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La gran fantasía de la comida “orgánica” (el mejor negocio de las mega-corporaciones)

Las mismas mega-corporaciones de las cuales rehuyen los consumidores de productos orgánicos en realidad controlan esta multimillonaria industria y determinan que ingredientes son admitidos dentro de la todopodersosa etiqueta de “orgánico“

Por: Alejandro de Pourtales - 09/07/2012 a las 01:07:25

La etiqueta de “orgánico” en un producto, especialmente un alimento, se ha convertido en una fórmula mágica que nos hace sentirnos bien al tiempo que gastamos dinero extra para obtener un bienestar prometido. Sin embargo esta industria, la de la comida orgánica, al menos en su versión de supermercado, se ha convertido en una enorme fantasía cooptada por las grandes corporaciones de las cuales supuestamente huyen las personas que compran productos orgánicos.

En una lógica perversa el negocio parece ser redondo. Primero grandes corporaciones, del llamado Big Food, llenan los alimentos de aditivos, conservadores y demás “químicos” que contaminan la salud de los consumidores; se crea un movimiento de conciencia en torno a estos alimentos y se genera una industria que busca salvaguardar el bienestar del consumidor produciendo alimentos a la vieja usanza, manteniendo un estándar de calidad. Se populariza el término orgánico, un tanto difuso, para significar aquellos productos que no involucran métodos de producción moderna tipificados en el uso de pesticidas, fertilizantes químicos y modificación genética–en general que no dañan a los animales y al entorno en el que lo producen. Una especie de purismo ideológico que alimenta. Los químicos son los enemigos –aunque por supuesto todo organismo es químico naturalmente.

Buscar alimentarse sanamente y romper con la cadena alimenticia que controlan las grandes corporaciones, regresar a los pequeños productores y otorgarle ese valioso coeficiente, perdido en el proceso industrial, de hacer los alimentos con una intención de nutrir (“hecho con amor” es el slogán favorito), parece algo no solamente positivo sino incluso parte de la evolución humana. Sin embargo, ya sea por los invasivos y malignos tentáculos de las grandes corporaciones o por la ingenuidad del consumidor que lo que compra generalmente son ilusiones que satisfacen su producción de dopamina y reafirman cómodamente lo que quiere que sea la realidad, en muchos casos esta moda de alimentarnos de productos orgánicos no es más que un plácido y frívolo (aunque sea bienintencionado) autoengaño. Y ahora son las mismas compañías,  que producen  o producían alimentos casi venenosos, las que promueven los alimentos orgánicos, enarbolando un nuevo mito de comunión edénica a partir del poder inmaculado de la comida no alterada por los procesos industriales de la modernidad: un regreso a natura.

El New York Times publica un interesante artículo sobre la realidad detrás de la gran industria de los alimentos orgánicos, con un valor anual de hasta 30 mil millones de dólares en ese país. El hecho de que los consumidores estén dispuestos a pagar más dinero por un producto orgánico no ha pasado desapercibido para las grandes corporaciones de alimentos que, recurriendo a su varita mágica, el marketing, han logrado –sin que el consumidor lo perciba– tomar control del mercado e influir en cómo y en qué se etiqueta “orgánico”.

Muchas de los grandes nombres de los alimentos orgánicos han sido adquiridos por las grandes corporaciones de alimentos sin que esto llegue al conocimiento del consumidor. Bear Naked, Wholesome & Hearty y Kashi, pertenencen al gigante de los cereales Kellog; Naked Juice es parte de PepsiCo; y detrás de Walnut Acres, Healthy Valley y Spectrum Organics está Heinz, la marca de ketchup cuyo CEO participa en la reuniones Bilderberg. Esto no es todo, Coca-Cola, General Mills, Nestle, Kraft y otras megacorporaciones han “devorado la mayoría de la industria de la comida orgánica en Estados Unidos. Ingredientes puros, producidos localmente en pequeñas granjas familiares, no mucho, que digamos”, escribe Stephanie Storm en el New York Times. ¿Comprarías ese jugo de arándano orgánico si supieras que es producido a fin de cuentas por Coca-Cola? ¿Te sabría igual?

 

La junta directiva del National Organic Standards Board ha permitido el uso de ingredientes como el carragenano, un polisacárido derivado de las algas que incluso ha sido vinculado al cáncer, o del inositol sintético, que, como su nombre lo indica, se manufactura usando procesos químicos.

Michael J. Potter, fundador de la compañía pionera de alimentos orgánicos Eden Foods, se niega a poner la etiqueta de orgánico en sus productos, ya que la considera un “fraude”.

En la medida en la que las grandes corporaciones han empezado a dominar la junta directiva, que decide los estándares de los alimentos orgánicos, han crecido los ingredientes aprobados por dicha industria. Actualmente existen 250 sustancias “no-orgánica” en la lista; en el 2002 habían solo 77.

En diciembre se estuvo apunto de aprobar la utilización de amonio nonanoate, un herbicida –votaron a favor General Mills, Campvell’s Soup, Organic Valley, Whole Foods Market y Earthbound Farms (sólo falta que Monsanto coloque algunos de sus pesticidas en la lista o que sea admitido a la junta directiva y no sería del todo raro que tenga presencia en el mercado bajo una empresa fantasma).

Alexis Baden Mayer, director de la Asociación de Consumidores Orgánicos, advierte: “Entiendo que quedan muy pocas compañías 100% orgánicas. Pero ¿en realidad es necesario añadir a una compañía como General Mills que tiene tanto interés en promover la ingeniería genética, promover la nanotecnología y varias otras cosas que son la antítesis de los principios orgánicos para supuestamente garantizar la diversidad?”.

Así las cosas en Estados Unidos, pero seguramente también en muchas partes del mundo en las que se adopta el modelo comercial de este país. Especialmente en los grandes supermercados, donde a veces el mismo producto, sólo con la etiqueta mágica de “orgánico”, cuesta casi el doble. Si quieres comer “orgánico” lo mejor que puedes hacer es crecer tu propio alimento o comprarlo a personas conocidas que tengan huertos cerca de donde vives. Aunque claro que puedes seguir comprando comida orgánica en el supermercado y seguramente te sabrá mejor y hará mejor a la salud, bajo el efecto placebo –siempre y cuando esto le gane a la parte de tu cerebro que te dice que estás cayendo en un truco de marketing y acabas de desperdiciar tu dinero.  ¿Qué eliges? y ¿en realidad importa?

Twitter del autor: @alepholo

 


Comentarios

  1. Viktoria dice:

    Estoy de acuerdo en que lo orgánico ha sido cooptado por las grandes corporaciones tanto institucional como discursivamente… tmb en que se ha convertido en una ‘especie de purismo ideológico que alimenta’. Pero más que dirigir la crítica a un ‘efecto placebo’ (que no pienso que lo sea necesariamente) quizá tendría que dirigirse a la falsedad de lo orgánico en sí y de su sustento ideológico. Por ejemplo la cuestión de la semilla (es vdd lo que dice JP). Se puede hacer leche de soya, no le hechas pesticidas ni fertilizantes químicos pero la semilla está completamente alterada. Creo que ahí radica un problema y tambien en tanto que ubican publicitariamente lo orgánico como una compra consciente y que “eres mejor persona si lo consumes” He ahi con lo que se sustentan. Tmb creo que otro factor a considerar es que en países “desarrollados” no tienen mercados locales como nosotros en mex… Así que como todo, tiene que haber una crítica, una autocrítica y dudar hasta de lo obvio y no deshechar por deshechar.

  2. JP dice:

    Primero, si quieren tener algo orgánico de verdad, deben verificar que las semillas que planta el que te vende los alimentos o las que plantarás en tu huerta no sean semillas marca “Monsato” just sayin’…

  3. nika dice:

    Si se puede , tengo la oportunidad de comer organico , en el caso de los vegetales , hay un productor en san francisco que si te inscribes te los lleva a la puerta de tu casa dependiendo de lo que esta en temporada, no la compro de supermercados si no de farmers market. yo creo que Mexico tiene una capacidad muy grande para producir vegetales y carne organica , todo depende de que la gente se ponga las pilas :)

    • tomatito dice:

      Por supuesto que hay¡¡¡ Aqui en Ciudad de Mexico hay un mercado sobre ruedas, se llama Mecado el 100 y esta ubicado en la colonia Roma. Son productores locales que deben vivir a no mas de 100 millas a la redonda (de ahi el nombre). Son productos organicos, frescos como carne, huevo , leche, miel,cereales, pan, vegetales,fruta, productos de limpieza etc…Ademas de que al no haber intermediarios, los costos son mas bajos que en una eco-boutique. Asi que, paisanos capitalinos tienen una opcion mas si quieren comer alimentos libre de pesticidad y hormonas. Ayudemos a la economia local, pues son productores 100% mexicanos.

  4. TOM dice:

    Osea, digamos, supongamos, precognicionemos… mas allá de lo orgánico o no orgánico, deducimos que este informe podría llegar a ser nocivo debido a que derrumbaría la ilusión placebo de estar comiendo comida sana… o no?

    • Zacarias dice:

      Màs que derrumbar el efecto “placebo” de la comida orgánica ( o al menos con la etiqueta de orgànica)se estàn derrumbando las identidades construidas a partir del consumo “saludable”, ” progre”, ” comprometido” de lo “orgànico”. No importa, ya correràn al yoga, a algùn gadget de software libre, o a la ropa artesanal. No, importan. Ja

    • julio dice:

      Esta muy bien que se derrumbe esa idea placebo, es momento que las personas seamos consientes de lo que verdaderamente estamos consumiendo!! el que quiere comer orgánico que vaya pensando es hacer su propia huerta…

  5. Rohan dice:

    de plano mejor construir en la cuadra junto con los vecinos una huerta o un pedo asi. el pedo es que nos hemos hecho una bola de inutiles y flojos.

    tan facil como buscar la informacion en internet y ponerlo en practica

  6. Como bien apunta el final del artículo, un detalle esencial es el buscar productor lo más locales posibles, y si es posible, sin intermediarios, así además de tener menos impacto en el medio ambiente debido al transporte, se sale en la medida de lo posible del estúpido modelo de consumo al que estamos sometidos.



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