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Esta es la fauna que vive en Chernóbil a 30 años del accidente nuclear (FOTOS)

Por: pijamasurf - 04/14/2016

Las ciudades abandonadas en torno a la planta de Chernóbil se han convertido en hábitat de diversas especies

El 26 de abril de 1986 tuvo lugar el mayor accidente nuclear jamás registrado (de hecho, el mayor accidente provocado por humanos en la Historia), cuando una falla humana en la planta nuclear de Chernóbil, hoy Ucrania, produjo una filtración de material radioactivo. Al menos 5% del reactor nuclear fue volcado en la atmósfera y en el viento, y su impacto pudo sentirse hasta Irlanda.

La falta de cultura de seguridad y el aislamiento de la Unión Soviética durante la Guerra Fría suelen ser señalados como la causa del desastre, el cual cobró la vida de decenas de personas en las semanas posteriores al accidente y provocó cientos de casos de cáncer en trabajadores y personal de rescate. Más de 350 mil individuos fueron evacuados de la noche a la mañana y no volvieron a sus hogares. Unos 5 millones de personas siguen viviendo en áreas contaminadas por radiación nuclear sobreviviendo de rebaños y, aunque parezca improbable, también del turismo. Chernóbil fue declarada zona turística en 2011.

Y es que a pesar de que pasarán cientos de años para que la zona quede libre de radiación, algunos animales habitan muy cerca de la planta nuclear sin aparentes consecuencias. Las ciudades abandonadas en torno a la planta de Chernóbil (cuyo sarcófago debe ser cambiado próximamente para evitar una nueva filtración de material radiactivo, si es que los conflictos entre Ucrania y Rusia lo permiten) se han convertido en hábitat de lobos, zorros, gatos, águilas, garzas, alces y todo tipo de aves y roedores, mostrando que la vida se abre paso a pesar de todo.

 

(Vía El País)

¿Qué ocurre en tu cerebro durante un ataque de pánico?

Por: pijamasurf - 04/14/2016

El cuadro de síntomas durante un ataque de pánico es detonado por dinámicas que ocurren en una región específica del cerebro

Hasta hace unos cuantos años el término "ataque de pánico" era bastante inusual y pocas veces lo escuchábamos referido en una conversación. De pronto, de la mano del estrés epidémico y la creciente ansiedad de las sociedades contemporáneas, esta condición pareció masificarse hasta tornarse algo bastante común. Sin embargo, su actual popularidad no matiza lo infernal de las sensaciones que la caracterizan.  

De acuerdo con el National Institute of Mental Health de Estados Unidos los ataques de pánico son episodios en los que se presentan altos grados de ansiedad o miedo, con síntomas como taquicardia, sudoración, dificultad para respirar o incluso asfixia. La sintomatología genera a su vez cuadros de angustia y confusión que sumergen a quien los padece en una tajante pesadilla. 

Científicos que se han dedicado a estudiar la naturaleza de los ataques de pánico han detectado el origen de este fenómeno. Según un artículo del New York Times, estos episodios se generan cuando los transmisores químicos del cerebro que se encargan de procesar las emociones no funcionan adecuadamente. De algún modo, durante el ataque de pánico tanto el sistema nervioso como el cerebro son los responsables de desatar los síntomas. Es decir, no se trata de un cuadro físico como tal, pero tampoco puramente mental, sino que se manifiesta en un plano neuronal. 

De acuerdo con un estudio realizado en la University of Central London, durante un ataque de pánico se acelera una región del cerebro en la que se procesan el miedo y el dolor. Y como advierte el autor de dicha investigación (por cierto, publicada en Scientific American), Dean Mobbs: "cuando nuestros mecanismos de defensa funcionan incorrectamente, esto puede provocar una exageración desmedida de la amenaza, lo cual provoca una gran ansiedad y, en casos extremos, pánico".

Tan sólo en EEUU se registran anualmente más de 6 millones de episodios de ataques de pánico. Por esta razón resulta importante familiarizarnos con la naturaleza de dicho fenómeno para, así, poder lidiar con él. A fin de cuentas se trata de un incentivo más para el autoconocimiento (como especie humana), con el fin de vivir mejor.