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Este multifacético noruego consuma una entrega musical que destaca por su simpleza y su fina hechura

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Luego de haber inaugurado una vigorosa carrera musical en 2000, y tras 7 años de permanecer en silencio, Kim Hiorthoy vuelve con un inspirador LP. Dominado por un espíritu minimalista y lúdico, acorde a la actitud que este diseñador y músico noruego ha mostrado a lo largo de su trayectoria, Dogs podría fácilmente ser no sólo uno de los mejores álbumes de 2014; también, el mejor disco que haya logrado hasta ahora.

La sencillez de su obra contrasta con la mutabilidad de su talento; recordemos que él realmente comenzó como diseñador gráfico, y luego, además de incursionar brillantemente en la música, también ha realizado experimentos visuales, fotografiado documentales y compuesto piezas de danza contemporánea.

Al ser cuestionado en una entrevista sobre con cuál de todas estas "etiquetas" se define, Hiorthoy simplemente responde:

Trato de no hacerlo (definirme). En parte porque soy un cobarde, pero también porque el no llamarme de ninguna forma me facilita hacer múltiples cosas.

Unknown

Producido por Smalltown Supersound (Prins Thomas, Lindstrom, etc.), Dogs consiste en 11 tracks regidos por un piano que conforme avanza va sellando coquetos encuentros con sonidos complementarios, breves beats, samples y esporádicas apariciones de un sintetizador. Los humores y ambientes que este álbum detona, si bien tienden sutilmente hacia la melancolía, en realidad destacan por su amable ligereza.

Este disco, que apela a uno de los espectros más afables del ambient, se autopostula como un resplandeciente vehículo para navegar las tardes otoñales y como un recordatorio de que, tal vez, la máxima elegancia privilegia la sencillez. 

Lee aquí una breve semblanza de Hiorthoy.

Twitter del autor: @ParadoxeParadis

 

¿El Big Pharma utilizará remedios tradicionales de brujas medievales?

Por: pijamasurf - 11/02/2014

La cacería de brujas es la historia del analfabetismo de género, pero en la evolución de la medicina, los remedios de la herbolaria mística siguen pareciendo increíblemente avanzados con respecto a la medicina occidental
[caption id="attachment_86470" align="aligncenter" width="551"]"Champion des dames", manuscrito del siglo XV, Francia Champion des dames, manuscrito del siglo XV, Francia[/caption]

Double, double toil and trouble;
Fire burn, and cauldron bubble.

Shakespeare, Macbeth

La bruja en tanto arquetipo de la capacidad para convertir el veneno en antídoto se pierde en la noche de los tiempos, pero su vigencia es más actual que nunca. Y si en los tiempos de Shakespeare la brujería era penalizada duramente (cuyas secuelas simbólicas son abrazadas o desdeñadas por miles de mujeres adscritas a o no a múltiples feminismos), lo cierto es que la ciencia moderna está considerando lecciones de la medicina popular. Es un acto de justicia con la historia de la medicina.

Plantas como la cicuta, belladona, beleño o mandrágora parecen crecer directamente de los cuentos de hadas, pero fueron redescubiertas por investigadores y botanistas que analizaban los milagrosos poderes de las pociones realizadas por las brujas. En altas dosis, todas estas plantas son venenos poderosos, pero aislando sus componentes se pueden obtener anestésicos, analgésicos y todo tipo de remedios curativos.

La leyenda popular de que la escoba voladora era en realidad un dildo colosal no es del todo incorrecta. La escoba servía como aplicador para la zona genital, cuya mucosidad permite absorber ciertos químicos sin involucrar al estómago (y por tanto, correr el riesgo de envenenamiento). De la burundanga se extrae la poderosa escopolamina, un alcaloide que en dosis adecuadas es utilizado como tratamiento común contra la cinetosis, además de disminuir las náuseas y el dolor de estómago; pero en dosis altas produce alucinación y estados disociados que pudieron sugerirles a las brujas la ilusión del vuelo.

Con la regulación de la medicina europea a partir del siglo XIII, las mujeres quedaron fuera de las aulas, con un gran bagaje de conocimientos naturales para tratar las afecciones más comúnes, más familiares, mientras la medicina trataba de desligarse de la magia y acercarse a la ciencia.

La corteza de sauce fue utilizada por las brujas europeas para tratar la inflamación. Pero no fue hasta que la ciencia llegó a dicha corteza, muchos años después y por accidente, que fue capaz de sintetizar la salicina para el dolor de cabeza, a través de su nombre comercial, Aspirina.

La medicina popular China proporcionó la efedrina para tratar el asma, y el baúl de tesoros de la medicina africana y latinoamericana aún está por ser descubierto, en un momento histórico donde el Ébola amenaza con mermar la capacidad de respuesta de los Big Pharma. Si los quechua del Perú llegaron a la maravillosa quinina --que, entre otras cosas, ayuda en el tratamiento de la malaria--, ¿no es tiempo de considerar que los imperativos de los grandes laboratorios obedecen a fines económicos, en lugar de medicinales?

Imagen: smithsonianmag.com