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Por si hacen falta: 4 razones por las que estar sin ropa te hace bien (NSFW)

Por: pijamasurf - 04/24/2015

La desnudez casual puede mejorar la seguridad en uno mismo, además de tener algunos beneficios extra para la salud

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En un grupo de amigos es fácil identificar a aquellos/as que se sienten más cómodos sin ropa: son los que usan zapatos fáciles de quitar, los primeros en entrar al agua en la playa, los que se mueven con la confianza de actores o actrices en un camerino, poniendo y removiendo piezas de vestuario, y dejando que todo se ventile mientras tanto. Pero no toda la gente tiene tanta confianza al exponerse a su propio cuerpo.

Sugerir razones científicas o de salud para estar desnudo puede parecer un argumento forzado. Después de todo no estamos en la Edad Media, donde llegó a considerarse pecado incluso estar desnudo frente a sí mismo durante el baño, por lo que se utilizaba una gasa de tela en forma de camisón para hombres y mujeres (una suerte de "velo de pureza", púdico velo corrido sobre los desnudos de la Capilla Sixtina de Miguel Ángel, por ejemplo). Sin embargo, existen algunas razones de sentido común para hacerlo.

Duermes mejor sin ropa

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Durante la noche nos ponemos ropa y nos la quitamos, mientras realizamos un ballet dentro de las cobijas para encontrar la temperatura perfecta para dormir... antes de que nos dé calor o frío. Es cierto que existen aquellos que pueden dormir de un tirón, pero aunque no lo recuerdes al día siguiente, te levantas varias veces en la noche, justo después de terminar un ciclo de sueño profundo. 

Dormir sin ropa tiene el beneficio añadido de permitir que la temperatura de tu cuerpo se estabilice a sí misma. Dormir mejor te hace tener mejor digestión, mejor memoria y disminuye el riesgo de diabetes.

Un asunto de ventilación

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¿Te imaginas lo que pasaría con tus pies si no te cambias los calcetines en una semana? Ahora imagina lo mismo si no "ventilas" tu área genital. Esto es especialmente cierto con las chicas: dormir sin ropa permite que la vagina "respire", en vez de permanecer atrapada en telas probablemente sintéticas.

El exceso de humedad puede producir infecciones provocadas por bacterias, por lo que al dormir desnudas ayudan a mantener en equilibrio la flora vaginal.

Es bueno para tu vida sexual (duh!)

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La razón por la que dormir desnudo se siente bien es porque la vulnerabilidad y seguridad de ese estado que es bueno a solas, aumenta cuando se produce en pareja. El contacto piel con piel promueve una descarga natural de oxitocina, la "hormona del amor", que tiene la ventaja de producir excitación sexual.

Pero estar desnudos durante el sexo, paradójicamente, es lo que provoca mucha ansiedad y aprensión a las personas inseguras de sí mismas, lo que puede tener un impacto en su satisfacción sexual. Apagar las luces es un truco usual, pero la idea es que estar desnudos produzca más seguridad que vulnerabilidad o autocrítica. Lo que nos lleva al último punto.

Desnudarse brinda una sensación de poder

No importa si permites que otros te vean sin ropa: el mero hecho de estar desnudo brinda cierta sensación de poder y seguridad que puede ser muy estimulante. El hecho de que vivamos en la época de las selfies sólo refuerza este punto: enfrentarse a la propia imagen puede ser liberador en muchos casos, especialmente si la desnudez no está "sexualizada", o cuando no se realiza en un contexto sexual (eso es parte del éxito de la serie Girls, de Lena Dunham).

En un momento en que los índices de satisfacción con el propio cuerpo se desploman y en que las cirugías estéticas para uno y otro sexo van al alza, la desnudez casual adquiere un matiz de aceptación y amor propio. Paradójicamente, estar desnudo puede ser una forma de indicar que no se tiene disponibilidad social o sexual en ese momento: que se desea estar a solas, simplemente disfrutando de la propia presencia.

Una sesión de mescalina con Jimi Hendrix (AUDIOS)

Por: pijamasurf - 04/24/2015

En 1970 Jimi Hendrix y la banda Love protoganizaron una sesión legendaria en Londres gracias, en parte, al estímulo de la mescalina
[caption id="attachment_94451" align="aligncenter" width="465"]lee_hendrix Arthur Lee y Jimi Hendrix, 1969[/caption]

Las sustancias psicoactivas tienen un expediente notable dentro de las disciplinas creativas y artísticas, relación que, en el caso de la música, tuvo uno de sus momentos más fértiles en las décadas de los 60 y los 70, cuando el apogeo del rock coincidió con el desarrollo o redescubrimiento de drogas como el LSD y la mescalina, una relación quizá no del todo casual si se toma en cuenta la capacidad de los psicoactivos para expandir la consciencia y en ocasiones, también los límites de la creatividad.

A esa época pertenece una sesión que el mítico Jimi Hendrix tuvo en los Estudios Olímpicos de Londres el Día de San Patricio de 1970, junto con la banda Love, encabezada por Arthur Lee, de donde resultaron algunas grabaciones de canciones de Love intervenidas no sólo por Hendrix, sino también por la mescalina que todos habían comido poco antes de comenzar a tocar.

Según cuenta Lee, la sesión sería privada, pero de pronto el lugar comenzó a llenarse de gente desconocida. Lee dijo a Hendrix que estarían poco tiempo ahí, así que era mejor si comenzaban a hacer algo juntos. Hendrix recordó entonces una canción de Lee que antes habían aprendido juntos: “Ride That Vibration”, la cual fue como la palabra mágica para que banda y público comenzaran a sentir el viaje en el que se encontraban. A esta siguió “E-Z Rider” (en la que Hendrix cantó), “The Everlasting First” y algunas otras.

La sesión terminó muy a pesar de Hendrix, a quien Lee recuerda con el deseo de seguir tocando aunque el día siguiente estaba por amanecer. Cuando salieron del edificio, Hendrix preguntó a Lee a dónde iba; este respondió que tenía que volver a Los Ángeles, con su mujer, su perro y sus pichones. “Ven, quiero mostrarte algo”, respondió Hendrix, y llevó a su amigo de vuelta al estudio:

Señaló el estuche de su guitarra en el piso. Después lo abrió. Pensé que tendría un stash ahí, pero cuando se levantó lo señaló de nuevo y dijo: “Eso es todo lo que tengo”. Al principio no entendí, pero después reaccioné. Estaba diciéndome que la guitarra Stratocaster blanca en el estuche era su única posesión. Me sentí un poco triste por él.

Uno de los argumentos en contra del consumo de drogas es que estas alteran nuestro estado de percepción habitual y de alguna manera nos hacen ver lo que no está ahí, un estímulo que peyorativamente se califica como “artificial” porque nos conduce a paraísos inexistentes. ¿Pero qué es la realidad, después de todo? ¿Es posible trazar claramente la frontera entre lo artificial y lo que no lo es? ¿Cuál es la diferencia entre el estímulo que da a nuestra conciencia el amor o mirar un atardecer y, como Hendrix, llevar un poco de mescalina a nuestro cuerpo?

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