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4 mágicos mercados de medicina tradicional alrededor del mundo (FOTOS)

Por: pijamasurf - 10/06/2015

Los mercados son poderosos lugares de reunión de creencias e intereses económicos, que nutren las tradiciones locales a la vez que conforman una museística involuntaria de la evolución de las religiones y supersticiones de una comunidad

La magia, en tanto lenguaje tradicional y práctica colectiva, suele resistirse a los bárbaros procesos coloniales mezclándose con las nuevas ideas y creencias de los colonizadores: la supervivencia de imágenes y prácticas arquetípicas como venero de la medicina tradicional no es solamente un fragmento más de exotismo pop, sino una fuente de admiración para los viajeros y locales, que encuentran fuentes desconocidas de sentido en plenas ciudades.

El sitio Atlas Obscura suele destacarse por localizar sitios mágicos alrededor del mundo, muchas veces a la vista de todos, como esas puertas que vemos en los sueños, cuyos goznes están abiertos mientras nuestras mentes están cerradas a ellos. Aquí algunos de los paisajes mágicos de tres ciudades latinoamericanas y una africana: 

 

Mercado de Brujas, La Paz, Bolivia

Sitio donde las creencias incas se unen con la fe católica, el Mercado de Brujas es un hervidero cultural que toma en cuenta el conocimiento de los sanadores tradicionales kallawaya junto con una de las plantas más polémicas en el mundo, la hoja de coca, la cual sirve para aliviar dolores de cabeza y estómago, así como las náuseas. Aquí podemos encontrar aymaras que pueden guiarnos por el proceso de hacer ofrendas a los dioses para mejorar la prosperidad, además del ritual de enterrar fetos de llama disecada para atraer la buena fortuna a través de la Pachamama. Los sacrificios rituales de estos animales nativos de los Andes tampoco son infrecuentes en este lugar.

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Marché des Féticheurs, Lomé, Togo

El mercado de fetiches de Lomé, capital de Togo, es un repositorio de medicina tradicional proveniente de las fuentes del vudú, una de las religiones primarias de la región. Aquí se pueden encontrar "fetiches", usualmente fragmentos de animales tratados mediante rituales mágicos, desde perros hasta gorilas, elefantes y cuernos de todo tipo, así como pieles de la fauna local. Existen adivinadores que leen la fortuna en las conchas del cauri (un molusco), que sirven también para consultar la voluntad de los dioses y prescribir un tratamiento acorde para todo tipo de males físicos o metafísicos. 

 

 

Mercado de Sonora, Ciudad de México, México

En el corazón del DF se encuentra uno de los mercados más tradicionales para adquirir todo tipo de remedios y servicios mágicos. Sin contar con el preocupante mercado negro de animales en peligro de extinción como iguanas y aves tropicales, además de la fayuca (contrabando y piratería), el mercado de Sonora es un crisol de estatuas de procedencia indígena, nativo-americana y católica. La Santa Muerte está presente en todas partes, y los olores a inciensos, jabones y hierbas medicinales embriagan al paseante.  

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Mercado de Brujas, Lima, Perú

Aquí imperan los remedios basados en hoja de coca y reptiles tropicales, desde la grasa de serpiente para curar la artritis hasta los sapos disecados para combatir la anemia. Oculto cerca de la estación Gamarra, se llega al mercado siguiendo el rastro de vendedores de piel de pitón, conchas marinas, cactos y médicos brujos.

 

[Con información de Atlas Obscura]

Consejos de F. Scott Fitzgerald para jóvenes escritores

Por: pijamasurf - 10/06/2015

En una serie de cartas a su hija, F. Scott Fitzgerald comparte su visión de la escritura temprana como una expresión fundamentalmente emocional

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Muchos escritores reflexionan sobre su propio oficio. Para David Foster Wallace, la clave está en seguir divirtiéndose cuando se escribe. Para Henry Miller escribir es descubrir, y al igual que Murakami, apunta a la disciplina como vehículo fundamental para desarrollar las aptitudes necesarias. Susan Sontag entendió que la escritura era un ejercicio de autoexploración. Y, en este caso, para F. Scott Fitzgerald, el gran escritor de la “era del jazz”, la escritura parte principalmente de una necesidad emocional de expresión.

En una serie de cartas enviadas a su hija Frances, quien batallaba por hacerse escritora, Fitzgerald aconseja iniciarse extrayendo las experiencias más fuertes que se han tenido y extravasarlas a la página, más que encontrar giros estilísticos.

Debes vender tu corazón, tus reacciones más fuertes, no las pequeñas cosas que te tocan ligeramente, las pequeñas experiencias que dirías en la cena. Esto es especialmente cierto cuando empiezas a escribir, cuando aún no has desarrollado los trucos de las personas interesantes en las páginas, cuando no tienes las técnicas que tardan tiempo en aprenderse. Cuando, en pocas palabras, sólo tienes tus emociones que vender.

Esta es la experiencia de todos los escritores. Fue necesario para Dickens poner en Oliver Twist el resentimiento de su infancia siendo abusado y habiendo pasado hambre que tanto lo asedió. Las primeras historias de Ernest Hemingway en In Our Time fueron al fondo de todo lo que había conocido y sentido. En This Side of Paradise yo escribí sobre una relación amorosa que todavía sangraba, tan fresca como la herida en la piel de un hemofílico.

El amateur, viendo cómo el profesional, habiendo aprendido todo lo que tiene que aprender de la escritura, puede tomar cosas tan triviales como las reacciones superficiales de tres niñas sin carácter y convertirlas en astutas y encantadoras, piensa que puede hacer lo mismo. Pero el amateur sólo puede materializar su habilidad de transferir sus emociones a otra persona a través de un expediente radical y desesperado como arrancar tu primera historia trágica de amor y ponerla en las páginas para que las personas la vean.

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Fitzgerald era especialmente duro y sincero con su hija, sin regalar ningún falso elogio, acaso queriendo evitarle decepciones futuras, pero también intentando ayudarla con la verdad. La fuerza fundamental que creía necesaria para escribir provenía de las emociones, en una especie de gimnasia del corazón. Algo quizás un poco inesperado para un escritor que retrató el lujo y el manierismo de los “magníficos años 20”. Pero, en su obra, ciertamente corre esta veta subterráneamente a las fiestas y al glamour. Más allá del placer y las cosas bellas, está el trabajo duro.

Nadie nunca se convirtió en escritor sólo queriendo serlo. Si tienes algo que decir, lo que sea que sientas que nadie ha dicho antes, tienes que sentirlo tan desesperadamente en ti que encontrarás una forma de decirlo que nadie más ha encontrado antes, para que la cosa que tienes que decir y la forma en la que lo dices se fusionen en una sola materia –indisoluble, como si hubieran sido concebidas conjuntamente.

El matrimonio de forma y fondo, operado a través de la necesidad expresiva. El escritor se convierte en una especie de guerrero o soldado al servicio de sus propias emociones. Ya después podrá disfrutar de las mieles del lenguaje.