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¿Qué ocurre cuando una familia se alimenta solamente de comida orgánica? (ESTUDIO)

Ecosistemas

Por: pijamasurf - 05/06/2015

El antes y después de una familia sueca que se alimentó solamente de comida orgánica por 2 semanas

 

La comida orgánica se ha convertido en una industria gigantesca bajo el argumento de que muchos de los alimentos procesados que consumimos tienen elementos tóxicos para la salud. Sin embargo, muchas personas consideran que los beneficios de la comida orgánica son discutibles, o que los pesticidas que se consumen en las dietas procesadas no son realmente dañinos.  

Explotando esta zona gris de duda y fanatismo la compañía sueca Coop, que vende alimentos orgánicos, realizó este estudio con una familia que modificó su dieta durante 2 semanas. Los Palmberg, una familia que no comía alimentos orgánicos, midió primero sus niveles de 12 pesticidas seleccionados previamente y luego, después de 2 semanas comiendo comida orgánica, se realizó la misma medida. Aparentemente, los resultados mostraron rastros de 8 pesticidas comunes la primera semana en su sangre, mismos que habían desaparecido casi completamente después de modificar su dieta.

Evidentemente hay que tomar este estudio con un grano de sal, ya que aunque los exámenes supuestamente fueron conducidos por un laboratorio independiente, el estudio parece haber sido formulado a la medida para la compañía, claramente buscando encontrar ciertos resultados. Es difícil distinguir entre un análisis científico y publicidad o un anuncio velado. Asimismo, el estudio no muestra que estos pesticidas sean dañinos, sólo que están presentes. 

También en Pijama Surf: La fantasía de la comida orgánica (o cómo las corporaciones han copiado la industria sin que te des cuenta)

 

 

Increíbles imágenes de los trenes de metro que la ciudad de Nueva York arrojó al mar... para convertirlos en arrecifes

Ecosistemas

Por: pijamasurf - 05/06/2015

Parecería increíble que la ciudad de Nueva York ha arrojado más de 2 mil 500 trenes de metro al mar, pero hay una buen razón

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En primera instancia, cuando se escucha que la ciudad de Nueva York arroja trenes de metro al mar, uno piensa que se trata de una abominación ecológica, una falta conciencia inaudita. Sin embargo, esta medida muestra cómo saltar a una conclusión o formar un juicio de valor solo con base a la primera impresión suele ser engañoso.

El Departamento de Tránsito Metropolitano de Nueva York ha arrojado más de 2 mil 500 vagones de metro al Atlántico como parte de un proyecto de reciclaje de ecosistemas. Aunque el programa se suspendió en 2010, los resultados del mismo pueden apreciarse en la formación de un arrecife artificial, que es monitoreado por las autoridades neoyorkinas y de otros estados de la costa atlántica que también recibieron trenes de metro para esta empresa.

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El fotógrafo Stephen Mallon ha documentado este proceso desde que descubrió la existencia del programa de reciclaje en 2007. Sus imágenes muestran el extraño encuentro del mar con la urbe, de las algas con el metal.

Hay que resaltar que los viejos trenes no fueron depositados en el mar sin antes quitarles todos los materiales que podían ser reciclados y vendidos, como ruedas, asientos o poleas. Luego fueron limpiados y se les quitó material tóxico para que pudieran embonar con el ecosistema marino.

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Según las autoridades, los arrecifes de coral creados en los trenes de metro en diferentes zonas del océano Atlántico proveen hasta 400 veces más alimento para los peces por pie cuadrado de lo que generaba el fondo del océano en esa zona. Los peces no solo se sirven del banquete de algas, algunos utilizan las instalaciones para ocultarse de depredadores que de otra forma no podrían evitar.  

Dicho eso, esta siembra marina no está exenta de posibles complicaciones. Aunque por el momento todo parece ir bien y el programa es celebrado con amplia lisonja, algunas personas creen que los vagones podrían haber sido reciclados de mejor manera o que a largo plazo podría haber contrariedades ambientales, al crear un desequilibrio. Un ejemplo ecológicamente nefasto ocurrió en la década de los 70, cuando se intentó crear un ecosistema de coral cerca de Fort Lauderdale en Florida y un grupo de pescadores depositó en el océano Atlántico cientos de miles de llantas de automóviles. En ese caso, a las algas al parecer no les gustaron las llantas para formar un nuevo hábitat, y ahora el gobierno de Estados Unidos tiene que limpiar la costa y gastar millones de dólares.

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Fotos: Stephen Mallon