*

X
Francia aprueba una encomiable ley que obliga a los grandes negocios de ventas de alimentos a donar los productos alimenticios que no venden

1be0e8c8-e8c2-455e-a289-2d13523c4a89-540x324

En una medida que ha sido celebrada como una prueba de inteligencia y conciencia, los supermercados franceses no podrán tirar la comida excedente y deberán organizarse para donarla a caridades o para que sea utilizada para alimentar a animales. La Asamblea Nacional Francesa votó, de manera unánime, esta ley en contra del desperdicio de alimentos que caracteriza a las grandes corporaciones de venta de alimentos. Legisladores franceses remarcaron que esta ley es urgente, ya que existe una enorme y poco congruente brecha entre estos supermercados que ganan millones de euros y desperdician enormes cantidades de alimento y las personas que están desesperadamente hambrientas.

Los supermercados con una huella de más de 400 metros cuadrados deberán firmar contratos con organizaciones caritativas antes de julio del año que entra, o enfrentar fuertes penalizaciones. 

En los últimos años, cuenta The Guardian, la prensa francesa ha mostrado cómo familias pobres e indigentes logran sobrevivir tomando alimentos de la "basura" que generan estos supermercados. Pese a esto, muchas tiendas colocan blanqueador en los alimentos que tiran para evitar problemas de demandas por envenenamiento. 

Se calcula que, en Francia, la persona promedio tira alrededor de 20 a 30kg de comida al año; de estos, 7kg permanecen en sus paquetes.

La medida irá acompañada de un programa educativo sobre el desperdicio de alimentos en escuelas y negocios. Sería interesante que se implemente algún programa para que los ciudadanos también tengan los mecanismos y las motivaciones para no desperdiciar alimentos, más allá del reciclaje de basura. Evidentemente, el ejemplo francés merece ser replicado en otras partes del mundo.

 

Increíbles imágenes de los trenes de metro que la ciudad de Nueva York arrojó al mar... para convertirlos en arrecifes

Ecosistemas

Por: pijamasurf - 05/22/2015

Parecería increíble que la ciudad de Nueva York ha arrojado más de 2 mil 500 trenes de metro al mar, pero hay una buen razón

subway-coral-reef-05

En primera instancia, cuando se escucha que la ciudad de Nueva York arroja trenes de metro al mar, uno piensa que se trata de una abominación ecológica, una falta conciencia inaudita. Sin embargo, esta medida muestra cómo saltar a una conclusión o formar un juicio de valor solo con base a la primera impresión suele ser engañoso.

El Departamento de Tránsito Metropolitano de Nueva York ha arrojado más de 2 mil 500 vagones de metro al Atlántico como parte de un proyecto de reciclaje de ecosistemas. Aunque el programa se suspendió en 2010, los resultados del mismo pueden apreciarse en la formación de un arrecife artificial, que es monitoreado por las autoridades neoyorkinas y de otros estados de la costa atlántica que también recibieron trenes de metro para esta empresa.

150205165738-subway-cars-on-the-water-exlarge-169

El fotógrafo Stephen Mallon ha documentado este proceso desde que descubrió la existencia del programa de reciclaje en 2007. Sus imágenes muestran el extraño encuentro del mar con la urbe, de las algas con el metal.

Hay que resaltar que los viejos trenes no fueron depositados en el mar sin antes quitarles todos los materiales que podían ser reciclados y vendidos, como ruedas, asientos o poleas. Luego fueron limpiados y se les quitó material tóxico para que pudieran embonar con el ecosistema marino.

150227161601-subway-fish-2-exlarge-169

Según las autoridades, los arrecifes de coral creados en los trenes de metro en diferentes zonas del océano Atlántico proveen hasta 400 veces más alimento para los peces por pie cuadrado de lo que generaba el fondo del océano en esa zona. Los peces no solo se sirven del banquete de algas, algunos utilizan las instalaciones para ocultarse de depredadores que de otra forma no podrían evitar.  

Dicho eso, esta siembra marina no está exenta de posibles complicaciones. Aunque por el momento todo parece ir bien y el programa es celebrado con amplia lisonja, algunas personas creen que los vagones podrían haber sido reciclados de mejor manera o que a largo plazo podría haber contrariedades ambientales, al crear un desequilibrio. Un ejemplo ecológicamente nefasto ocurrió en la década de los 70, cuando se intentó crear un ecosistema de coral cerca de Fort Lauderdale en Florida y un grupo de pescadores depositó en el océano Atlántico cientos de miles de llantas de automóviles. En ese caso, a las algas al parecer no les gustaron las llantas para formar un nuevo hábitat, y ahora el gobierno de Estados Unidos tiene que limpiar la costa y gastar millones de dólares.

coral-reef

 

Fotos: Stephen Mallon