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Altruismo efectivo, o cuando los millonarios quieren salvar al mundo

Por: pijamasurf - 12/23/2015

El dinero parece ser la panacea para terminar con los problemas del mundo, ¿pero dónde invertir una suma obscena de dinero si queremos hacer un cambio real?

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¿El dinero puede remediar los problemas que el capital ha creado? La pregunta es capciosa, pero necesaria. Si todo lo que hiciera falta para aliviar el hambre, la pobreza y la enfermedad del mundo fuera dinero, y si contáramos ya con ese dinero, ¿por dónde empezaríamos a salvar al mundo?

Dustin Moskovitz, uno de los fundadores de Facebook, y su esposa, Cari Tuna, fundaron Good Ventures, que planea salvar al mundo invirtiendo la fortuna que les ha legado la red social, aproximadamente unos 8.3 mil millones de dólares. A decir de Tuna, "queremos echarlo todo a nuestra fundación antes de morir, e idealmente mucho antes de morir". Fue por eso que la pareja unió fuerzas con otras asociaciones para crear el Open Philantropy Project, un club de millonarios que buscan salvar al mundo.

¿Pero dónde poner los millones? ¿Acabar de un plumazo con el hambre de África? ¿O mejor enseñar a todos los niños del mundo a escribir? ¿Qué tal comenzar con algo pequeño, como campañas de prevención para evitar enfermedades sexualmente transmisibles? ¿Y si mejor se lo damos todo a un buen proyecto para curar el cáncer? 

El problema --o el área de oportunidad, en la jerga de emprendedores de nuestra época-- es que el dinero no soluciona nada por sí mismo, si no se sabe aprovechar. El desafío que enfrenta Open Phil y asociaciones afines como GiveWell es el de determinar con métodos empíricos y/o científicos qué causas caritativas benefician más al mundo, lo cual parece ser la tarea del filantrocapitalismo del presente. Y el filantrocapitalismo crea maravillosos titulares y conmovedoras historias, como la de Mark Zuckerberg anunciando que va a donar 99% de sus acciones, lo que origina una nueva forma de publicidad: la del "buen millonario" que, muy al estilo cristiano, se desprende de sus posesiones para poner el ejemplo.

La corriente de pensamiento que se va fraguando en estas pláticas de millonarios lleva el pegajoso nombre de "altruismo efectivo": implica retomar las bases del positivismo para llegar a aplicaciones viables y concretas del capital disponible para hacer el mayor "bien". La tarea parece conceptualizarse como asunto de sobrevivencia: se trata de hacer un cambio tan radical en el presente que sea capaz de aumentar las posibilidades de sobrevivencia de la especie a gran escala en el futuro. La pregunta es: ¿beneficiamos un poco a muchas organizaciones altruistas o lo invertimos todo en una sola? 

Según los miembros de Open Phil, el problema en otros tiempos ha sido que los filántropos eligen sus "causas" basados en preferencias personales o motivaciones subjetivas. Fundar un museo con el nombre de un familiar fallecido es una bonita forma de honrar la memoria, pero si el objetivo es contribuir a la supervivencia de la especie, tal vez existan gestos de desaprobación. La base del altruismo efectivo consiste en una notoria investigación: en este documento pueden leerse cuántos y cuán variados son los frentes donde la sobrevivencia humana está en juego, desde reformas laborales y penales que ayuden a que la gente viva mejor, hasta atacar directamente el calentamiento global, ese gran enemigo de nuestra época.

Enfrentarnos, al menos teóricamente, a los problemas del mundo asumiendo que tenemos los recursos intelectuales y materiales suficientes para hacer un cambio no es solamente un paliativo para que algunos millonarios se sientan mejor consigo mismos: más allá de sus esfuerzos, éxitos y fracasos, nos lleva también a pensar cuál es el rol de los Estados-nación en la resolución de problemas concretos y en la garantía de supervivencia de la especie humana. Parece que hemos entrado en una fase del capitalismo donde son precisamente los capitalistas los que pueden tomar las funciones del Estado bajo su tutela subjetiva y exclusiva... ¿pero qué haríamos si estuviéramos en su lugar?

Estas son las técnicas de la CIA para desprestigiar teorías de conspiración en los medios

Por: pijamasurf - 12/23/2015

La versión oficial de un hecho sólo puede volverse masiva gracias a los medios de comunicación. Estas técnicas fueron diseñadas en los años 60 para desestimar a los críticos sobre el asesinato de John F. Kennedy, pero se han vuelto práctica cotidiana
[caption id="attachment_103092" align="aligncenter" width="650"]Imagen: wakeupwiki.com Imagen: wakeupwiki.com[/caption]

El término "teoría de conspiración" tiene una interesante historia, que puede rastrearse hasta un memorándum publicado por la CIA en los años 60: el documento 1035-960 (publicado gracias a una petición de información del New York Times con respecto al reporte de la Comisión Warren, el polémico informe sobre el asesinato de John F. Kennedy) permite observar el nacimiento de una serie de técnicas empleadas por las agencias de gobierno y medios de comunicación para desacreditar sistemáticamente a sus críticos.

En este punto de la historia, un "teórico de la conspiración" es simplemente aquel que no ha sido convencido de la hipótesis del "tirador solitario" en el caso Kennedy, mucho antes de que la teoría de conspiración fuera una etiqueta aplicada a otro tipo de inconsistencias en el manejo de la información (especialmente la que involucra al gobierno en temas como vida extraterrestre o caídas en la bolsa de valores). La conspiración-en-sí, la madre de todas las conspiraciones, consiste en cualquier teoría que ligue al gobierno de Estados Unidos con el asesinato de JFK; de su carácter siempre inconcluso nace el apelativo "teoría" como término peyorativo, que resta seriedad a los críticos.

Las técnicas tienen la finalidad de "contrarrestar y desacreditar los alegatos de los teóricos de la conspiración, de manera que se inhiba la circulación de tales alegatos en otros países", y consisten en un básico y frontal juego de hipocresía legitimada institucionalmente, como acercarse a editores de periódicos y personas influyentes para recordarles la integridad de la Comisión Warren. También se detallan maneras de colocar argumentos que desprestigien a los críticos sugiriendo vínculos comunistas, algo así como el enemigo ideológico por excelencia a mediados del siglo XX (lo que serían los yihadistas hoy, tal vez.)

Según el investigador James F. Tracy, la CIA estaba infiltrada en más de 250 medios de comunicación durante los 60, y gastó miles de millones de dolares para hacer propaganda de la "versión oficial" (algo que nos recuerda el modus operandi de los gobiernos en general). El memorándum indica claramente cómo deben comportarse los agentes de contrainformación cuando estén en una discusión pública o privada respecto al asesinato de Kennedy: casi podemos escuchar el espíritu de estas frases alimentando a los medios oficiales respecto a temas incómodos para el gobierno:

  • Ninguna evidencia significativa ha aparecido que la Comisión [Warren] no haya considerado.
  • Los críticos a menudo exageran el valor de elementos particulares, ignorando otros.
  • Una conspiración de la escala a menudo sugerida, sería imposible de mantener oculta en Estados Unidos.
  • Los críticos siempre han padecido de una especie de orgullo intelectual: se les ocurre alguna idea y se enamoran de ella.
  • [Lee Harvey] Oswald no hubiera sido un candidato a co-conspirador adecuado para ninguna persona sensible.
  • Acusaciones tan vagas como que "más de 10 personas han muerto de manera misteriosa" [durante la investigación de la Comisión Warren] siempre pueden explicarse de forma natural, por ejemplo: los individuos involucrados han muerto sobre todo por causas naturales.

Hay que recordar que los medios de comunicación --salvo honrosas excepciones-- son negocios que tienen la premisa fundamental de mantenerse al aire. La relación de los gobiernos con los medios no siempre es transparente, al igual que la de los intelectuales formados en hábitos de pensamiento donde las premisas de la desacreditación de la disidencia (modeladas en gran parte por la CIA) han sido absorbidas y normalizadas dentro de contextos "objetivos" o de pretendida objetividad.