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¿Quién es Pantha du Prince y por qué es uno de los mejores músicos de la escena electrónica?

Por: Javier Barros Del Villar - 10/05/2014

Tras sumergirte unos momentos en la música de este alemán difícilmente dudarás que está entre lo mejor de la última década electrónica

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Entre las miles de propuestas que emergen cada año en la escena de la música electrónica pareciera que el ser capaz de invocar una identidad propia, y desmarcarte de la inabarcable miríada, es algo poco viable. Sin embargo, de manera casi inevitable, de pronto surgen en medio de la selva sonora proyectos que por su calidad y originalidad terminan destacando. Y precisamente este es el caso del alemán Hendrik Weber a.k.a. Pantha du Prince.     

Criado en los bosques de Hesse, al centro de Alemania, en una familia profundamente musical, Weber vivió no sólo rodeado de los sonidos que emanaban del piano de su madre o de los coros de su padre; también tuvo el privilegio de contemplar los sonidos de la naturaleza y de disfrutar el silencio. Y al menos pareciera que estos antecedentes terminarían jugando un rol fundamental al momento en que decidió incursionar profesionalmente en la música.

Sus 3 primeros LPs

Si bien su carrera comenzó con una estratégica exploración de los límites más duros del house, pronto migraría ese mismo espíritu al plano del minimal techno y estrenaría su primer LP, Diamond Daze (2004). Incluyendo tracks notables como "Suzan" y "Schneeflieder", Pantha empezaría a pagar con creces su derecho de piso en la escena electrónica.

Luego de tres años recluido en su estudio o conjugando exploraciones con sus proyectos alternos, el alemán regresaría con The Bliss (2007), uno de los mejores álbumes de esa década y el cual le valdría la consagración de su propia firma estilística. En esta ocasión se trató de un refinado despliegue de "celestialidad" technominimal, confirmando a un creador talentoso y desinhibido, dispuesto a postularse como una de las mentes más sensibles de su generación. En pocas palabras ese año nos encontramos con un disco integral, electrizante, una intransigente cortesía sonora que difícilmente olvidaremos. 

En 2010, con el estreno de su tercer álbum como Pantha du Prince, Black Noise, demostró que entre otras virtudes tenía la capacidad de la "continuación re-inventiva", un valioso oxímoron que acompaña a pocos artistas. Aquí me refiero al arte de renovarte cíclicamente pero sin debilitar la identidad creativa que hasta ese momento te has forjado. Con este álbum, la lúcida agilidad que había demostrado previamente es propulsada a otro nivel, un amplio paisaje de recursos sonoros que combinaba field recordings, percusiones experimentales y secuencias ligeramente caóticas. Black Noise, que tuvo como invitados a Noah Lennox (Animal Collective) y a Tyler Pope (LCD Soundsystem), es una especie de tributo que Webber hace al espectro arpado, a la esencia del sonido. 

Entre campanas y epifanías: Elements of Light

Aún no terminábamos de recibir el 2013 cuando en los albores de ese año se estrenó Elements of Light, soberbia colaboración entre Pantha du Prince y el ensamble noruego de campanas The Bell Laboratory. En pocas palabras se trata de un alquímico engranaje auditivo que terminaría por seducir a miles de personas, siendo para muchas de ellas la primera vez que se encontraban con el trabajo de este músico. Cobijada por un carillón (instrumento que consiste en decenas de campanas de bronce, jerárquicamente organizadas y controladas desde un teclado), la orquestal simbiosis entre Pantha y TBL, que se materializó en este álbum, nuevamente se inscribiría entre los discos mejor logrados en lo que va de la década. 

Por qué es uno de los más refinados exponentes de la electrónica actual

Un rasgo notable de la música que produce Pantha du Prince es que lo mismo funciona para sumergirte en un dancefloor que para tratar de descodificar los posibles mensajes ocultos inscritos sobre la pared de tu habitación (algo así como techno contemplativo) o, por qué no, ambientar una sesión cartográfica con la chica de tus sueños, analizando mapas antiguos en la comodidad de un sillón. Y tal vez esta especie de poligamia "sensosonora", esta maleabilidad que lo mismo invita al desdoblamiento corpóreo que a la introspección, es uno de los aspectos más intrigantes, y deleitables, de su trabajo.   

Otra de las bondades que justifican el incluirlo entre lo más selecto de la escena electrónica es su consistencia. Durante 10 años, desde su estreno con Diamond Daze, la discografía de Pantha du Prince ha mantenido un loable nivel, lo cual descarta que ocupe un lugar privilegiado dentro de la fortuna musical y en cambio refiere a un proceso evolutivo, tanto personal como artístico, que queda impreso en cada uno de sus cuatro LPs. 

Finalmente podríamos hablar de una deliciosa conjunción entre educación musical, ánimo experimental y misticismo pro naturalista, que desembocan en un discurso sonoro elegante y propositivo. 

Twitter del autor: @ParadoxeParadis

 

Este adolescente tiene más de 200 mil cucarachas en su cuarto (como mascotas)

Por: pijamasurf - 10/05/2014

La pasión por los insectos (sin importar que sean mariposas o cucarachas) es indicio de un carácter aristotélico, fascinado por las categorías, como los de Charles Darwin o Vladimir Nabokov

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Kyle Kandilian, estudiante de 20 años radicado en Dearborn, Michigan, podría ser el héroe y villano de su propio cómic: además del placer entomológico que siente al coleccionar cucarachas, su pasión se convirtió desde hace varios años en una improbable fuente de ingresos que le ha permitido pagar sus deudas universitarias (si bien, a costa de la salud mental de su madre.)

Y es que este joven comenzó a criar cucarachas luego de una exposición donde pudo interactuar con algunas cucarachas de Madagascar. Esta pasión desatada lo llevó a acondicionar su habitación para dar lugar a 200 mil individuos de 130 variedades distintas de cucarachas, así como a predicar con el ejemplo sobre las buenas relaciones entre humanos e insectos. Algunas especies, como la cucaracha rinoceronte, pueden tener un precio de 150-200 dólares en el mercado (¡en la era del hipermercado, sí, hay gente que compra cucarachas!).

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La fobia a las cucarachas podría tener incluso un antecedente genético, pero la vocación de Kyle también es aprender a domesticar este miedo a través de la educación: sólo una docena de las 4 mil especies conocidas de cucarachas puede considerarse una peste.

Tal vez el resto de estas especies pueda enseñar a los humanos algo acerca de las claves de supervivencia en la Tierra. Por lo pronto, Kyle las cría para venderlas como alimento a criadores de lagartos, y las trampas que pudo crear para "domesticarlas" o mantenerlas dentro de su cuarto (de lo contrario, su madre lo obligaría a deshacerse de su colección de mascotas) lo vuelven un joven experto en el manejo de bichos; una curiosa inversión alquímica, sin duda, donde el miedo se transforma en fuente de gozo, al igual que el veneno contiene en sí la esencia de la medicina.