son capaces de reaccionar con mayor rapidez en una situación estresante (probablemente por la implicación evolutiva del cuidado de las crías y los miembros más jóvenes de una comunidad).

Por otro lado, una segunda investigación, realizada por el el doctor Michael Q. Steinman y otros científicos de la Universidad de California, descubrió un posible vínculo entre la oxitocina, la depresión y el cerebro de hembras de ratones. Como sabemos, la oxitocina es uno de los neuroquímicos más importantes en el procesamiento de las emociones, al grado de que se le conoce como “la hormona del amor”. En el caso de las hembras, paradójicamente, la oxitocina parece favorecer más bien un estado de angustia o tensión, al menos en el caso del estudio de Steinman, en donde la reacción de un grupo de roedores a un ratón más agresivo que todos fue más aguda en las hembras que en los machos, lo cual se comprobó en el alto nivel de oxitocina presente en su tejido cerebral, que se mantuvo más de 10 semanas después del encuentro con el ratón violento y lo cual las hacía paralizarse de miedo ante la presencia de cualquier ratón desconocido (la misma reacción se disolvió en 3 semanas en el caso de los machos). Para sorpresa de los investigadores, en vez de mitigar los efectos del trauma, en el caso de las mujeres parece ser que la oxitocina los agudiza.

Finalmente, un tercer estudio, llevado a cabo por la Universidad de Colombia, indagó sobre la relación entre depresión femenina y desigualdad de género. Para nadie es un secreto que nuestras sociedades son inequitativas en el trato social entre hombres y mujeres, favoreciendo a aquéllos y en detrimento de éstas (en mayor o menor grado según el grado de civilización de una comunidad pero, en términos generales, presente en todas). En el estudio de Jonathan Platt, del Departamento de Epidemiología de dicha universidad, se recabaron datos de 22 mil 581 individuos estadounidenses de entre 30 y 65 años y con un trabajo fijo, los cuales se utilizaron como marco de comparación de otro universo estadístico: 9 mil parejas de hombre y mujer con una formación escolar y experiencia laboral muy similares. En un resultado que no es muy sorprendente, el cotejo de data encontró que en parejas con estas condiciones donde la mujer gana un salario inferior al del hombre, ella tiene también cuatro veces más probabilidades de angustiarse que su compañero y casi dos veces más probabilidades de sufrir un episodio depresivo severo. En contraste, si es el hombre quien gana menos que la mujer, las probabilidades de desarrollar ambos trastornos son casi las mismas entre sí.

Ahora bien, ¿a dónde nos lleva todo esto? Como escribe Christina Cauterucci en Slate, “los eventos neurológicos tal vez hagan a las mujeres más susceptibles a trastornos de ánimo, pero la discriminación les da el ambiente perfecto para echar raíces”. Muchas veces, desde el sentido común podemos pensar que la singularidad psíquica es, por esa misma característica, un asunto exclusivamente individual, intransferible incluso, como si la persona fuera la única responsable de su condición y sus problema. Sin embargo, como lo explicó Freud al inicio de Psicología de las masas y análisis del yo, si el individuo se enferma psíquicamente eso sucede en sociedad, porque son las estructuras sociales y el ejercicio de éstas sobre la formación de la persona las que la van encaminando hacia la funcionalidad pero también hacia el síntoma en un proceso paralelo e indisociable que, con todo, al volverlo consciente podemos reencauzarlo hacia una alternativa más favorable para la vida en comunidad –que, en este caso, equivale a decir: a favor de las condiciones de igualdad para las mujeres, en todos los aspectos.

Este gracioso GIF viral contiene una dolorosa verdad sobre el arte y sus creadores

Por: pijamasurf - 01/18/2016

Una graciosa imagen nos recuerda la cruenta verdad acerca del arte de vivir fuera de todo presupuesto y desarrollar, de la nada, una obra creativa o artística

 

Esta tierna imagen de un niño al que se le pregunta si gana dinero con su arte ha estado dando vueltas por Internet, y a pesar del cómico efecto, reproduce un lugar común sobre el artista y su lugar en una economía como la actual.

El mito del artista hambriento, indigente, drogadicto, etc., se sostiene de clichés que cambian con la época y las expectativas sociales, pero sigue siendo cierto que colocar obras de arte --o incluso tratar de vivir de alguna de las profesiones involucradas en la producción artística-- sigue siendo un arte difícil de aprender. Podemos reírnos acerca de la vida y obra de los artistas excluidos de los cotos de poder (como hace el tumblr Vida de Escritores), pero la disparidad salarial entre hombres y mujeres artistas, además de los draconianos controles hacendarios para la producción de arte, complican en gran medida la labor creadora (sin contar con el propio y atávico ego de los involucrados. 

Según un informe del Pew Research Center, muchas de las ideas heredadas sobre los artistas son falsas: una encuesta del PRC revela que los músicos sienten que el Internet les ha dado exposición y ganancias mejores a las que tendrían si mantuvieran controles más estrictos sobre copyright. Parece que los músicos aceptaron mucho antes que el resto de los artistas la noción de que la disponibilidad de su trabajo para ser escuchado y descargado por posibles fans era mejor que ver a los consumidores de música como simples "compradores".

Entre otras estadísticas, el PRC reveló que en Estados Unidos existen 32 millones de personas que se consideran a sí mismos artistas --un insoslayable 10% de la población, a pesar de que sólo 10 millones de ellos afirmaron ganar dinero con su trabajo. A pesar de esta cifra, el Fondo Nacional de las Artes de EE.UU. sólo tenía registrados a 2.1 millones de personas como "artistas profesionales" (datos de 2011). Lo que es más revelador: no sólo una minoría es capaz de vivir de su trabajo sino que, entre ellos, el ingreso está por debajo de la media de cualquier otra profesión. Para el año de la encuesta, el ingreso promedio en EE.UU. se ubicaba en 54 mil dólares al año, mientras que para los artistas es de 43 mil. Para coronar el pastel, la disparidad entre géneros sigue siendo patente en este rubro: por cada dólar que gana un artista hombre, una mujer artista gana $0.81. 

Pero si creen que la perspectiva es dura solamente para los jóvenes talentos buscando hacerse un sitio en este amplio mundo a fuerza de inspiración, los creadores con trayectoria no lo tienen más fácil. El poeta Antonio Gamoneda, ganador del Premio Cervantes de Literatura y un referente importantísimo en las letras hispánicas es uno de los que se encuentra en una encrucijada provocada por la legislación española de Seguridad Social, que obliga a elegir, a los creadores jubilados que reciben fondos del Estado, renunciar a sus regalías por concepto de derechos de autor, limitando sus posibilidades de generar ingresos con sus obras, sin importar que se trate de verdaderos clásicos contemporáneos.

"Es terrible. Si termina imponiéndose, ¿qué vamos a hacer los escritores, los científicos y los creadores? Es un disparate. Yo tendré que dejar de escribir, porque, con lo que gano con mi escritura, no puedo vivir", afirmó Gamoneda.

Según otro informe sobre la percepción neta de los pintores y artistas visuales en Gran Bretaña, destaca que sólo 1/3 de ellos vive de su trabajo creativo, mientras que 57% obtiene las 3/4 partes de su ingreso trabajando en cosas que no tienen que ver directamente con su "obra". 

Todos son risas y diversión en el mundo del arte hasta que llegan las cuentas por pagar y el artista debe ocupar tiempo, esfuerzo y vida invirtiendo en trabajos que financien su trabajo, ese trabajo que el capitalismo incorpora incómodamente en un ambiguo rubro entre el entretenimiento y la educación, y que en México ha sido uno de los más castigados en cuanto a presupuesto asignado.