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Las intrincadas ilustraciones a pluma del gran Shohei Otomo (FOTOS)

Por: pijamasurf - 08/20/2015

Las ilustraciones de este artista combinan imaginarios de la cultura pop con tradiciones antiguas y presentan un comentario sagaz sobre la cultura japonesa actual

Shohei Otomo es uno de los nombres más importantes en la escena de ilustración independiente de Japón. Y eso ya es decir mucho. Sus ilustraciones combinan imaginarios de la cultura pop con tradiciones antiguas y presentan un comentario sagaz sobre la cultura japonesa actual.

Otomo trabaja predominantemente con bolígrafos, y sus imágenes exponen a Japón tanto en su versión comercial como en su más profunda oscuridad cultural. Y es tal la crudeza de su crítica a la decadencia de la sociedad nipona que sus dibujos se expondrán fuera del país, en Melbourne, Australia. Quizás sea precisamente el carácter ultrapulido, realista y político de sus gráficas lo que más trabajo le ha costado digerir a su tierra natal.

“Al exponer su trabajo en el extranjero, Otomo espera atraer una mirada externa que sacudirá a sus compatriotas del estupor”, señala la galería Blackwoods. “Si ello no sucede, siempre es bueno 'pintarle dedo' a su país desde lejos”.

¿La NSA ignoró información que pudo haber evitado los ataques del 9/11?

Por: pijamasurf - 08/20/2015

Filtraciones de la era Snowden permiten establecer que la NSA vigilaba a los perpetradores de los ataques del 9/11 y aunque tuvieron información suficiente para realizar una investigación de cerca, prefirieron no hacerlo

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La lógica de los eventos históricos escapa a la simple lógica cotidiana: es precisamente una brecha que se abre entre las certezas sobre las que basamos la vida social y una determinación que escapa a nuestra percepción de todos los días --sin embargo, su presencia es constante y, aun a pesar suyo, a veces deja rastros.

Según un artículo del periodista James Bamford publicado en Foreign Policy, la Agencia de Seguridad Nacional (NSA, por sus siglas en inglés) habría tenido enfrente todos los elementos para investigar a los pilotos responsables de los ataques del 9/11,  pero por ineptitud no lograron armar el rompecabezas. La alternativa a la teoría del (conveniente) error humano --y aquí entramos al terreno de la conspiración-- es que la NSA pudo haber impedido los ataques, pero decidieron no hacerlo.

James Bamford investigó la información aportada por los informantes y ex NSA Thomas Drake y Kirk Wiebe, donde se determina que la NSA tenía conocimiento de la localización de un número telefónico ubicado en Yemen, una base de operaciones clandestinas de Osama bin Laden, durante marzo de 2000, a la que los pilotos llamaban asiduamente.

UncleSamListensInEl ex director de la Agencia, Michael Hayden, ha dicho en numerosas entrevistas que "dificutades técnicas" les impidieron dar con la localización exacta, lo que ha sido desmentido por Wiebe, quien fungía como analista de información  de la NSA.

El argumento de Wiebe es que la NSA podría haber sabido la localización geográfica de la base en Yemen puesto que conocían el número telefónico, y las compañías telefónicas siempre conservan metadatos como este con fines de cobro. Ni siquiera se trata de un argumento político, sino meramente técnico: algo que se puede hacer pidiendo una orden a la Corte para entrar a la base de datos de la compañía y vigilar el domicilio que corresponde al número de teléfono.

Pero en lugar de esto, la NSA ignoró las llamadas que Nawaf al-Hazmi y Khalid al-Mihdhar hacían desde San Diego a Yemen.

Si la información se perdió en la intricada burocracia de la NSA, como cuestiona Bamford, no es solamente muestra de una disfunción e incompetencia total en una de las más poderosas agencias de inteligencia del mundo, sino que lleva a la suposición de que hubiera sido deliberadamente ignorada.

Lo cierto es que la negligencia bienintencionada o la negligencia de teoría de conspiración arrojan un escenario para nuestro presente al estilo de Minority Report. Desde los días del 9/11, la NSA y el proyecto PRISM han sido descritos por otras filtraciones de documentación secreta, lo que nos hace vivir con la suposición bien fundada de que todas nuestras interacciones vía Internet (e incluso fuera de la Red) dejan rastros sobre nosotros; la adjudicación de crímenes futuros sería, paradójicamente, una violación más a los derechos humanos, a pesar de que las agencias de inteligencia tienen todos los rastros de nuestra cotidianidad digital a su alcance.