*

X

Secuela de un accidente nuclear: Namie, el Pueblo Fantasma de Japón (FOTOS)

Por: pijamasurf - 03/11/2013

A principios de marzo del 2011 sucedió en Japón el peor accidente nuclear desde Chernóbil. A causa de un Tsunami,  el sistema de enfriamiento de la Planta Nuclear de Fukushima Daiichi colapsó, y el gobierno Japonés se vio forzado a evacuar a más de 45 mil personas.

Para no olvidar la tragedia de hace dos años, el fotógrafo japonés Toshiya Watanabe regresó a Namie, su pueblo natal para tomar fotografías que reflejen los estragos que el terremoto, el tsunami y el  desastre nuclear tuvieron sobre su hogar.

El fotógrafo no estaba en Namie cuándo sucedió, pero recuerda bien lo que su familia le dijo al respecto y recuerda que su familia junto con otros, pasaron la noche después del terremoto en un gimnasio. La planta nuclear aún no causaba problemas, por lo que al amanecer, las personas empezaron a ayudar a aquellos cuyas casas habían sido afectadas por el Tsunami.

Fue hasta el 12 de Marzo que el gobierno anunció que todas las personas que habitaran a menos de 11 kilómetros de planta debían evacuar sus hogares. No habría tiempo de recoger o empacar absolutamente nada. Debían partir lo antes posible, y así lo hicieron los habitantes de Namie. La primera explosión ocurrió a las 3 de la tarde.

Watanabe explica que decidió regresar y fotografiar todo porque “no sabía si iba a poder regresar otra vez así que decidí fotografiar todo lo posible de mi pueblo natal. La primera vez que me dieron permiso de regresar fue el 21 de Julio. Después me dieron permiso de regresar en noviembre y abril, junio y septiembre del 2012. Acompañaba a mi madre a recoger cosas que ella necesitaba y yo fotografiaba los cambios o falta de ellos en mi pueblo. Nada más.”

El fotógrafo recuerda que la primera vez que regresó fue como llegar a un set de películas de ciencia ficción “No había nadie. Me maree un par de veces. Si cerraba los ojos podía solo se escuchaba el viento y los pájaros, era como estar en medio de un bosque.” A pesar de los niveles de radiación el artista planea acompañar a su madre cada vez que ella necesite ir, está permitido que vayan las veces que quieran siempre y cuando no pasen más de 5 horas a la vez ahí.

En cuanto a la reacción de Japón al accidente nuclear, Watanabe siente que tanto el gobierno como TEPCO (Tokyo Electric Power Company), no han sido honestos. Él cree que la gente en Japón tiende a confiar más en expertos en Alemania, Francia y Estados Unidos porque el gobierno no ha cumplido con las promesas que ha hecho y adicionalmente no les ha dicho realmente cuales son los riesgos a los que se atienen. “Ya empezamos a ver cómo está afectando a los niños, y nadie sabe exactamente lo que está sucediendo. Realmente no hay forma de saber quién dice la verdad, y simplemente no sabemos en quién podemos confiar.”

A pesar de que Watanabe cree que su trabajo “no busca enviarle un mensaje al gobierno o a alguien en particular” es indudable que lo hace. Mientras que él dice que al cerrar los ojos se siente como estar en un bosque, el silencio del pueblo que lo rodea  realmente representa los gritos silenciados de los recuerdos que habitan a Namie, ahora un pueblo fantasma.

Si desean ver más fotos del proyecto de Toshiya Watanabe visiten su página o, si tienen  la fortuna de estar en Tokio visiten su exposición  18 meses en la Galería POETIC SCAPE en Nakameguro.

[Vice]

Te podría interesar:

Cypherpunk: ¿la última oportunidad de mantener la privacidad online?

Por: Javier Raya - 03/11/2013

El activismo online vuelve al ataque para exigir un Internet libre y fuera del alcance de la curiosidad del Estado; pero podría toparse con una amenaza invencible: la indiferencia.

Primero como ficción, después como vigilancia de Estado: el cypherpunk surgió en juegos de texto y novelas escritas por noveles autores de ciencia ficción durante los últimos años de los 80 del siglo pasado, para alentar los sueños utópicos de los geeks y para abrir nuevas vías de control estatal sobre las actividades online de los ciudadanos. Hoy en día, el cypherpunk es una forma de activismo en línea que aboga por utilizar complicados sistemas criptográficos como medida para el cambio social.

Autores como Tim May o John Gilmore anticiparon que las comunicaciones en el futuro estarían bajo tal control central que veían en la encriptación la única manera de preservar la privacidad y el control de la información personal. Clásicos como Mondo 2000 How To Mutate and Take Over the World hicieron época en una generación de jóvenes obsesionados con las nuevas tecnologías y su implicación para la vida cotidiana. 

En "The Crypto Anarchist Manifesto" de Tim May de 1990 (escrito en un estilo similar al Manifiesto comunista de Marx y Engels) puede leerse: "Un espectro acecha el mundo moderno, el espectro de la crypto anarquía", declarando que las comunicaciones encriptadas y la anonimato en la web habrían de "alterar completamente la naturaleza de la regulación gubernamental, la habilidad de cobrar impuestos y controlar las interacciones económicas, la habilidad de mantener información en secreto". Bajo estas premisas nació una subcultura alimentada de ciencia ficción, matemáticas y anarquismo: el cypherpunk, una fraternidad utópica que deseaba conquistar el mundo manteniendo el control sobre su propia información, un derecho que va perdiendo legitimidad y vigencia con el tiempo.

Sin embargo, muchos de los entusiastas del cypherpunk terminaron trabajando en oficinas del gobierno de EU para crear nuevas formas de encriptar y desencriptar las comunicaciones de ciertas personas o grupos indeseables: luego de que en 1993 el gobierno de Clinton amenazara con criminalizar el uso de programas de encriptación de datos para uso privado (como el PGP, lo cual finalmente no ocurrió) vino el 9/11 y la sensación implantada de que mayores medidas de vigilancia y control estatal derivarían en mayor seguridad para la gente. 

El capitalismo, naturalmente, logró aprovecharse del nuevo estado de cosas en los albores del siglo XXI. Compañías como VasTECH en Sudáfrica o Amesys de Francia venden software listo para que un agente central indague cuanto quiera en la vida electrónica de cualquier persona. Aunque el precio de salida de este tipo de software ronda los $10 millones de dólares, el hecho de que programas como Zebra de VasTECH o Eagle (utilizado por Muamar Gadhafi en Libia) existan supone amenazas definitivas para el anonimato. Aunque existan alternativas como la navegación con proxys y sistemas como Tor brinden opciones para quienes gustan de la privacidad online, Julian Assange cree que estamos entrando en una distopía cypherpunk de tintes sumamente siniestros.

Julian Assange, Cypherpunks

Para el vocero y editor en jefe de WikiLeaks, en nuestros días vivimos "una distopía posmoderna de vigilancia, de la cual escapar será imposible, con excepción de los individuos más hábiles." En su nuevo libro Cypherpunks: Freedom and the Future of Internet, Assange defiende la idea de que "el universo confía en la encriptación. Es más sencillo encriptar información de desencriptarla", y para muestra basta pensar en el ADN, el código fuente de la vida. El llamado a que los ciudadanos y gobiernos mantengan la vida privada en secreto, sin embargo, se topa con una barrera importante: a nadie le importa.

¿Tienes fotos de tu familia en Facebook? ¿Temes darle like a páginas relacionadas con WikiLeaks o Anonymous? A nadie sorprendería que el gobierno esté enterado ya. Podemos pensar que si eres una "buena" persona y no tienes nada qué ocultar no te importará que la policía virtual eche una ojeada por tus mails... ¿o no? A pesar de ser usuarios sumamente capaces, los fundadores de The Pirate Bay en Suecia siguen enfrentándose a la vigilancia online, y si algún usuario se adentra un poco en la Deep Web y ve algo que no debe, la policía tocará a su puerta tarde o temprano. Una de las primeras victorias por un Internet libre se ganó en 1993 cuando el PGP y otros software para encriptar comunicaciones permanecieron legales, pero a pesar de ello nadie parece interesado en aprender a usarlos.

Tal vez la dolorosa verdad sea un fuerte golpe para el ego: nuestra información personal no es importante para nadie más que para nosotros mismos. Como decía Jean Baudrillard, los mayores controles del Estado son invisibles, constituyendo lo que llamaba el "crimen perfecto": los millones de dólares de las mayores corporaciones del mundo no se encuentran en una caja de seguridad, sino dando vueltas a los satélites de la Tierra como fondos e inversiones; la Guerra Fría nos enseñó que el miedo a las armas nucleares es suficiente para torcer la voluntad de los países. Del mismo modo, la simple amenaza de que el gobierno pueda rastrear tu actividad ilegal en la web (sin mencionar los esfuerzos de organización política potencialmente subversiva) debería ser suficiente para que el público se disuada de siquiera intentarlo o de aprender a utilizar programas de encriptación de datos en sus comunicaciones cotidianas.

Suponiendo que algún grado de privacidad fuera deseable, la gente no parece estar interesada en alternativas a la navegación tradicional: simplemente sería demasiado difícil utilizar servicios a los que ya estamos acostumbrados, como Skype o redes sociales. La pregunta que debemos mantener en mente es, ¿estamos dispuestos a permitir que iniciativas como SOPA o ACTA limiten el acceso a un Internet libre y que los gobiernos aprueben a nuestra costa medidas para vigilar nuestras actividades en línea? Conforme pase el tiempo estas cuestiones serán más y más urgentes.

[Con información de The Verge]

Twitter del autor: @javier_raya