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¿Cómo sería un día laboral si todos fueran desnudos a la oficina? Esta revista lo hizo durante 1 mes (NSFW)

Por: pijamasurf - 04/09/2015

Un ensayo fotográfico que retrata algunas de las situaciones que se presentaron en una oficina de San Francisco en donde se implementó una política de trabajar desnudos durante 1 mes

 

Te guste o no, tus compañeros de trabajo son la gente con la que más tiempo pasas a lo largo del día: son los que comparten contigo la artificiosa cotidianidad de la oficina, y codifican junto a ti los rituales del trabajo en el siglo XXI. Pero el espacio de trabajo siempre ha sido un espacio de socialización, asociado también a una etiqueta.

La tendencia del home office ha trasladado la socialización del espacio de la oficina a las redes sociales y su fiesta de notificaciones a todas horas del día y de la noche. Aquí las experiencias se enfrentan: para algunos, trabajar en la comodidad de su casa es un sueño hecho realidad, pero para otros significa una dificultad extra para concentrarse al no poder separar el espacio doméstico del laboral. Unos y otros tienen algo en común: se sienten mejor en pijama o en ropa interior.

Es aquí cuando una valiente revista de San Francisco, Bold Italic, salió con la aparatosa idea de deshacerse de instaurar una política de nudismo casual en las oficinas, siguiendo los "Naked Fridays" de David Taylor, psicólogo organizacional que propuso seriamente la alternativa en 2009. "Al no ver beneficios en arruinar los restantes 4 días de la semana con ropas destroza-ánimos, decidimos tratar de trabajar desnudos durante todo el mes de marzo".

El resultado es un ensayo fotográfico que retrata algunas de las situaciones que se presentaron durante ese tiempo en la oficina. La primera hora al llegar al trabajo fue la más extraña, todos se veían los genitales y tenían regresiones al kinder y las elementales diferencias entre hombres y mujeres. Luego, todo se puso más relajado. Se dice que una mujer incluso tuvo pesadillas acerca de "estar de pie frente a toda la oficina mientras daba una presentación, ¡completamente vestida!".

Reflexiones sobre la relación entre arte, mercado y éxito

Por: pijamasurf - 04/09/2015

El romanticismo y el capitalismo nos han enseñado que los artistas deben ser una suerte de resentidos sociales y aceptar ser ignorados por la sociedad

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El arte y su relación con la economía ha sido una historia de ricos mecenazgos, de estéticas alquiladas y de vocaciones irredimibles: si en el Renacimiento Leonardo da Vinci debía congraciarse políticamente con sus empleadores en la corte de Ferrara, los artistas del Romanticismo debían sufrir el desprecio del público además de la miseria.

Charles Baudelaire, Camille Claudel, Vincent Van Gogh y Arthur Rimbaud, artistas “malditos”, son ejemplos de una vocación fuerte y de un desprecio absoluto por la sociedad, que a su vez les niega su aprobación y los condena a la miseria. Pero es preciso desmontar el mito del artista sufriente con un poco de lógica: si todos los individuos enojados con la sociedad, si todos los esquizofrénicos, si todos los hombres que dilapidan la herencia de su madre y todas las mujeres que son víctimas del rencor de otros artistas estuviesen llamados a ser grandes artistas, los hospitales psiquiátricos serían galerías de arte.

Y es que no importa si lo nuestro es escribir, bailar, pintar o cocinar: aquello que hacemos por placer, aquello que hacemos mejor que nadie, aquello, en fin, que haríamos gratis, son los ingredientes de nuestra vocación. Si hemos tenido valor para seguirla a donde nos lleve, nuestra vida resiste cualquier obstáculo porque nuestra intención está bien puesta: el trabajo, para nosotros, es una fuente de gozo, y el dinero es una herramienta, no un fin en sí mismo.

He aquí algunos prejuicios frecuentes del artista fracasado y algunas sugerencias para reformularlos y cambiar nuestra actitud:

Mito: Si pudiera hacer dinero con mi arte, la gente diría que me he vendido

El dinero es una herramienta, no es un parámetro para medir tu talento ni para premiarlo. Vivir de lo que haces es una gran motivación para seguir haciéndolo. Si tu intención está bien encaminada, la opinión de la gente toma su verdadera proporción: aprendes a agradecer todos los comentarios y a seguir trabajando en lo que haces.

Mito: El buen arte se vende a sí mismo. No quiero caer en la autopromoción

La dura realidad no es que los artistas se mueran de hambre, sino que se convencen de que ser artista es estar en huelga de hambre frente a la sociedad. Querer cambiar al mundo y a la sociedad puede ser muy difícil, pero podemos cambiar nuestro enfoque individual con respecto al mundo: en lugar de verlo como algo hostil que obstaculiza nuestro talento, podemos compartir nuestro trabajo con felicidad, porque en cierto sentido, una vez realizada la pieza, el poema, el cuadro o la canción, esa obra pertenece al mundo: debemos dejarla ir y que circule. Es nuestro trabajo.

Mito: La única manera de vivir del arte es a través de las mafias literarias / cuaratoriales / teatrales, etc.

Otra estrategia muy común del artista es la victimización: se convence a sí mismo de que trabajar en su arte y ganar dinero haciéndolo resulta indigno, y que quienes lo hacen se rebajan. En su mente, lo mejor que se puede hacer es trabajar en la soledad de su torre de marfil y dar la espalda al mundo… mientras espera a que el “éxito” llame a la puerta. La realidad es que pasar la vida sentados, esperando que algo pase, suena como algo muy poco estimulante para el temperamento del artista o de la gente creativa. No existe una forma única de tener una carrera artística fecunda creativamente y económicamente justa: el ensayo y error es mejor que nada.

Mito: El dinero pudre la creación. Tener poco dinero y sufrir mucho me hará un mejor artista

Nuestra sociedad le da tal importancia al dinero que en lugar de verlo como algo que podemos utilizar para mejorar nuestra vida y la de otros, nos hemos convencido de que el dinero es la medida de todas las cosas.

Tu talento, tu vocación y la pasión que pongas en cualquier actividad que hagas son parámetros de medición mucho más precisos para saber –mediante un ejercicio de autocrítica— si nuestro trabajo es bueno o si estamos estancados en ideas castradoras sobre él.

Lo que nos demuestra la historia del arte es que, en realidad, el dinero importa muy poco para un artista, no importa si tiene mucho dinero o poco. Jean Genet fue un genio porque dedicó largas horas de su vida a su escritura, no porque fuera un ladrón; André Gide fue un genio porque dedicó largas horas de su vida a su escritura, no porque su familia fuese una de las más ricas y aristocráticas de París.