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4 argumentos contra la monogamia

Por: pijamasurf - 06/23/2015

¿Por qué una práctica sexual y cultural tan relativamente reciente se volvió hegemónica respecto de nuestras decisiones de pareja?

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Como casi todo lo humano, las relaciones de pareja implican una tensión entre el instinto y el proceso civilizatorio, como fuerzas distintas que nos impulsan cada una a su propia dirección. La civilización modifica, e incluso puede decirse que reprime, aquello que la naturaleza manda.

Esa, en parte, es la situación con respecto a la monogamia. A diferencia de otras especies, la nuestra es una de las pocas que se impone mantener la elección de una pareja tanto tiempo como sea posible, incluso hasta la muerte, según reza la fórmula religiosa.

Sin embargo, ¿cómo podríamos sostener dicha práctica si sabemos de sobra que no existió siempre? Histórica y culturalmente es fácil encontrar momentos y sociedades en que la norma ha sido flexible con respecto a la idea de “pareja”, sea en un sentido sexual, de procreación o incluso emocional, según podría defenderse desde el punto de vista reciente del poliamor.

Después de todo, sí es posible argumentar en contra de la monogamia.

 

1. Va contra natura

Varias investigaciones aseguran que la monogamia va en contra de nuestra naturaleza como especie y los impulsos naturales de nuestro cuerpo, el cual se inclina por la promiscuidad y la multitud de parejas. En el caso de las mujeres, por ejemplo, esta investigación asegura que su propensión a ser más vocales que los hombres en el momento del orgasmo podría deberse a que en algún momento funcionó como llamado para que otros hombres se unieran al encuentro, un comportamiento a favor de su capacidad multiorgásmica.

En los hombres, por otro lado, además de que la forma del pene está diseñada para barrer con el esperma de otros, hay estudios que sostienen que la cantidad de esperma eyaculado con una pareja aumenta en proporción directa al tiempo que se deja pasar desde el último encuentro sexual.

En ambos casos, se trata de características evolutivas de las que se deduce que hombres y mujeres estamos diseñados naturalmente para tener más de una pareja, al menos en el ámbito sexual.

 

2. Nuestro pasado nos delata

Como decíamos al principio del artículo, la monogamia es una práctica relativamente reciente en la historia de la humanidad. Decir, por ejemplo, que hace 12 mil años la paternidad era compartida, es otra forma de decir que antaño no se otorgaba ese lugar de exclusividad a la pareja sexual ―lo cual comenzó a modificarse con el desarrollo de la agricultura y las ideas de acumulación y propiedad que se derivaron de ello.

 

3. El amor acaba

Quizá no precisamente el amor, pero sí la pasión. Como casi cualquiera lo sabe por experiencia propia, es frecuente que la pasión con que inicia una relación monogámica disminuya paulatinamente. Esto hasta cierto punto es normal, tanto, que basta teclear algunos cuantos términos de búsqueda al respecto para encontrar centenares de estudios que han investigado el fenómeno.

 

4. A nuestro cerebro le gusta la variedad

¿Has notado tu entusiasmo cuando te enfrentas a algo algo nuevo? Puede ser que aprendas un idioma que ignoras o que pruebes un platillo desconocido hasta ese momento, para tu cerebro es un poco lo mismo: un estímulo que lo entusiasma. Lo mismo le sucede con respecto al sexo: la dopamina que se libera es mayor en cantidad cuando se trata de un encuentro con una persona distinta a la habitual. Esta investigación, por ejemplo, muestra que las mujeres son las primeras en perder el sentido de novedad en el sexo con sus parejas.

 

También en Pijama Surf: Lo que los monógamos pueden aprender de los polígamos –y viceversa--

Presentamos a uno de los grandes maestros del tatuaje de Japón (FOTOS)

Por: pijamasurf - 06/23/2015

Horiyoshi III lleva más de 40 años tatuando y es parte de una tradición que lucha por sobrevivir en Japón
Horiyoshi III (the 3rd), expert Japanese tattooist, in his studio in Yokohama, Japan, on Saturday 10th September 2011.

Luego de más de 1 década en la que la moda del tatuaje se masificó, hoy existen millones de personas que han impreso con tinta su cuerpo. Celebraciones de eventos importantes, inicios o culminaciones amorosas, llamados místicos, caprichos estéticos, borracheras que literalmente quedaron en la memoria corpórea... los motivos son casi incontables. Sin embargo, el arte del tatuaje data de hace varios siglos, en algunos casos milenios, y en muchas culturas representa una práctica rigurosa que ostenta un rico bagaje simbólico e histórico.

Historia 

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Dentro de la historia gráfica de Japón, los tatuajes tienen indudablemente un lugar especial. Los primeros registros apuntan a la era paleolítica, mientras que en el período Edo (1603-1868) se desarrolló una técnica conocida como irezumi, la cual se caracteriza por cubrir por completo el tórax, un brazo o una pierna. Originalmente estas marcas se utilizaban como un castigo penitenciario y luego, durante el siglo XVIII, los tatuajes comenzaron a popularizarse en los distritos rojos cuando prostitutas, criminales y seres nocturnos imprimían su piel con motivos que aludían a textos históricos, ya fuesen místicos o filosóficos. Eventualmente esta práctica sería adoptada por la célebre mafia japonesa, los yakuza, quienes daban a los tatuajes un gran valor simbólico y distintivo.

Por sus distintos antecedentes los tatuajes en Japón fueron, y hasta cierto punto son, asociados al crimen o la mala vida. Incluso a comienzos del período Meiji (1868-1912) fueron prohibidos, con el afán de segregar a los tatuados del resto de la población. Al respecto, el tatuador tradicional Alex “Horikitsune” Reinke advierte en una entrevista para la BBC:

Mostrar tus tatuajes en Japón es una ofensa para los demás. Por ejemplo, no puedes mostrarlos en los onsen (baños públicos) porque la gente se va a sentir amenazada y ofendida porque durante mucho tiempo los tatuajes tradicionales japoneses eran utilizados exclusivamente por los yakuza.   

El maestro Horiyoshi III

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Este personaje ha dedicado su vida a tratar de mantener viva la tradición del tatuaje dentro de la cultura japonesa –una empresa difícil si consideramos los antecedentes culturales asociados a esta práctica–. Tras hacerse su primer tatuaje a los 12 años, a los 21 conocería a sus maestros Horiyoshi I y Horiyoshi II, quienes lo iniciarían en el arte del irezumi, le darían su propio "traje" de tinta y le permitirían utilizar su nombre para continuar con el linaje. Actualmente quedan menos de 100 maestros irezumi en Japón.  

Todo lo que dibujas debe proceder de los textos de historia. Este tipo de tatuaje es parte de una "cultura superhistórica", es un tipo especial de arte japonés histórico. Hoy la cultura japonesa está rota, la gente quiere tatuajes para verse peligrosos o cool pero carecen de sentido. Yo sigo haciendo esto para mantener viva la historia japonesa.  

El maestro Horiyoshi III sabe que tatuar es algo mucho más trascendental y relevante que una moda o una práctica estética. Está plenamente consciente que se trata de un arte con un gran peso histórico y que responde a una tradición ancestral, por lo tanto, preservarla es responsabilidad de los pocos maestros restantes. En este sentido, actualmente tiene dos aprendices activos, uno de ellos es extranjero (Alex Heinke). Y más allá de legar la privilegiada técnica que posee, Horiyoshi III busca transmitir la mística y la filosofía detrás de este arte. Ahí radica, en realidad, el entrenamiento.

En el caso de Reinke, que conoció a su hoy maestro en una convención de tatuadores en Boloña y quien lleva más de 16 años de entrenamiento, tatuar tiene implicaciones mucho más allá del cuerpo físico:

Cuando entrenamos aprendemos a separar el ego de la creatividad. Así, cuando trabajas no dibujas una ola o algo más, en realidad te estás transformando en esa ola. Todo el trabajo de Horiyoshi está basado en el zen; en una filosofía de la humildad.  

 

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